Hace cuatro años, Kathy le dio un giro radical a su vida. La pandemia y la falta de proyectos la puso en jaque, pero ella, lejos de echarse a morir, decidió rearmarse en el litoral central. Desde su casa en Algarrobo habla de señales y sincronías, de la televisión actual, de política y del libro que escribió. Sus días transitan entre su restorán Casa Tunquén, un programa de radio local y el pódcast ¿Cómo va a terminar esto?, que le permite vivir con total libertad. “Cuando mi historia dejó de ser una excusa, me empecé a conectar con quien soy yo”.
Por Macarena Ríos R./ Fotografías Javiera Díaz de Valdés
El sol de invierno se cuela por los ventanales y aterriza sobre una Kathy sonriente en camisa de jeans, botas vaqueras y un blazer de tweed tan holgado como la altura de las paredes que la cobijan. Sobre la chimenea, las fotografías de dos golden retriever: la Sol y el Ruso, sus compañeros de vida que, aunque ya no están, siguen presentes. “Un año sin ti mi Ruso amado…estás con mi Sol en mi eterna memoria y corazón”, posteó hace un par de semanas.
“Yo soy muy de señales. Después de la pandemia, cuando todo se cayó, me vine a vivir acá, cerca de mi mamá. Me costó el cambio. Me costó mucho”.
¿Qué fue lo que más echaste de menos?
Mis amigos, el teatro, mi rutina, mi piscina temperada, mi barrio, mis vecinos. Yo llegué acá en enero del 2022, en la época en que todo colapsa. Había ruido, bulla, gente, taco. No extrañé nada al principio, pero después extrañé todo. Marzo trajo el silencio y ahí me vino un poco la depre, a pesar de que estaba feliz viviendo al lado de mi mamá y mi hermana. Tuve que acostumbrarme a habitar un entorno distinto, a construir amistades nuevas, a armar un nuevo estilo de vida.
Katherine Estrella Salosny Reyes se parece a la brisa fresca de la primavera. Esa espontaneidad y transparencia que la catapultaron a la fama hace cuarenta años sigue en ella, como una estampa. “Fui bien valiente, de seguir mis propias convicciones. Hubo costos, pero yo me debía al público. En televisión me costó muchos pleitos decir lo que pensaba. Era la época de ojalá no hables mucho, calladita te ves más bonita, no opines tanto. El mundo de la televisión era súper violento con las mujeres. La productora ejecutiva de un canal llegó a decirme que me tenía que operar las pechugas”.
¿También hoy?
Hoy día ya no sé si es tan así, porque las mujeres hemos sacado más la voz, las cosas se denuncian, pero hay un machismo soterrado. Siento que los liderazgos están en los hombres, son ellos quienes tienen mayor protagonismo. Hoy la marca manda mucho, por eso que figuras como José Antonio Neme son tan relevantes, porque a él no le vienen con cosas, no lo pautea nadie.
¿Qué programas recuerdas con especial cariño?
Varios, Extra jóvenes, Buenos días a todos, Mucho gusto, un proyecto hermoso llamado Esta es mi familia, que fue el primer docureality, el late No culpes a la noche. Tuve muchas primeras veces en la tele. Creo que cada proyecto que hice fue una oportunidad que aproveché, gocé y disfruté porque las mujeres tenemos eso de la fecha de caducidad, sobre todo en televisión, que está ahí en la cabeza, de que en algún momento ya no te van a aguantar la arruga ni las canas.
¿Qué te gustaría aportar a la tv actual?
Me gusta mucho el formato late, me encanta conversar, conocer historias, tengo un tema con ellas. Puede que aparezca un proyecto, pero no puedo adelantar nada.
EXTRA JÓVENES, EL FENÓMENO
“En esa época, la TV se convirtió en un salvavidas, porque yo tengo una historia bien caótica en términos familiares. Cuando llegaba al programa me sentía contenta, feliz, dejaba atrás todo el dark side off the moon, las crisis de pánico. Los focos, cuando se prendían, me sacaban de toda esa oscuridad. Era algo muy simbólico. No era un negocio para mí, era una pega donde lo pasaba bien. No tenía grandes ambiciones”.
¿Tuvo un costo ser rostro durante tanto tiempo?
No, porque en paralelo empecé con mi sicoanálisis, que si no lo hubiera hecho ahora estaría debajo de un puente. Me di cuenta de que tenía que hacerme cargo de esa historia, de esos dolores, de esas fisuras. Fue un proceso muy personal. Y acá aparecen las señales de nuevo, las sincronías de la vida. Tenía una deuda conmigo, que era estudiar teatro, y en la medida que fui enfrentando y resolviendo mis propios temas renuncié a la televisión e ingresé a la academia de Fernando González. En esa época todos dijeron que me había pegado en la cabeza, pero yo quería ser actriz.
Tenía treinta años y lo hizo en el apogeo de su carrera.
¿Qué te dio el teatro?
Un regocijo para el alma. Muchas herramientas que después me sirvieron cuando retomé mi carrera televisiva. Me dio un adicional para tener una impronta distinta en los siguientes proyectos que llegaron. Fue muy positivo y una terapia constante.
“Ese fue otro salvavidas”, dice.
¿Hubieras hecho algo distinto?
Habría sido deportista. En Mendoza fui proyecto olímpico de natación, allá descubrieron mi talento. Entrenaba seis mil metros diarios, por eso hecho tanto de menos mi pista.
LA RECONSTRUCCIÓN
“En pandemia me quedé sin proyectos, sin pega, sin nada. Estábamos haciendo Greta, una obra de teatro con la Carmina Riego, la Coca Guazzini, la Daniela Llorente. Nos estaba yendo increíble y todo eso se truncó. Económicamente fue muy duro y durante mucho tiempo, sobre todo cuando tienes una mamá y una hermana que dependen de ti. Fue una debacle en mi vida, muy brutal”.
Con la incertidumbre a cuestas, dijo basta. Regaló sus libros, sus muebles, arrendó su casa en Vitacura, el lugar que había elegido para vivir y al que amaba. “Eso también me dolió, me dolió salir de ahí. Llamé a mi mamá para contarle que me iba y no me creía. Nadie me creía mucho. Fue una decisión rápida, como una señal de que tenía que partir y llegué acá con la Sol y el Ruso”. Levanta la vista y sus ojos color avellana se clavan en las fotografías sobre la chimenea.
Hoy conduce el pódcast Cómo va a terminar esto, junto a Pablo Reveco, y es locutora de la radio Mirasol. “Los pódcasts te permiten no tener una línea editorial y uno puede ser quien es, cosa que no siempre te permiten los canales tradicionales. Es mucho más libre y me encanta”.
¿Hay algún tema que no toquen?
Yo no le hago el quite a los temas. Siempre me importó tener una opinión y un rol social en los medios. Me llama la atención la violencia que generan las redes sociales por cualquier cosa. La mayoría son buena onda, pero también los hay del corte “está vieja, qué le pasó”. Eso es bien violento y pasa a todo nivel. El pelar, el hablar mal de otros, ha estado siempre, pero lamentablemente las redes lo han amplificado.
¿Cómo es tu relación con las redes?
Las redes son muy tóxicas. La serie Adolescencia mostró una resonancia de realidades que están pasando. Menos mal que yo me crie en Argentina en una escuela pública, donde tenía la posibilidad de hacer natación y teatro, ahí nace mi vocación. Todos teníamos oportunidades, las que no teníamos lucas y las que sí tenían, y estábamos todos mezclados. La segregación acá en Chile es horrible, la desigualdad es radical. Por eso siempre he dicho que la cultura y el deporte son la base de una sociedad más sana.
El rol social siempre ha estado presente como comunicadora, ¿qué te motivó a presentarte a la alcaldía de Algarrobo?
Yo creo que lo mismo. Nos convenció un político adorable, Roy Crichton, no sé cuántos cafés nos tomamos juntos, porque yo no había pensado en la posibilidad de ser alcaldesa. Aunque duró poco, fue una pasión, estábamos armando el proyecto, pensando en el equipo, con una sensación de un pulso ciudadano de que íbamos bien y que había una necesidad de cambio y eso fue súper estimulante.
En ese tiempo dijiste estar “muy confiada”, pero dos meses después te bajaste por motivos personales. ¿Qué pasó ahí?
Fueron señales políticas, hubo un cierto abandono, lo lamenté harto. Me di cuenta de que hipotecar mi tranquilidad mental y del alma, no valía la pena, el costo era demasiado alto. No sé si hay voluntad para cambiar las cosas. Hacer Estado, ya sea en un municipio o en la presidencia, es muy complejo. El engranaje interno es devastador.
¿Te refieres a favores políticos?
La monedita de cambio siempre existe. Siento que hay que hacer una deconstrucción en la política. No es posible que tengamos más de 150 diputados en el Congreso. Es grosero tener esa cantidad, donde muchos se dan gustos personales que no tienen que ver con el colectivo social. Eso es desconectar con la realidad de la gente.
¿Sigues creyendo que Algarrobo necesita lo que tú podrías haberle dado?
Absolutamente. Cuando conoces la comuna, devolverle la belleza en el amplio y profundo sentido de la palabra, el valor del vecino, tener oportunidades para que la gente no emigre de acá, que tenga un sentido de pertenencia. Uno se enamora de esta comuna, no dejo de observarla. Me encantaría que tuviera un teatro, que tuviera un centro deportivo importante para que todos los niños de acá supieran nadar. Eso requiere esfuerzo, gestión y voluntad.
¿Es un capítulo cerrado?
Uno nunca sabe.
EL ABUSO NO ES UN ESPECTÁCULO
Hace años que Kathy venía dándole vueltas al tema del abuso, incluso fue parte de la Fundación Para la Confianza durante muchos años. Mientras la masticaba y le daba forma apareció el movimiento #metoo, más tarde el colectivo Las Tesis, con todo el revuelo que ello significó y todo resonó en su cabeza. Lo suficiente como para escribir un libro en plena pandemia: El abuso no es un espectáculo.
“Fue bastante terapéutico y un verdadero Exocet cuando salió. Este libro se convirtió en una herramienta muy poderosa para las mujeres. Hace poco me invitaron a un conversatorio en Ancud para hablar del libro. La fila de mujeres para que se los firmara, con la palabra en la boca “a mí también”, fue precioso. A mí se me paran los pelos cuando hablo de esto. La gente cuenta, verbaliza, se identifica, es muy potente lo que pasa ahí. Es una resonancia muy poderosa, muy tribal. La dimensión ancestral que tiene el abuso en la mujer tiene muchas formas y escenarios, no solo el abuso sexual”.
¿Qué dijo tu mamá con el libro?
Les tuve que pedir permiso a ella y a mi hermana porque la historia es con las tres de la mano. Ella me dijo escríbelo. Aunque es un libro duro, un relato duro, el proceso fue súper bonito porque coincide con mi llegada acá a Algarrobo y de seguir el camino juntas.
Pero como lo he dicho siempre, no hubiese querido tener otra historia que la que tuve, porque cuando esa historia dejó de ser una excusa me empecé a conectar con quien soy, con mis fisuras, pero sin rabia ni odio. No tengo deudas con mi papá.
¿Qué significa hoy el éxito para ti?
El éxito es una conquista diaria. Es un éxito estar acá, con mi mamá y mi hermana y seguir haciendo lo que amo.




















