Con una mirada curiosa sobre la naturaleza chilena, Cristóbal invita a mirar aquello que muchas veces preferimos ignorar. Su misión es cambiar el miedo por el respeto y enseñar que los insectos no necesitan parecerse a nosotros para merecer nuestro cuidado. Autor del exitoso libro Una clase de bichos, ya prepara una nueva aventura literaria dedicada al mundo nocturno.
Por María Inés Manzo C. / Fotografía Javiera Díaz de Valdés
Hay lugares que guardan un lugar especial en nuestros recuerdos. Para el viñamarino Cristóbal Sprätz (28), uno de ellos es el Parque Natural Gómez Carreño. Allí, cuando era niño, recorría, junto a su papá, las laderas buscando arañas, insectos, anfibios y reptiles. Hoy vuelve al mismo escenario, pero convertido en el “Señor de los Bichos”, divulgador chileno y creador de talleres que llevan a niños y familias a descubrir la naturaleza.
Hasta el año pasado fue profesor de Matemáticas de enseñanza media. Sin embargo, cuando sus alumnos terminaron cuarto medio, decidió que era el momento de cerrar también ese ciclo y apostar por completo por aquello que, en paralelo, había ido creciendo con fuerza a través de redes sociales, sus talleres y charlas presenciales: enseñar sobre los insectos de Chile.
Su pasión por los insectos también lo ha llevado a distintos espacios de televisión y divulgación, como Efecto N de NTV; Acción Animal y ¿Cuál es tu huella? de TVN. Una de sus experiencias más recientes y significativas fue su participación en Sobre la Tierra, de 13C, junto al actor Felipe Braun, donde viajó hasta los bosques de Ecuador para explorar su biodiversidad.
“Las primeras madres de la culebra, las primeras arañas pollito, mi primera culebra de cola larga y mi primera culebra de cola corta las vi aquí con mi papá. Él me traía los fines de semana y subíamos por estas laderas. Antes había muchísimo más, uno levantaba una roca y encontraba una cantidad impresionante de animales. Hoy sigo viniendo y buscando bichos, pero ahora también veo cómo el lugar ha cambiado y cómo hemos ido perdiendo parte de esa abundancia”, cuenta Cristóbal.
¿Qué queda en ti de ese niño curioso y explorador?
Yo creo que queda todo (ríe). Sigo haciendo exactamente lo mismo: salir, caminar, levantar una roca, mirar una planta y preguntarme qué hay ahí. La diferencia es que ahora tengo la posibilidad de compartirlo con otras personas. Pero esa curiosidad sigue siendo la misma.
Hoy te conocen como el “Señor de los bichos”, ¿cómo nació ese apodo?
Por mi comunidad de redes sociales y me encanta. Es allí donde comparto mis fotografías, videos y aventuras. Es como una medalla. Cuando todavía hacía clases de Matemáticas, en paralelo empecé con los talleres de bichos. Poco a poco fueron creciendo y entendí que había mucho interés por conocer la naturaleza chilena. Así apareció el “Señor de los bichos”.
UNA CLASE DE BICHOS
“Cuando era niño leía muchos cuentos de bichos, pero los insectos que aparecían no estaban en mi jardín, ni en el cerro, ni en Gómez Carreño. Si había un abejorro, era europeo y no chileno. Por eso quisimos hacer un cuento donde todos fueran especies nativas: el abejorro chileno, la abeja caupolicana, el grillo rojo, la hormiga panda, la araña pollito, el colihuacho. La idea era que un niño leyera el libro y después pudiera salir y encontrarse realmente con esos insectos”.
Tu experiencia como profesor sigue muy presente en Una clase de bichos…
Totalmente. Todo lo que viví como profesor de Matemáticas está en el libro. La ansiedad del primer día de clases, el recreo, las interrupciones, los permisos para ir al baño, la colación olvidada. Son todas esas pequeñas cosas que pasan en una sala de clases, pero trasladadas al diminuto mundo de los insectos.
Y la propuesta no termina cuando se cierra el libro…
No. Después del cuento viene una sección para “saber más”. Ahí aparecen los bichos en la vida real y respondemos preguntas como dónde están, qué comen y cómo encontrarlos. Además, hay códigos QR que llevan directamente a videos de mi Instagram. La idea es complementar la lectura con la tecnología y transformar también a los niños en pequeños exploradores. Que crezca la curiosidad desde la lectura.
Ahora estoy muy emocionado… estoy preparando el segundo libro, que se llamará Una clase de bichos nocturna. La idea mantiene el espíritu del primero, pero ahora todos los protagonistas serán especies nocturnas y habrá una nueva profesora. Queremos seguir mostrando que Chile tiene una diversidad enorme. Pero lo más bonito es que podría hacer muchos libros sobre la clase de bichos y todavía seguir descubriendo especies.
“UNO PROTEGE LO QUE CONOCE”
“Quiero que las personas conozcan lo que tienen cerca. Que sepan diferenciar una especie nativa de una introducida, que entiendan por qué es importante un insecto, una araña, un abejorro o una rana. Porque al final, uno protege lo que conoce. Mi misión es que los niños aprendan de estos bichos y que, cuando sean grandes, tomen decisiones pensando también en la naturaleza que los rodea. Cambiar el miedo por el respeto. Esa es, finalmente, la idea de todo esto”.
¿Por qué haces esa distinción?
Porque tampoco quiero que los niños se lleven los animales a sus casas. El objetivo no es que quieran tener una araña pollito de mascota. Los bichos se quedan donde los encontramos. Hay que respetarlos, entender su importancia y aprender que cada especie cumple una función. Incluso tratamos de no ponerles nombres. En el momento en que una araña pasa a llamarse Sofía, probablemente alguien se la quiera llevar a la casa.
¿Qué es lo que más sorprende a los niños y también a los adultos?
Muchas veces, las arañas pollito. A la gente le impacta saber que pueden vivir hasta veinte años. También existe mucho miedo y desconocimiento sobre las arañas. En Chile hay más de mil especies descritas, pero solo algunas representan un riesgo mortal para las personas. La mayoría quiere escapar de nosotros; no está pensando en atacarnos. Esa es una de las ideas que más me gusta derribar.
Recorres Chile realizando talleres, ¿qué te ha permitido descubrir este trabajo?
Que hay muchas ganas de aprender. He hecho talleres desde el norte y sigo recorriendo distintas regiones. Cada ambiente tiene sus propios bichos. En las dunas, por ejemplo, hemos encontrado hormiga panda, lagartijas, culebras y la abeja caupolicana. En otros lugares aparece la Madre de la Culebra. La gracia es justamente entender que distintas zonas tienen distintas especies.
¿Qué viene para el segundo semestre?
Muchos talleres. Siempre voy publicando las fechas con anticipación en mi Instagram, y en primavera vuelvo con fuerza a la zona central. Octubre es una época increíble para buscar insectos en Viña del Mar y también quiero hacer talleres en Concón para encontrar, entre otras especies, a la abeja caupolicana, que es mi favorita.
En Chile tenemos cerca de quinientas especies de abejas, pero los especialistas la consideran la abeja más linda del mundo. Y lo increíble es que es nuestra, una especie que vive en ambientes dunares costeros. Por eso es tan importante conocer lo que tenemos aquí mismo.
Pero también hay una historia que me parece muy importante contar, y es la del abejorro chileno. Si tú le preguntas a alguien que imagine un abejorro, probablemente va a pensar en el típico de colores negro, amarillo y blanco, que es el europeo. Pero nuestro abejorro es naranjo y es una especie nativa. El problema es que el abejorro europeo fue introducido para la polinización y terminó desplazando y transmitiendo parásitos al abejorro chileno, que hoy está en peligro de extinción. Entonces ahí también está la importancia de conocer nuestras especies, no podemos proteger algo si ni siquiera sabemos cómo es. Al final, todo parte por mirar más de cerca, porque solo cuando conocemos lo que tenemos, podemos aprender a valorarlo y protegerlo.






















