Hay palabras que suenan más complicadas de lo que realmente son. EBITDA es una de ellas. Se escucha mucho cuando se habla de empresas, inversiones o venta de negocios, pero en simple busca responder algo bastante básico: ¿qué tan rentable es la operación de tu empresa?
Imaginemos que tu negocio vende $100 millones al mes. Suena excelente. Pero si para vender esos $100 millones gastas $90 millones entre mercadería, sueldos, arriendo, publicidad, transporte y otros costos de la operación, la realidad es bastante distinta a la de otro negocio que vende los mismos $100 millones pero necesita gastar solo $70 millones.
Los dos venden lo mismo, pero claramente no tienen el mismo negocio. Por eso siempre digo que no hay que enamorarse de las ventas. Muchos emprendedores celebran: “Este año crecimos un 30%”. Perfecto, pero la siguiente pregunta debería ser: ¿y cuánto crecieron tus gastos?
Porque puedes vender más, trabajar más, contratar más gente y tener más problemas… para finalmente ganar menos. Ahí aparece la importancia del EBITDA. Nos ayuda a mirar qué tan eficiente y rentable es realmente la operación. Y también es uno de los números que normalmente observa alguien interesado en invertir o comprar una empresa. No basta saber cuánto factura; importa saber cuánto genera.
Eso sí, EBITDA no significa necesariamente plata en la cuenta corriente. Por eso hay tres números que recomiendo mirar todos los meses: ventas, EBITDA y caja. Las ventas muestran cuánto vendes, el EBITDA cómo está funcionando el negocio y la caja cuánto dinero tienes realmente disponible.
No necesitas ser contador ni experto financiero. Solo acostumbrarte a hacer una pregunta sencilla: “¿Cuánto vendimos y cuánto nos quedó realmente?” Porque un buen negocio no es necesariamente el que más vende. Es el que logra que vender más también signifique ganar más.
















