En círculos y sin salida

Por Marcelo Contreras

ALGUIEN TIENE QUE SABER. NETFLIX.

La polémica entre la madre de Jorge Matute Johns y la productora Fábula, responsable de esta serie basada en la desaparición del joven penquista el 19 de noviembre de 1999 desde la discoteca La Cucaracha en Talcahuano, ha desenfocado ligeramente la atención sobre la calidad del producto.

María Teresa Johns tildó de “basura” la producción, mientras los responsables argumentan haber tratado el caso con “respeto y sensibilidad”. Fábula, de los hermanos Pablo y Juan de Dios Larraín, se ve involucrada por primera vez —en su impecable trayectoria como la mayor productora audiovisual del país y resonante en Iberoamérica— en una polémica algo gratuita. Los hechos de connotación policial que resaltan en la agenda pública, son eternos candidatos a convertirse en dramatizaciones. Era cosa de tiempo que un caso como este, hasta hoy irresoluto y grabado en la memoria colectiva, se transformara en material para la pantalla.

¿Qué han hecho los hermanos Larraín con semejante historia? Menos de lo que se podría esperar. La realización de ocho capítulos padece un mal habitual de esta clase de formato: sobran al menos un par de episodios, en tanto los personajes resultan rígidos, chatos. Alfredo Castro como el prefecto Genaro Montero (basado en el detective Héctor Arenas) y Paulina García como Vanessa Font (en rigor, María Teresa Johns) son unidimensionales. No lo hace mejor María Izquierdo como la jueza Olga Sanhueza (la magistrada Flora Sepúlveda) mediante una interpretación que coquetea con la caricatura. También regresan algunos ripios que parecían superados en el andamiaje audiovisual nacional como la dicción trabada de los actores, con diálogos ininteligibles a ratos.

Las licencias visadas por la ficción conducen a una salida marcada por el contexto reivindicativo en materia de género. El detective Montero encarna una mirada heteronormativa anquilosada y tajante ante los cuestionamientos, que cede gracias a la tozudez de la única detective de su equipo —Claudia Vásquez— interpretada por Camila Hirane. Alguien tiene que saber no es una apuesta fallida por completo, pero carece de norte y nervio. Así como el caso permanece en puntos suspensivos, su dinámica dramática gira en círculos sin salida.