Soledad Garcés: cómo criar adolescentes en tiempos de algoritmos

Chile está entre los países con adolescentes más conectados del mundo. Pero el desafío ya no es solo cuánto tiempo pasan frente a una pantalla, sino cómo aprenden a vivir en un mundo atravesado por ellas. Para Soledad Garcés, la urgencia está en enseñarles a convivir con la tecnología, comprender sus riesgos y cuidar los vínculos que sostienen su identidad, antes de que los algoritmos terminen ocupando el lugar de la familia, el colegio y los amigos.

Por Macarena Ríos R./ Fotografías Javiera Díaz de Valdés

“Los colegios que cuidan su convivencia escolar aprovechan los consejos de curso para prevenir los problemas y evitar que escalen, se preocupan de hacer comunidades con sus familias, se conocen, conversan y logran acuerdos comunes y tienen instancias de mediación donde un profesional les ayuda a resolver sus problemas de manera positiva y con foco en las soluciones”, afirma Soledad Garcés, a estas alturas un referente en temas de convivencia digital.

Mientras el debate público continúa preguntándose cuántas horas deberían pasar los niños frente a una pantalla, Soledad pregunta cómo estamos aprendiendo a relacionarnos en un mundo donde los adultos muchas veces intentan educar en un territorio que conocen bastante menos que sus propios hijos.

Profesora de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Católica, magíster en E-learning por la Universidad de Sevilla y directora de la Fundación Convivencia Digital, Soledad lleva más de una década recorriendo colegios, conversando con profesores, estudiantes y familias. Lo que comenzó como un interés por la tecnología aplicada a la educación terminó convirtiéndose en una investigación permanente sobre la manera en que internet está cambiando la vida de niños y adolescentes.

Según Naciones Unidas, el 82% de los jóvenes entre 15 y 24 años utiliza internet, convirtiéndose en el grupo etario más conectado del planeta (1). El desafío ya no es garantizar el acceso, sino proteger los derechos, la salud mental y el bienestar de quienes crecieron completamente inmersos en el entorno digital.

Chile no está al margen de esa realidad. Diversos estudios internacionales, como PISA y el informe GEM de UNESCO, sitúan a los adolescentes chilenos entre los más conectados del mundo, una realidad que la profesional confirma cada vez que entra a una sala de clases. Pero lejos de adoptar un discurso apocalíptico, insiste en que “la tecnología no tiene la culpa de todo.»

¿Qué es lo que más te sorprende cuando vas a los colegios?
La desconexión de los padres con la realidad digital de sus hijos me llama mucho la atención. La falta de claridad con lo que está pasando en el mundo digital. Muchos papás me dicen yo no sabía, no me lo imagina así, o niegan que le pueda ocurrir a sus hijos.

¿Cuál es el error más común al intentar poner límites digitales?
Los papás tienen miedo, porque sienten que si sus hijos no usan tecnología van a quedar fuera del grupo social, fuera de la moda, de las tendencias, que van a ser víctimas de bullying y es real, sí, en algunas ocasiones, pero no es condición.

LOS BEMOLES DE LA CONVIVENCIA DIGITAL

Soledad dice que estudió pedagogía porque en su familia había mucho sentido social. “Mi papá me decía que siempre había que dejar el mundo mejor que el que uno recibió. Hice clases de arte en colegios muchos años y me di cuenta de que la persona que mejor lo pasaba en el colegio donde yo trabajaba era el profesor de tecnología. Quería ser como él. Estudié tecnología educativa; la tecnología bien usada tiene muy buen impacto en el aprendizaje educativo. De ahí me especialicé en temas de tecnología y educación y me fui a trabajar a la Universidad de Los Andes, donde dirigí el Diplomado de Gestión de Clima y Convivencia Escolar. En esa época, mis alumnos de posgrado, que eran directores de colegios, me decían que les fuera a dar charlas sobre Facebook. Ahí sentí que nos abrimos a un mundo nuevo. Había que preparar más a los profesores, a los niños, a los papás para lo que venía”.

Ahí surge la convivencia digital, un concepto que la fundación ha ayudado a instalar en Chile y que va mucho más allá de enseñar seguridad en internet. «Es la forma en que las personas aprenden a relacionarse consigo mismas y con los demás dentro del mundo digital», explica Garcés. No se trata únicamente de prevenir delitos como el grooming o el ciberacoso, sino de comprender cómo las redes sociales, los videojuegos, la inteligencia artificial y las plataformas digitales moldean la identidad, la autoestima y la manera de resolver conflictos. «Los padres están preocupados, pero muchas veces no saben cómo actuar».

Y allí aparece el verdadero trabajo de la Fundación Convivencia Digital: formar especialistas que trabajen directamente con colegios, profesores y familias para construir una convivencia sana en el entorno digital, entendiendo que el bienestar emocional depende mucho más de los vínculos que de la tecnología en sí misma. “El problema no son las pantallas. Es todo lo que dejamos de hacer mientras las miramos».

DESAFÍOS DE LA LEY ANTIBULLYING

Soledad explica que la nueva ley sobre bullying tiene buenas intenciones, pero no es viable en la práctica debido a la falta de presupuestos en los colegios y porque no fue creada considerando la realidad de los centros educativos. “Va a ser una ley compleja que está hecha en frío, no desde la realidad de los colegios, pero tiene cosas buenas, por ejemplo, pide a los colegios que armen unidades de mediación que funcionan bastante bien. Ahora, cómo se capacitan en mediación y quién hace esta mediación son cosas que la ley no ve y que no son tan simples de implementar”.

¿Existe un marco de orientación para los colegios?
Sí, existen los reglamentos y protocolos, pero en la práctica hay que entender que los colegios son centros de aprendizaje, no son centros terapéuticos y que, aunque pueden mediar en problemas tempranos, no pueden resolver todos los daños causados por situaciones de bullying cuando se detectan tarde. Los colegios no tienen sicólogos clínicos, tienen sicólogos educacionales, por lo tanto, no tienen herramientas para poder gestionar el bullying como los padres esperan y ahí es donde la ley nueva genera expectativas que no se van a poder cumplir.

¿Qué opinas de la prohibición de celulares en las salas de clase? ¿Es una solución real o un parche?
Es una solución real para los problemas que tienen las salas de clase con el uso de tecnología, pero no le pidan más. Si tú quieres que esa normativa mejore la salud mental estás equivocada, porque no está pensada para eso. Se vendió con la idea de que iba a mejorar la salud mental, pero ese no era el objetivo, el objetivo de esa ley era sacar distractores de la sala de clases para concentrarse en el aprendizaje, nada más.

¿Qué rol cumple el ejemplo de los adultos en el uso del celular?
Yo creo que somos un muy mal ejemplo, pero también muy malos comunicadores. El problema no es que una mamá compre online o revise Instagram después del trabajo, sino que nunca explica qué está haciendo. Los niños solo ven que el teléfono ocupa su atención. Muchas veces los niños me dicen “el problema del teléfono lo tiene mi mamá». Me llama mucho la atención que, cuando damos charlas en los colegios, en cada rato libre que hay, la mamá tiene el teléfono en la mano con su hijo al lado y la señal que le das es que no le importas y que no son prioridad y ellos lo reciben, a mí me lo dicen siempre: “mi mamá está con el celular y no me ve, no me habla”.

¿Qué sugieres para una familia que llega tarde y que ya tiene el problema instalado?
Nunca es tarde, siempre se puede, pero va a ser más fácil si pide ayuda profesional o si tiene la completa convicción de cómo seguir adelante, pero esto va a depender de qué tan complejo es y cuánto tiempo lleva instalada la situación. Si yo a mi hija le doy un teléfono y al tiempo me doy cuenta de que pasa encerrada en su pieza voy y se lo pido. Pero si ya llevo años en esto y no hay límites claros por parte de los papás para poder revertir esto vas a tener que pedir ayuda profesional y hacer cambios más profundos. Las aplicaciones están diseñadas para ser adictivas, es verdad, pero hemos convivido con cosas adictivas toda la vida. Hay que aprender a decir que no.

¿Cómo ves la irrupción de la IA conversacional como los chatbots en la vida de los niños y adolescentes?
Yo tengo una visión distinta de la IA. Existe la creencia de que el mundo digital genera problemas de salud mental y bienestar emocional en nuestros jóvenes, pero nosotros vemos que no es así. El problema no es la inteligencia artificial ni las redes sociales, sino los factores de atención, crianza, alimentación y estrés en los hogares. Los jóvenes y niños con problemas de salud mental tienden a refugiarse en el mundo digital, y la tasa de malestar emocional en niños ha aumentado de un 10% a un 60% en los últimos 10 años. Pero existen muchos adolescentes que usan bien la tecnología, pero coincidentemente tienen horarios, con una variedad de actividades con qué desarrollarse fuera del mundo digital, y que tienden a ser más sanos, mientras que aquellos en contextos familiares precarios o emocionalmente negativos son más propensos a refugiarse en tecnología.

¿Qué ejemplos de buen uso de la tecnología por parte de los adolescentes te dan esperanza últimamente?
Hay muchos adolescentes que se dan cuenta de los problemas que están teniendo las redes. Entonces dicen yo lo estoy regulando, yo dejé Instagram, eligen una sola red social, están jugando menos. Son un veinte por ciento más o menos. Hay muchísima más conciencia. De alguna manera ellos también se están cuidando, pero para eso tienes que tener un buen nivel de bienestar y conciencia para tomar esas medidas. Eso no se lo ocurre a cualquiera, tienes que tener un contexto de apoyo para tomar esa decisión.

¿Qué cambiarías para mejorar la convivencia digital en Chile?
Que los padres tengan mayor responsabilidad en la educación de sus hijos, incluyendo la asistencia a la formación de padres que tienen los colegios y asegurando que los niños asistan a clases. Hoy día en Chile llueve y el 40% de los niños llega a clases y el resto no va. Hoy los padres no se hacen cargo porque delegaron la educación en los colegios. La cantidad de padres que dicen yo trabajo, no puedo hacer nada es una buena parte. Yo los entiendo, hay muchos que llegan a las nueve de la noche de trabajar y no les da. Pero hay que educar en el buen uso y hacerse cargo.