En Marbella, el arquitecto José Pedro Vicente reinterpretó una segunda vivienda a través de un proyecto que prescinde de los espacios formales, prioriza la integración y pone el encuentro familiar en el centro del diseño. Una casa pensada para escapar de la rutina y habitar desde la libertad.
Texto María Inés Manzo / fotografías gentileza José Pedro Vicente y Nacho Severín
Ubicada en la Etapa S de Marbella, Casa Traviesa surge como un proyecto que cuestiona las convenciones tradicionales de la vivienda, especialmente aquellas asociadas a la segunda residencia. Diseñada por el arquitecto José Pedro Vicente Groetaers, esta casa de 375 m² construidos sobre un terreno de 875 m² propone una arquitectura más honesta, flexible y conectada con la familia.
“Casa Traviesa fue un encargo para una segunda vivienda y, en ese sentido, busca romper con la formalidad de los espacios tradicionales y generar un ambiente que invite a desconectarse de la rutina cotidiana. Aquí no se trata de replicar una casa ‘oficial’, sino de permitir una forma de habitar más relajada, menos estructurada, donde el uso real de los espacios sea el punto de partida del diseño”, explica el arquitecto.
VIDA FAMILIAR
La decisión más radical del proyecto es también la más reveladora, pues no existe un living ni un comedor formal. En su lugar, todos los espacios se articulan en torno a la cocina, entendida como el verdadero centro de la vida familiar.
“Consiste en una casa sin living ni comedor. ¿Para qué sumar metros cuadrados en espacios que se ocupan muy poco o simplemente no se ocupan? En este caso, más que una cocina integrada, proyectamos todos los recintos integrados a la cocina. Esta última es el corazón de la casa y articula completamente su funcionamiento y la forma en que se vive el día a día”, detalla José Pedro.
Esta lógica responde a una comprensión del modo de vida de la familia y a una visión del diseño que va más allá de lo estético. “El diseño tiene responsabilidades que van mucho más allá de la forma o del costo. Aquí se priorizó la integración de los espacios para fomentar el encuentro familiar, considerando además una etapa vital en la que cuesta más compartir tiempos comunes. Cada proyecto es un traje a la medida, por lo tanto, cada familia incorpora los recintos que realmente necesita y no aquellos que damos por hecho que debe tener una casa”.
“La integración busca calidad de vida familiar. Tus invitados son los que realmente quieres que vayan y ellos pasan a ser parte de la integración. No hay un secreto ni una receta para conseguir este desenlace, tampoco la integración tiene una única definición. El diseño debe atender con mucha atención el cómo quiere vivir cada familia y responder a eso con coherencia”.
DECISIONES MÁS CONSCIENTES
El interiorismo, a cargo de la arquitecta Soledad Johnson, fue concebido desde el inicio como una capa estructural del proyecto y no como un complemento decorativo posterior.
“El interiorismo es una de las especialidades de cada proyecto y no una tarea que entra al final a maquillar. Participa desde las reuniones iniciales y en las visitas a terreno, porque un ambiente especial se construye a partir de la forma, las dimensiones, los materiales y la iluminación. Cuando estas decisiones se dejan para el final, muchas veces ya no se pueden ejecutar correctamente”, explica Vicente.
Por otro lado, la estructura del proyecto se resolvió mediante paneles de hormigón prefabricado, pero impuso restricciones propias de un país sísmico, condicionando algunas decisiones espaciales.
“Al utilizar paneles de hormigón prefabricado, las restricciones estructurales son mayores. Muchas ideas propuestas no se pudieron hacer, por lo que el menú fue más acotado, pero no por eso menos interesante. Al contrario, estas limitaciones obligan a afinar el diseño y a tomar decisiones más conscientes”, comenta.
Además, el contexto climático y paisajístico de Marbella fue determinante en el diseño arquitectónico. “Marbella es un poco helado y ventoso, pero también tiene un entorno privilegiado. Se utilizaron grandes ventanales para captar luz natural e integrar visualmente la vegetación y la cancha de golf. Todo esto debió combinarse con elementos estructurales de sujeción, sin que se manifestaran como soluciones irruptivas, manteniendo siempre una lectura limpia del proyecto”, detalla.
“Finalmente, las celosías buscan apoyo estructural y, al mismo tiempo, generar un corte al viento. Se manifiestan como quiebra-vistas que permiten disfrutar del paisaje sin exponer la intimidad de un día familiar, equilibrando apertura y resguardo”, añade.
NUEVAS FORMAS DE VIVIR
En cuanto a materialidad, la casa responde a una normativa clara: el blanco absoluto característico de Marbella. “Toda la obra civil debía ser blanca. Es una restricción que, en cierto modo, te amarra las manos, pero que también enfatiza un orden global. La uniformidad de las edificaciones mediterráneas habla de identidad, de coherencia visual y de una integración armónica con el paisaje, donde el conjunto potencia a cada obra individual”, reflexiona Vicente.
Por otro lado, la cercanía con Santiago y la buena conectividad transforman esta segunda vivienda en un espacio de uso frecuente. “Esto permite habitarla prácticamente todos los fines de semana y, con el home office, hablamos incluso de fines de semana extendidos. Es una segunda vivienda con ganas de ser primera, lo que refuerza la idea de que la informalidad no es algo excepcional, sino una nueva forma de vivir”, señala.
Finalmente, Casa Traviesa se inscribe en una transformación más amplia de la manera de concebir la vivienda contemporánea. “La concepción de la vivienda ha cambiado. Antes respondía a estándares formales y restrictivos; hoy, cada proyecto debe ser una respuesta directa a la familia que lo habita. No se trata de replicar modelos tradicionales, sino de crear espacios auténticos, funcionales y coherentes. Es el proyecto el que se adapta a la familia y no al revés”, concluye.
FICHA TÉCNICA
Proyecto: Casa Traviesa
Ubicación: Etapa S, Marbella
Superficie Terreno: 875m2
Superficie Proyecto: 375m2
Instagram: @vicentearquitectos
José Pedro Vicente Groetaers es arquitecto de la Universidad Viña del Mar y Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Ha desarrollado una destacada trayectoria académica y profesional, con estudios en Barcelona y París, y numerosos premios nacionales e internacionales por su obra residencial. Su trabajo ha sido publicado en Chile, España y Colombia, combinando práctica, docencia y reflexión crítica.





















