Lo que comenzó hace más de diez años como un emprendimiento familiar hoy se consolidó con una planta de veinte tres mil metros cuadrados y una operación que busca ampliar la gestión de residuos reciclables en la Región de Valparaíso. Cristopher Villarroel, cofundador de ReACCIONA, repasa un camino marcado por el aprendizaje, la educación ambiental y la perseverancia.
Por María Inés Manzo C. / fotografía Javiera Díaz de Valdés
Cuando Cristopher Villarroel y su padre comenzaron a trabajar con residuos de la construcción, en 2016, sabían poco de una industria que en Chile todavía estaba dando sus primeros pasos hacia una mayor regulación y profesionalización. Partieron con sus propios vehículos, retirando materiales (plásticos, latas, vidrios, etc.) y buscando alternativas para recuperarlos. En el camino entendieron que reciclar no bastaba. Había que educar, generar conciencia, conseguir permisos, profesionalizar los procesos y construir un modelo capaz de sostenerse en el tiempo.
Más de diez años después, esa pequeña empresa familiar vive un momento muy distinto. Ganadores del tercer lugar en los Premios Verdes, Miami, por crear territorios sustentables (2022), ReACCIONA hoy cuenta con un equipo de alrededor de veinte personas y avanza en la construcción de una planta de veintitrés mil metros cuadrados en el sector de Lajarilla en Reñaca Alto. Un proyecto que permitirá ampliar la recepción, clasificación y trazabilidad de residuos reciclables y que, al mismo tiempo, busca transformarse en un espacio abierto a la innovación, la colaboración y la educación ambiental.
“Nos dimos cuenta muy rápido de que no sacábamos nada con implementar reciclaje si las personas no sabían qué reciclar ni cómo hacerlo. Tuvimos más de cincuenta jaulas para botellas plásticas y, aunque los letreros indicaban claramente qué depositar, encontrábamos pañales, ropa, cartón o vidrio. Ahí entendimos la importancia de educar. Hemos realizado muchas limpiezas de playas; talleres con niños, juntas de vecinos, adultos mayores y jóvenes. Hoy vemos que las nuevas generaciones tienen otra relación con estos temas. Hay jardines donde los niños hacen compost, reciclan sus residuos orgánicos y meten las manos a la tierra. Eso nos da esperanza”, cuenta Cristopher Villarroel.
PROFESIONALIZAR EL RUBRO
“Antes se veía mucho al reciclador informal y hoy existe una estructura mucho más exigente. A las empresas y municipios se les pide una correcta gestión de residuos y a nosotros, como gestores, también se nos exige estar formalmente constituidos, contar con trabajadores, contratos, elementos de protección personal, prevención de riesgos y permisos. Eso es positivo porque obliga a profesionalizar el rubro. Nosotros también tuvimos que mutar desde un modelo mucho más artesanal hacia una empresa estructurada y con mejoras continuas”.
¿Cómo ha sido construir una empresa familiar?
Es complejo porque existe un choque generacional, pero por otro lado nos complementamos muy bien. Yo vengo del área de Ingeniería Comercial y fui incorporando una mirada más técnica en informes, plataformas, administración, tecnología y estructura empresarial. Mi padre tenía mucha experiencia de terreno, contactos y relación con empresarios. Hoy tenemos áreas distintas, yo veo más la parte administrativa, comercial y financiera, mientras él está más enfocado en los avances de la planta, los materiales y las proyecciones. Tratamos de no mezclar la vida personal con lo laboral, aunque es difícil. Ya llevamos diez años trabajando juntos y la comunicación ha sido vital.
También han vivido momentos difíciles, ¿Qué significó atravesar esas etapas y conseguir que el proyecto finalmente encontrara estabilidad?
Sí, ha sido difícil, como todo emprendimiento. Hay mucha responsabilidad porque detrás existen trabajadores, cargos y familias. Pasamos varios años de altos y bajos e incluso hubo momentos en que estuvimos muy complicados. Antes teníamos que inventar de dónde sacar los recursos para cumplir y pagar sueldos. Pero aprendimos de los errores. Desde hace dos años empezamos a repuntar y hoy contamos con trabajos más estables y contratos de largo plazo. Tenemos una estructura más clara, recursos humanos, administración y seguridad. Nos costó estructurarnos, pero ya estamos encaminados.
Junto a ReSimple y la Municipalidad de Viña del Mar realizan la recolección domiciliaria en Reñaca Alto, Santa Julia y Achupallas, ¿Cómo funciona este sistema y qué residuos reciben?
Recolectamos botellas plásticas, cartones, latas y vidrios directamente desde los domicilios. Los vecinos cuentan con contenedores gratuitos y pueden seguir el recorrido del camión a través de una aplicación. También tenemos contenedores de mayor capacidad para condominios, amarillos para reciclables y verdes para botellas de vidrio. Es un sistema que facilita el reciclaje y que va siempre acompañado de educación ambiental.
IMPACTO AMBIENTAL
“Nuestro nuevo recinto está destinado a la recepción de residuos reciclables de la Región de Valparaíso. La idea es que ingresen los camiones, podamos pesar y registrar los residuos, acopiarlos, segregarlos y luego enviarlos para su valorización y generación de nuevas materias primas. Estamos preparando los patios, instalando el sistema de pesaje y desarrollando toda la infraestructura necesaria. Queremos que cada camión tenga trazabilidad; saber qué tipo de residuo trae, cuántos kilos son, de qué empresa proviene y cuál es su impacto ambiental”.
La planta también tiene una particularidad, parte de su propia infraestructura incorpora materiales recuperados…
Sí. Tratamos de recuperar la mayor cantidad de residuos posible. La oficina tiene revestimientos provenientes de Tetra Pak que funcionan como aislante termoacústico y tanto el galpón como la oficina incorporan ecoladrillos en sus bases. También hemos reutilizado pallets, planchas provenientes de la construcción y otros materiales. Incluso recuperamos unos antiguos muelles que vamos a utilizar como superficie para un patio de acopio. Siempre decimos que “lo que para uno es basura, para otro puede ser un tesoro”.
¿Qué capacidad les entrega esta planta para enfrentar los nuevos proyectos que vienen?
Tenemos bastante espacio y estamos preparados para recibir grandes cantidades de residuos diariamente. Hoy gestionamos más de treinta mil kilos mensuales y la intención es duplicar esa cantidad. Los contratos que vienen son de largo plazo, por lo que este es nuestro piso para seguir creciendo. Es un proyecto completamente escalable y estamos incorporando más tecnología, equipamiento y mejoras para hacer que el flujo de ingreso y salida de los camiones sea lo más eficiente posible.
Uno de los proyectos que quieren desarrollar es abrir la planta a colegios y comunidades…
Queremos hacer una especie de tour donde los niños puedan conocer todo el proceso. Que vean desde la recolección y el transporte hasta el pesaje, la clasificación y el destino final del residuo. Incluso pensamos que puedan pagar simbólicamente su entrada con una tapita o algún residuo reciclable. Nuestra meta es mostrar las distintas etapas del reciclaje y que puedan ver un proceso real. Nos estamos estructurando para poder entregar ese aprendizaje, especialmente a las nuevas generaciones.
Por otro lado, la planta está disponible para universidades, empresas, asociaciones, estudiantes, emprendedores, ONG y fundaciones que tengan ideas o proyectos vinculados al medio ambiente. Podemos facilitar un espacio y condiciones básicas para desarrollar iniciativas. Ya hemos colaborado con proyectos de innovación y creemos que este lugar puede servir para probar nuevas soluciones. Nosotros no podemos hacerlo todo, por eso son importantes las alianzas estratégicas y el trabajo colaborativo.
¿Cuál es su gran sueño?
Hoy estamos en una etapa de crecimiento. Hemos conseguido nuevos permisos y resoluciones que nos permiten ser más competitivos y asumir proyectos mayores. Tenemos una estructura mucho más sólida y un equipo comprometido. También entendimos que para mantenerse hay que evolucionar constantemente, cumplir con las exigencias y estar atentos a las nuevas oportunidades. Los residuos siempre se van a generar y siempre van a existir nuevas soluciones para recuperarlos.
Por eso queremos que esta planta sea una solución ambiental disponible para la región y también para el país. Santiago está mucho más avanzado en esta materia y aquí en la Región de Valparaíso todavía queda muchísimo por hacer. Queremos seguir creciendo, incorporar más tecnología y equipamiento, recibir nuevos proyectos y abrir este espacio a la comunidad. La idea es que empresas y personas sepan que existe una alternativa local, formal y responsable para gestionar sus residuos y asegurarse de que efectivamente entren en una economía circular y no terminen en una quebrada, un cerro o una playa.
+115 toneladas de residuos reciclados
+7.000 personas capacitadas en talleres
+10.000.000 kilogramos de CO2 ahorrados





















