En ciudades como Viña del Mar y Concón existe una realidad que hace tiempo dejó de percibirse como excepcional y pasó a formar parte del paisaje cotidiano: la proliferación de letreros publicitarios instalados en espacios urbanos donde muchas veces nunca debieron estar.
Los vemos todos los días. En bandejones centrales, rotondas, cruces y avenidas altamente transitadas. Están tan incorporados a la rutina visual de nuestras ciudades que dejamos de cuestionarlos. La contaminación visual terminó normalizándose silenciosamente, como si fuera parte inevitable del entorno urbano.
Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad existe un problema mucho más profundo. El 90% de estas estructuras no cuenta con autorización de la Dirección de Obras Municipales (DOM) , pese a encontrarse en zonas donde la normativa restringe y prohíbe este tipo de instalaciones por razones urbanísticas y de seguridad vial definidas por el Plan Regulador y Ley de Tránsito. Según el Plan Regulador Comunal de Concón, las únicas intersecciones permitidas para estos fines son : Av. Concón Reñaca con Blanca Estela; Av. Manantiales con Av. Magallanes y Av. Magallanes con Av. Blanca Estela ( excluye rotondas).
No se trata únicamente de un tema estético. Muchas de estas estructuras pueden afectar la visibilidad de los conductores, interferir con señales de tránsito o transformarse derechamente en elementos de riesgo y distracción en espacios pensados para la circulación y protección de las personas. La propia Ley de Tránsito 18.290 establece restricciones expresas respecto de elementos instalados en bandejones y zonas que puedan alterar la seguridad vial.
El problema deja de ser abstracto cuando recordamos que, en junio de 2021, tres personas fallecieron tras impactar un poste publicitario ubicado en el bandejón central de Av.Libertad con Benidorm. Más allá de las responsabilidades específicas de aquel hecho, resulta inevitable preguntarse cuánto nos hemos acostumbrado a convivir con estructuras instaladas en lugares que debieran privilegiar seguridad y visibilidad antes que explotación comercial.
Estas estructuras son fácilmente identificables. Su fiscalización y eventual retiro no requieren complejos procesos técnicos. Aun así, muchas permanecen instaladas durante años sin un control efectivo, mientras la ciudadanía simplemente aprende a convivir con ellas. Las calles están saturadas. A modo de ejemplo, en Av.Gastón Hamel y Av.Vicuña Mackenna en Reñaca , no están autorizados letreros de ningún tipo (incluídos los terrenos privados).
La situación se vuelve todavía más contradictoria cuando, desde Departamentos de Rentas de cada municipio, se cobran derechos asociados a soportes que no necesariamente cuentan con autorización de la DOM. Cobrar derechos no transforma automáticamente una estructura en legal, y confundir ambos conceptos solo contribuye a profundizar una sensación de normalidad frente a situaciones que merecen mayor revisión.
Las empresas avisadoras deben saber que el pago de derechos municipales no reemplaza ni acredita legalidad. La única garantía real de que un soporte cumple la normativa es exigir la autorización correspondiente para su ubicación específica de parte de la DOM.
Porque el espacio público es parte de la ciudad que compartimos, del paisaje que vemos todos los días y, finalmente, de la calidad de vida con la que decidimos convivir. Cuidemos nuestro barrio.
Tal vez llegó el momento de que las propias marcas y avisadores comiencen a hacerse una pregunta básica: dónde están instalando su publicidad y bajo qué condiciones.


















