Primero fueron los cuadros vivos. Después llegaron las coronas de suculentas, los terrarios y los workshops. Hoy Botanique es mucho más que una propuesta de decoración: es una invitación a detenerse, tocar la tierra y volver a crear con las propias manos. Con una comunidad activa que no deja de crecer, María José Torres ha llevado sus talleres a más de trescientas personas, proporcionando un espacio donde naturaleza, creatividad y bienestar se encuentran. Y la historia, lejos de terminar, sigue echando raíces. “Crear arte con plantas es la mejor terapia”.
Por Macarena Ríos R./ Fotografías Javiera Díaz de Valdés
Inquieta, creativa y profundamente conectada con la naturaleza, María José se reinventó a sí misma a través de Botanique, el emprendimiento que le cambió la vida. Atrás quedaron los viajes derivados de su profesión: ecoturismo. “Aunque disfruté mucho esa época y aprendí un montón, me di cuenta de que siempre había querido tener algo propio y que me representara. Con el tiempo entendí que había encontrado una misión de vida”, asegura.
Esa misión de vida de la que habla tiene que ver con las hojas, la tierra, el musgo, las raíces y las plantas que, cuando reciben los cuidados adecuados, tienen esa costumbre obstinada de volver a crecer.
Botanique empezó de a poco, como todo en la vida. Primero fueron los cuadros vivos, piezas creadas con plantas que llevaban la naturaleza a las paredes. Con el tiempo, los clientes que fueron llegando no solo querían comprar los cuadros, sino que querían saber cómo se hacían y nacieron los workshops.
Más que vender plantas y arreglos, Botanique busca crear experiencias. De esas que perduran en la memoria. En sus talleres, las personas aprenden, crean, se equivocan, ríen y se desconectan de la rutina. “Mi objetivo es que cada persona se vaya no solo con una creación hecha por sus propias manos, sino también con la sensación de que es mucho más creativa de lo que pensaba”.
¿Qué te hizo dar el salto?
Creo que hubo un momento en que entendí que, si no lo intentaba, siempre me iba a quedar con la duda. Me di cuenta de que trabajar con plantas me hacía realmente feliz y que podía crear algo con sentido, no solo vender un producto, sino también generar emociones. Así nacieron los primeros workshops en mi casa, casi improvisando y sin experiencia previa, pero confiando en lo que estaba haciendo. Cuando vi que las alumnas volvían y repetían los talleres, entendí que disfrutaban tanto como yo de esa experiencia. Nunca imaginé que aquello terminaría convirtiéndose en una comunidad y en un proyecto que hoy trabaja con personas, marcas y empresas. Cuando haces algo que te apasiona, el esfuerzo adquiere otro sentido y te das cuenta que el mayor riesgo era no intentarlo.
¿Qué significa trabajar rodeada de plantas todos los días?
Trabajar rodeada de plantas es un privilegio. Creo que tenemos muchísimo que aprender de la naturaleza. Ella tiene sus propios tiempos y nos enseña que no todo tiene que ser inmediato.
¿Cuál es tu propósito?
Mi propósito va mucho más allá de vender plantas o realizar talleres. En Chile somos inmensamente privilegiados por la diversidad de paisajes y ecosistemas que tenemos. Mi sueño es que aprendamos a valorarlos, protegerlos y comprender que cuidar una planta también es una forma de cuidar la vida.
¿Cuál es el sello de Botanique?
Crear experiencias que las personas recuerden. Mi intención es generar una conexión y despertar emociones. Me gusta que las personas no solo se lleven un producto, sino también una historia, un aprendizaje y las ganas de seguir creando.
“En mis talleres busco que las personas sientan que entran a un espacio donde pueden bajar el ritmo, respirar profundo y reconectar. Que salgan inspiradas, con ganas de crear, de cuidar una planta y de mirar la naturaleza con otros ojos. Que pierdan el miedo a equivocarse y descubran que cuidar una planta puede ser mucho más entretenido de lo que imaginaban. Si además se llevan una sonrisa y la sensación de haber descubierto una nueva pasión, siento que cumplí la misión”.
En los últimos años las plantas dejaron de ser solo decoración.
Creo que la pandemia tuvo mucho que ver, muchas personas comenzaron a pasar más tiempo en sus casas y se dieron cuenta de que una planta cambiaba completamente un espacio y empezaron a involucrarse con ellas. Ya no era solamente decorar un rincón; era aprender a cuidarlas, esperar nuevas hojas o emocionarse cuando aparecía un brote. Creo que muchas personas volvieron a conectar con algo que habíamos dejado un poco olvidado.
EL DESAFÍO DE EMPRENDER
Emprender rara vez se parece a las fotografías luminosas que aparecen en Instagram. Hay bastante incertidumbre, mucho ensayo y error, horas que nadie ve, contenido que hay que crear y la pregunta del millón: ¿funcionará?
María José sabe de eso porque con su mamá tienen otro emprendimiento que partió mucho antes: Decoviña. “El espíritu emprendedor lo heredé de ella y se ha transformado en un pilar fundamental en este proceso”.
La experiencia es el otro pilar que sustenta todo. Vivimos rodeados de pantallas, notificaciones y urgencias. Y, en medio de todo eso, aparece una actividad que exige justo lo contrario: conectar con el presente, bajar revoluciones, observar, tocar la tierra, elegir una planta, acomodarla, equivocarse, volver a empezar.
“Lo más bonito es cuando meses después, me envían fotos de sus arreglos con crecimiento. Ahí me doy cuenta de que no sólo se llevaron un taller o un arreglo; se llevaron una experiencia que siguió creciendo junto con esa planta. Y creo que esa es la magia de trabajar con la naturaleza”.
Dice que no hay que saber de plantas ni ser particularmente hábil o creativo. Bastan las ganas de dejarse llevar. Ahí ocurre la magia, con las manos en la tierra. “La comunidad de Botanique me ha enseñado que cuando uno comparte desde la autenticidad y el corazón, se generan vínculos muy genuinos. Eso ha sido uno de los regalos más lindos de este camino. Uno de los momentos que más me marcó fue cuando una alumna de Colombia compró mi taller online. Tiempo después me contactó para agradecer mi ayuda y contarme que, gracias a ese curso, hoy tiene un emprendimiento familiar. Eso me hizo darme cuenta de que no solamente estoy enseñando, también puedo ayudar a que otras personas encuentren una nueva oportunidad para emprender, reinventarse y al mismo tiempo, seguir difundiendo este amor por la naturaleza. Creo que ese ha sido uno de mis mayores logros”.
Además de los talleres, María José ha desarrollado pausas activas, activaciones con marcas y experiencias comunitarias utilizando la naturaleza como una manera distinta de reunir a las personas. “Mi objetivo es que Botanique siga creciendo sin perder su esencia: inspirar, educar y acercar la naturaleza a la vida cotidiana. Más que una marca, es una forma de ver la vida. Me recuerda todos los días que la naturaleza siempre tiene algo que enseñarnos: resiliencia, paciencia, transformación y esperanza”.



















