Ganadores del concurso Desafío Emprendedor 2026, EnviroNet es pionera en el desarrollo de tecnología basada en IoT e inteligencia artificial para monitorear y optimizar el uso del agua en tiempo real. Desde comunas como Casablanca hasta sus laboratorios en Santiago, la startup busca enfrentar la escasez hídrica y avanzar hacia una gestión más sostenible en empresas, industrias y municipios.
Por María Inés Manzo C. / Fotografía por Javiera Díaz de Valdés y gentileza entrevistado
En un país como Chile, donde la escasez hídrica dejó de ser una alerta para convertirse en una urgencia, surgen soluciones como EnviroNet, que combinan ciencia, tecnología y convicción. Este innovador emprendimiento, liderado por Erik Vergara —geólogo de formación—, junto a un equipo multidisciplinario, logró desarrollar un innovador sistema capaz de monitorear la calidad del agua.
Desde sus primeros ensayos en la Región de Valparaíso, en el 2022, hasta su consolidación con laboratorios en Santiago, la empresa —recientemente reconocida con el primer lugar en el 10° Concurso Desafío Emprendedor del Banco de Chile, categoría Desafío Local— proyecta una expansión clave hacia más regiones del país.
“Nuestro proceso como empresa fue muy orgánico. Mientras estaba en la universidad identifiqué un problema medioambiental importante relacionado con el agua. Ahí contacté a un amigo, Cristián Herrera, que justo estaba trabajando en su tesis con una tecnología que permitía transmitir datos en tiempo real. Yo llegué con el problema y él con parte de la solución. Desde ahí comenzamos a desarrollar esta idea en conjunto que hoy permite monitorear el agua en tiempo real mediante sensores conectados a la nube”, cuenta Erik Vergara, fundador y CEO de EnviroNet.
EVOLUCIÓN CONSTANTE
“Nuestros primeros pasos fueron de mucho ensayo y error. Partimos con fondos muy pequeños; de hecho, uno de los primeros fue de apenas dos millones de pesos para materiales. Trabajábamos prácticamente con lo que teníamos, entre Casablanca, Viña del Mar y Santiago. Fue un inicio bien turbulento, pero también muy formativo, porque aprendimos a equivocarnos rápido y a mejorar constantemente. Hoy vamos en una versión mucho más avanzada del prototipo. Eso es lo entretenido, porque va evolucionando según las necesidades de los clientes”.
¿Por qué la Región de Valparaíso se transformó en el punto de partida para abordar esta problemática?
Siempre hubo una motivación muy fuerte por resolver el problema del agua, pero al principio queríamos abarcar todo Chile, lo que era poco realista para una etapa temprana. Ahí entendimos que teníamos que partir de forma más focalizada.
La Región de Valparaíso apareció naturalmente como el punto de inicio, no solo porque es una de las zonas donde la escasez hídrica se vive con mayor intensidad, sino también por una conexión directa con el territorio. Uno de mis socios ya estaba instalado ahí, vinculado a la Universidad Técnica Federico Santa María, lo que nos permitió tener una base operativa más cercana, acceso a redes y un entendimiento más concreto de la realidad local. Eso facilitó mucho el trabajo en terreno, las primeras pruebas y el contacto con potenciales usuarios. Desde ahí fuimos creciendo y proyectando la solución hacia otras regiones. Hoy contamos con laboratorios en la capital gracias al apoyo de la Universidad Andrés Bello (donde, además, soy docente), lo que nos permitió profesionalizar el desarrollo.
¿Cómo ha evolucionado el equipo de trabajo?
Partimos siendo tres y hoy somos cerca de trece personas. Desde el inicio nos organizamos con roles muy definidos: yo liderando el proyecto desde una mirada más estratégica y de desarrollo; Cristián Herrera a cargo del área técnica, enfocado en la electrónica, programación y desarrollo del dispositivo; y Nicolás Larraín desde la química, aportando en el análisis y comprensión de la calidad del agua. Esa base ha sido fundamental para crecer, porque nos permitió avanzar de manera ordenada y complementaria.
Ganar el primer lugar en Desafío Emprendedor marca un punto de inflexión…
Sí, fue un antes y un después. El proceso fue largo, partieron más de veinticinco mil postulantes y quedamos entre los finalistas hasta ganar el primer lugar. Más allá del premio, nos dio validación. Pasamos de ser un grupo de jóvenes con una idea a una empresa reconocida. Eso abrió puertas, generó confianza en clientes y facilitó nuevas oportunidades comerciales.
El desarrollo de una marca también forma parte del relato de un emprendimiento…
Sí, pasamos por varios nombres. Primero fue Aquatank Analyzer, después Water Monitor AI, hasta que finalmente llegamos a EnviroNet, una mezcla de “environment” (ambiente) e “Internet”, pues nos basamos en IoT (Internet de las cosas) e inteligencia artificial. Nos costó al principio, incluso pronunciarlo (ríe), pero hoy ya es parte de nuestra identidad.
IMPACTO GLOBAL
“Trabajamos con plantas de tratamiento de agua y procesos industriales. Por ejemplo, empresas que reutilizan agua para riego en municipios o que necesitan cumplir normativas en residuos líquidos. También estamos avanzando hacia el sector agrícola, que es un desafío importante porque requiere un trabajo más directo en terreno”.
¿Cómo lograron un formato accesible para el usuario?
Desarrollamos un dispositivo físico —una especie de sonda— que mide la calidad del agua en tiempo real. Esa información se procesa mediante una plataforma con inteligencia artificial que entrega reportes inmediatos. Incluso funciona a través de WhatsApp, el usuario envía un mensaje y recibe un informe claro y simple sobre el estado del agua y recomendaciones para gestionarla.
¿Cómo cambia la gestión del agua al contar con información inmediata?
El cambio es inmediato. Antes, obtener resultados podía tardar semanas en un laboratorio. Hoy, en minutos pueden saber si cumplen o no con la normativa. Eso evita multas, optimiza procesos y permite tomar decisiones a tiempo. Además, simplificamos la información técnica para que cualquier usuario la pueda entender.
¿Cuáles son las proyecciones de EnviroNet en términos de crecimiento y expansión?
Queremos escalar en forma ordenada, industria por industria. Primero consolidarnos en la Región Metropolitana y Valparaíso, luego expandirnos a otras regiones y, a futuro, a Latinoamérica. Sabemos que el problema del agua no es solo de Chile, sino que se repite en países como Perú, Bolivia o Argentina.
La experiencia internacional también ha sido clave. Cuando participamos en instancias como el Mobile World Congress en Barcelona, nos dimos cuenta de que nuestra solución realmente llamaba la atención: no encontramos otra empresa que integrara de la misma forma el hardware —el dispositivo físico— con una plataforma digital y una inteligencia artificial que entregue recomendaciones en tiempo real. Eso nos dio una señal muy clara de que estamos desarrollando una tecnología competitiva a nivel global.
Por eso, nuestra meta es replicar el modelo que ya validamos en Chile y adaptarlo a distintos contextos, entendiendo que la escasez hídrica es un desafío transversal y urgente en muchas partes del mundo.
¿Cómo enfrentan el desafío de la competencia y la protección de su desarrollo?
El dispositivo es una parte importante, pero nuestro mayor valor está en la capa de servicio. Es decir, la interpretación de datos, cruce con normativas vigentes, continuidad del monitoreo, adaptación a cada operación y cercanía técnica con el cliente.
¿Qué los impulsa a seguir adelante en un camino que muchas veces es incierto y exigente?
La convicción de que estamos resolviendo un problema real. Emprender tiene muchos altos y bajos, hay momentos difíciles y otros muy buenos, pero cuando ves que lo que haces sí genera impacto, vale totalmente la pena. Nosotros estamos trabajando con un problema que no es solo de Chile, sino del mundo entero: la escasez hídrica. Y saber que nuestra tecnología puede aportar, aunque sea un poco, a enfrentar esa crisis, es lo que nos impulsa a seguir creciendo y mejorando todos los días.





















