Hacerle espacio al alma: el reencuentro humano en la era de la IA

Por: Alejandra Mustakis, empresaria

La resiliencia, la curiosidad y la empatía son hoy el capital más buscado por las empresas. No importa la edad que tengas ni cuántos títulos sumes; el mundo hoy necesita personas que sepan escuchar, que sepan cuidar al otro y que no pierdan la capacidad de asombrarse.

Venimos de una era donde muchas veces se valoró funcionar como máquinas: cumplir horarios rígidos, repetir tareas sin sentido y, muchas veces, dejar el corazón apagado para poder producir. Pero hoy, los datos sugieren que esa etapa de “humanos-robot” podría estar llegando a su fin.

El informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial revela que, para 2030, las tareas realizadas exclusivamente por personas bajarán al 33%. Lejos de ser una noticia fría o excluyente, prefiero verla como una gran liberación. La inteligencia artificial no viene a quitarnos el lugar, viene a «jubilarnos» de lo aburrido y lo mecánico para devolvernos la posibilidad de ser, simplemente, humanos. Nos está regalando el tiempo para volver a lo esencial: la creatividad, el afecto y la intuición.

Sé que hablar de «reinventarse» puede sonar angustiante, especialmente para quienes sienten que el ritmo del mundo va más rápido que sus pasos. El reporte advierte que el 39% de las habilidades que usamos hoy cambiarán en apenas cinco años. Pero aquí está la clave: las capacidades que más están creciendo en valor no son las tecnológicas complejas, sino las que todos llevamos dentro desde que nacemos. La resiliencia, la curiosidad y la empatía son hoy el capital más buscado por las empresas. No importa la edad que tengas ni cuántos títulos sumes; el mundo hoy necesita personas que sepan escuchar, que sepan cuidar al otro y que no pierdan la capacidad de asombrarse.

Lo que más me conmueve es que, por primera vez, el bienestar y la salud de las personas son la prioridad número uno para atraer talento a nivel global. ¡Ya era hora! Estamos entendiendo que ninguna economía se sostiene si las personas no están bien. Las empresas están dejando de ser frías estructuras de poder para convertirse en comunidades que necesitan alma. En este nuevo tablero, la experiencia de los que llevan años caminando y la chispa de los que recién empiezan son igual de necesarias para construir soluciones con sentido.

El reporte del WEF dice que 59 de cada 100 trabajadores necesitamos aprender algo nuevo pronto. Yo creo que ese aprendizaje no es sólo técnico; es un entrenamiento en humanidad. Se trata de dejar de competir con la velocidad de un computador —porque ahí siempre vamos a perder— y empezar a ganar en aquello que no tiene código: en la magia de una conversación, en la sabiduría de la experiencia y en el coraje de colaborar.

Chile tiene una oportunidad única. Somos un país que sabe de cumbres y de valles, un país que entiende que el futuro no es digital, sino que el futuro es nosotros juntos. Dejemos que la tecnología se encargue de la eficiencia, para que nosotros podamos encargarnos de la felicidad, del propósito y del cuidado mutuo. Al final del día, el éxito no será de la máquina más rápida, sino de la comunidad que mejor supo hacerse espacio para el alma.