EL ORIGEN DE LOS RED HOT CHILI PEPPERS: NUESTRO HERMANO HILLEL. NETFLIX
Este rockumental que aborda los años formativos de Red Hot Chili Peppers asume riesgos poco habituales en el formato. Rehúsa abordar toda su historia de fenomenal éxito como una de las bandas más originales e influyentes del rock estadounidense de fines del siglo pasado, sino que se concentra en sus años formativos en la década de los ochenta, reflejados en los primeros tres álbumes que, en rigor, cosecharon un éxito discreto a distancia del batatazo planetario del imprescindible Blood sugar sex magik (1991), gracias a singles memorables como Give it away y Under the bridge. Si de genética se trata, este es el periodo en que la banda de California configuró su estilo único que influyó en bandas contemporáneas como Faith No More, Living Colour y Rage Against The Machine, proclives a sazonar un rock endurecido con la picardía callejera del rap y el funk.
Narrado principalmente por el bajista Flea y el cantante Anthony Kiedis, el documental también cuenta con los testimonios del exbaterista Jack Irons, el guitarrista John Frusciante y el multiinstrumentista Alain Johannes, músico chileno sobrino del pionero de la Nueva Ola Peter Rock, que creció junto a Flea y Hillel Slovak, el guitarrista original de los Chili Peppers que, ciertamente, es el protagonista de este documental. Slovak era un artista de múltiples intereses entre la música y la pintura, cuyo talento desbordante se focalizó rápido en una banda junto a Johannes, a la que luego se unió Flea. La llegada de Kiedis como amigo entrañable de Flea y Slovak se convirtió en un punto de tensión para el proyecto. Kiedis no encajaba en el rock de ambición progresiva, tampoco sus vicios narcóticos que, lamentablemente, atraparon en particular al joven guitarrista. El futuro cantante movió sus hilos para conjurar un proyecto donde el chileno no tenía cabida.
La decisión de emplear la inteligencia artificial para dar vida a la voz de Hillel Slovak mediante sus diarios y cartas ha provocado algunas críticas, como parte de la satanización que atraviesa la herramienta. En tanto se trata de sus propias palabras y reflexiones, la aprehensión resulta fuera de lugar. Lo que resalta es una historia de hermandad y conexión creativa truncada por la tragedia. La glamorización de las drogas como menú inevitable en el rock, queda una vez más en entredicho.




















