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Texto: Ana Henríquez Orrego (Investigadora Archivo Histórico Patrimonial). Digitalización de imágenes: Javiera Vargas Mejías (Diseñadora Archivo Histórico Patrimonial)
El Archivo Histórico de nuestra ciudad conserva, entre sus fondos documentales, una valiosa muestra del epistolario de José Francisco Vergara, a quien recordamos y reconocemos como padre ejemplar, agrimensor, fundador de Viña del Mar, líder radical, diputado, senador, ministro de guerra, candidato a la presidencia, etc.
La mayor parte de estos escritos, tiene por destinatario a su hijo Salvador Vergara, quien, entre 1876 y 1882, se encuentra en París realizando diversos estudios particulares y universitarios.
Cuando bordeaba los quince años, Salvador Vergara fue enviado por su padre a Francia, con el objeto de enriquecer su acervo cultural y orientar su elección profesional. Durante el tiempo en que se prolongó su estadía en el viejo continente, José Francisco procuró mantener el vínculo paternal en plena actividad, convirtiendo sus epístolas en el medio a través del cual orientó, estimuló, reprochó y recriminó las conductas de su hijo. También en sus escritos, surcando océanos, viajaban los informes referidos a la contingencia local y nacional. Considerando la coyuntura política que atravesó Chile en los años en que José Francisco envía a su hijo a Francia, estas epístolas se transforman en una fuente de información muy interesante, pues, si bien el relato de los acontecimientos político-militares de los años 1876–1882 comienza siendo un buen testimonio de época producido por un civil no involucrado de modo directo con los acontecimientos relatados, esta situación comienza a cambiar a mediados de 1879, puesto que las cartas expedidas por la pluma de J. F. Vergara dejan de ser el testimonio de un viñamarino, para pasar a transformarse en las opiniones y análisis de un hombre directamente involucrado en la Guerra del Pacífico. En efecto, entre los diversos cargos que le correspondió ocupar durante la contienda, destaca el de Ministro de Guerra, que tanta reticencia provocó en los círculos militares y que tanto orgullo causaba en su hijo.
Una de las temáticas que nos parece interesante de destacar en esta oportunidad, es la relacionada con la Guerra del Pacífico.
El relato que entrega Vergara a su hijo, cobra, en ciertas instancias, las características de una gesta digna de admiración, una historia como las legendarias que tanto atraían la imaginación de Salvador. En reiteradas oportunidades, Vergara comenta su disposición a morir en el campo de batalla, marchando al frente de las tropas por él dirigidas. El 1 febrero de 1881, señala, por ejemplo: “te aseguro que más de una vez he anhelado morir noblemente al frente del enemigo, no por vanidad ni seducido por el liviano amor a la gloria, sino para sellar con mi vida tu pacto con el honor y la virtud, porque tú no podrías sin afanarte dejar de ser un hombre de bien con sus nobles atributos, después del ejemplo que te dejaba tu padre”.
Los pormenores de la guerra que Vergara comenta a su hijo hacen de estas cartas un testimonio interesantísimo, puesto que su lectura nos enfrenta a las percepciones sinceras que un padre relata a su hijo. Quizá pueda criticarse estos documentos por estar cargados de elementos subjetivos, pero ello mismo es lo que les brinda mayor interés, puesto que nos encontramos directamente con el pensamiento, los análisis y reflexiones de un protagonista de nuestra historia en el ámbito más intimo en el cual una persona pueda manifestarse: el de su familia. Así, las cartas enviadas por José Francisco a su hijo comienzan siendo el medio a través del cual un hombre procura mantener sus lazos paternales, felicitando, amonestando u orientando la trayectoria de su hijo, pero se transforman, también, en el vehículo a partir del cual se informa de los avatares locales y nacionales. Junto a información periódica de los acontecimientos cotidianos acaecidos en la Hacienda de Viña del Mar (compra venta de ganado, sequía o precipitaciones, construcción de canales de regadío, contrata o despido de trabajadores, calidad de producción, etc.), viajan también los informes de la Guerra. Vergara describe a su hijo sus tareas, sus opiniones respecto de los altos mandos del ejército, de los ministerios y también le va narrando el modo en que es tratado por los demás militares chilenos. Esto último pareciera ser un tema que preocupa a Salvador, puesto que las noticias que lee a través de los periódicos que llegan a Francia, relatan las reticencias surgidas en los círculos militares contra su padre. Estos hechos son aclarados constantemente por José Francisco, aunque no los niega ni oculta; sólo trata de forjar en su hijo una idea más acabada de la situación.
Uno de los elementos que nos parece interesante de destacar en esta breve panorámica del contenido de las epístolas de Vergara, es la evolución que tuvo su pensamiento y apreciaciones respecto de la guerra. En los primero años, sus opiniones respecto de ésta y de la carrera de las armas son muy negativas, y se orientan a hacer desistir a su hijo de su inclinación a esos ámbitos. No obstante, una vez comenzada la conflagración con Perú y Bolivia, sus opiniones cambian, enarbolando elementos patrióticos y poniendo de relieve el valor del servicio de las armas, ello sobre todo si tenemos en cuenta que desde el primer momento Vergara se sumó a las filas del ejército de Chile, primero como Secretario en campaña y luego como Ministro de Guerra.
 Muestra del epistolario de J.F. Vergara. Destacan los anagramas con las iniciales de su nombre.
 Salvador Vergara Álvarez
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