Creadora de contenido, abogada y escritora, Chiqui Urzúa ha construido un espacio donde los libros conectan vidas, y donde su primera novela ya marca un hito en la fantasía nacional. Con miles de seguidores y una comunidad fiel, nos habla de lectura, redes sociales y del proceso íntimo detrás de Una promesa de cien años.
Por María Inés Manzo C. / Fotografía gentileza entrevistada
A sus veintinueve años, María Ignacia Urzúa, ha logrado algo poco común: transformar su amor por los libros en una comunidad viva, activa y profundamente comprometida. Abogada de formación y creadora de la cuenta Té con Libros, hoy reúne a miles de seguidores (319 mil en Instagram y 188K en TikTok) que no solo buscan recomendaciones, sino también conversación, reflexión y pertenencia. Lo que comenzó en pandemia como un espacio personal, creció hasta convertirse en una plataforma influyente dentro del mundo literario digital chileno.
En paralelo, publicó su primera novela, Una promesa de cien años (2022), una obra de fantasía juvenil que ha superado los 4.700 ejemplares vendidos en su relanzamiento internacional en 2024 (con Ediciones Urano Chile), posicionándose como un caso destacado dentro del género a nivel nacional.
“Para mí Té con Libros significó una pausa, un freno a un ritmo de vida que siempre había sido muy intenso. Estaba terminando Derecho, con menos carga académica de lo habitual, y de pronto me encontré con tiempo y con la necesidad de llenarlo con cosas que realmente me gustaran. Ahí volví a leer de forma constante, algo que había quedado relegado durante la universidad. Paralelamente, siempre me gustaron las redes sociales y escribir, entonces fue bastante natural unir ambas cosas. Té con Libros partió sin ninguna pretensión, solo como un espacio para compartir recomendaciones, pero también como una forma de expresión muy propia”.
¿Qué crees que hizo que ese proyecto creciera de forma tan orgánica hasta convertirse en una comunidad tan activa?
Hay algo clave, y es que por primera vez dejé de hacerlo de forma anónima. Durante años tuve blogs o cuentas donde hablaba de libros, pero sin mostrarme. Con Té con Libros decidí aparecer, hablar desde mí, con mis propias palabras, y eso generó una conexión distinta. También hay algo muy genuino en cómo se fue armando la comunidad, porque la gente no solo recibe recomendaciones, sino que conversa, pregunta, comparte.
Tu contenido no parece forzado ni planificado en exceso, ¿cómo manejas ese equilibrio?
Es algo que he aprendido con el tiempo. Al principio planificaba mucho, pensaba en el contenido a futuro, y eso era muy desgastante. Hoy mi foco es que sea sostenible. No quiero que esto se transforme en una obligación o en una performance. Todo lo que muestro es parte de lo que estoy viviendo en ese momento. Si leo un libro, lo comparto; si voy a un evento, lo muestro porque realmente estuve ahí. Y si no hay nada que mostrar, también está bien. Esa libertad ha sido clave para mantener la motivación y la autenticidad.
También hay un límite claro respecto a tu vida personal, ¿es una decisión consciente?
Sí, completamente. Creo que es importante mostrar ciertos aspectos que ayuden a entender quién soy, mis gustos, mi forma de ver el mundo, porque eso también influye en lo que leo y recomiendo. Pero hay un límite. Necesito tener un espacio propio, una vida que no esté completamente expuesta. Si esto se vuelve algo que invade todos los aspectos de mi vida, se pierde el equilibrio y también el disfrute. Y al final, lo que más me importa es poder sostener este proyecto en el tiempo.
LEER EN COMUNIDAD
“Cada vez más personas me escriben para contarme que sus clubes de lectura se arman en base a los libros que recomiendo, y eso genera como un efecto en cadena que es difícil de dimensionar. Al final, se produce algo muy bonito, pues distintas personas, en distintos lugares, están leyendo historias en común y compartiendo. Yo siempre digo que mi rol es solo acercarles el libro, porque el verdadero trabajo lo hace la historia misma, pero ver cómo eso conecta a otros y abre la conversación es, sin duda, una de las cosas más gratificantes de todo este proyecto”.
¿Sientes que Té con Libros hoy contribuye a acortar esa brecha generacional y acercar la lectura a nuevas audiencias?
Totalmente. Fui muy lectora en mi infancia y adolescencia, pero después, con la universidad, ese hábito se volvió más difícil de sostener desde el disfrute. Creo que hoy las redes sociales cumplen un rol súper importante en volver a conectar con la lectura, especialmente para generaciones que están mucho más acostumbradas a lo digital. Té con Libros funciona un poco como ese puente, muestra que leer no es algo lejano ni rígido, sino algo cercano, cotidiano y compatible con la vida actual.
En tu camino como bookinfluencer también has generado instancias de conversación directa con autores. Entrevistaste, por ejemplo, a Colleen Hoover, autora de Romper el círculo, ¿Cómo fue esa experiencia?
Un poco surrealista (ríe). Cuando uno parte recomendando libros desde su pieza, nunca imagina que va a terminar conversando con autores que admira y que han tenido un impacto tan grande en lectores de todo el mundo. Poder entrevistar a alguien como ella no solo fue un hito personal, sino también una forma de acercar ese contenido a la comunidad, de “hacerlos parte” de algo que muchas veces se siente lejano.
Si miras hacia atrás, ¿qué te sorprende más de este camino?
Que nada fue realmente planificado. Todo ha sido bastante orgánico, desde la comunidad, el libro, las oportunidades. He ido creciendo junto con el proyecto, aprendiendo en el camino. Y creo que eso también es lo que lo hace tan especial. No sé hasta dónde va a llegar, pero hoy me tiene muy feliz seguir construyéndolo desde un lugar honesto.
UNA PROMESA DE CIEN AÑOS
“Mi primera novela era una idea que venía trabajando desde hace unos diez años. Siempre quise escribir, siempre tuve historias, pero lo hacía de forma muy solitaria. Con Té con Libros apareció algo nuevo y que me motivó a hacerlo público. Logré una comunidad que podía acompañarme en ese proceso. Empecé a compartir fragmentos, avances, y eso me dio una motivación distinta. Aun así, el camino no fue fácil. Presenté el manuscrito a muchas editoriales y no resultó. Finalmente opté por una modalidad más independiente, invirtiendo mis propios recursos. Fue un proceso muy completo, donde participé en todo (edición, portada, difusión). Aprendí muchísimo”.
¿Cómo vives el reconocimiento de tu novela?
Con sorpresa, la verdad. El relanzamiento fue entre 2024 y 2025, ya supera los 4.700 ejemplares vendidos, y considerando que es fantasía —un género donde predomina la literatura extranjera— es un logro que valoro mucho. También hubo una primera edición con más de mil copias, entonces ha sido un proceso sostenido. Más allá de los números, lo que más me impacta es ver a personas leyendo algo que nació de una idea tan personal. Eso sigue siendo increíble para mí. Hoy, además de estar en librerías, también se puede encontrar en formato digital en Kindle, Apple Books, Casa del Libro, Chile Books y Kobo.
¿Cuánto de ti hay en esa historia?
Mucho, aunque no sea evidente. Creo que es imposible escribir sin poner algo propio. Todos los personajes tienen algo mío. Los más queridos son Kal y Nadia, pero Kal, que es el protagonista, representa mucho mi forma de ser. Él está muy orientado a la acción, a ejecutar, a avanzar. También están mis dudas, mis contradicciones. Una promesa de cien años es, en el fondo, una forma indirecta de contar mi propia historia en ese momento de la vida.
¿Cómo dialogan hoy tus dos mundos, el de lectora y el de escritora?
Es un equilibrio delicado. Siempre he tenido claro que Té con Libros no puede transformarse en una plataforma para promocionarme a mí misma constantemente. La gente está ahí principalmente por las recomendaciones. Entonces trato de integrar ambos mundos de forma natural, sin forzar. Cuando hablo de mi libro, es porque tiene sentido en ese momento, no como una estrategia constante. Me importa mucho mantener la esencia de la comunidad.
¿Hay una segunda parte en camino?
Sí, la segunda parte existe, está en desarrollo. Pero prefiero llevar ese proceso de forma más íntima. La escritura para mí sigue siendo un espacio de libertad, no un trabajo. No quiero que se transforme en algo presionado por expectativas externas. Cuando sienta que está lo suficientemente avanzada, recién ahí voy a compartir más.
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SOBRE EL LIBRO
En Una promesa de cien años, la historia nos lleva a Melliedor, un mundo fracturado por décadas de división y miedo, donde humanos y galdurianos —seres capaces de manipular los elementos— han sido separados tras un régimen que arrasó con cualquier atisbo de convivencia.
En este escenario hostil, Kal, un joven galduriano que busca a su familia entre ruinas y aldeas devastadas, se cruza con una misteriosa sobreviviente sin memoria, portadora de un símbolo que remite a una antigua alianza prohibida. Juntos emprenden un viaje marcado por la incertidumbre, la desconfianza y la necesidad de respuestas, en una historia que entrelaza aventura y emoción, abriendo la pregunta sobre si, incluso en un mundo roto, aún es posible creer en la paz.



















