Todos hemos escuchado alguna vez la expresión «hacer la cuenta de la vieja». Generalmente se usa para hablar de cálculos rápidos y simples. Pero, curiosamente, esa «cuenta» puede transformarse en una de las mejores herramientas para saber si un negocio va por buen camino… o si se está metiendo en problemas.
Yo siempre les recomiendo a los emprendedores hacer un ejercicio muy sencillo cada tres meses.
Imagina que hoy decides cerrar tu empresa. No porque esté quebrando, sino simplemente como un ejercicio. Ahora hazte estas preguntas: ¿Cuánto dinero tienes en el banco? ¿Cuánto efectivo hay en la caja? ¿Cuánto vale la mercadería que tienes? ¿Cuánto te deben tus clientes? ¿Qué otras cosas posee la empresa y cuál es su valor? Eso es lo que tienes.
Ahora viene la otra parte. ¿Cuánto debes a los proveedores? ¿Al banco? ¿Al SII? ¿A los trabajadores? ¿A otras personas o empresas? Cuando restas todo lo que debes a todo lo que tienes, aparece la respuesta más importante de todas: tu patrimonio.
Si el resultado es positivo, significa que tu empresa vale algo. Si es negativo, es una señal de alerta. Quiere decir que debes más de lo que tienes. Lo curioso es que muchos emprendedores saben exactamente cuánto vendieron este mes, pero no tienen idea de cuánto vale realmente su empresa.
Y no es lo mismo. Puedes vender mucho y, aun así, estar perdiendo patrimonio. También puedes vender un poco menos, pero estar construyendo una empresa cada vez más sólida.
Por eso recomiendo repetir este ejercicio cada tres meses. No una vez al año cuando llega el balance o cuando el contador entrega los números. Hazlo cuatro veces al año y guarda el resultado. Compara los números.
¿Tu patrimonio aumentó? Excelente. ¿Se mantuvo igual? Hay que revisar qué está pasando. ¿Disminuyó? Es momento de tomar decisiones antes de que el problema sea mayor.
Lo bueno de esta «Cuenta de la Vieja» es que no necesitas ser contador ni entender complejos estados financieros. Solo necesitas saber, con la mayor honestidad posible, qué tienes y qué debes.
Los grandes empresarios revisan, permanentemente, el valor de sus empresas. Los pequeños emprendedores, muchas veces, solo miran las ventas del día. Y ahí está la diferencia.
No te obsesiones solo con vender más. Preocúpate de que, cada tres meses, tu empresa valga más que el trimestre anterior. Porque al final, el verdadero éxito de un negocio no se mide por cuánto vende… se mide por el patrimonio que va construyendo con el tiempo.














