Cuando todo se reducía a velocidad y furia en medio del apogeo del thrash metal que lideraban, Metallica decidió que su tercer álbum merecía mejores terminaciones que Kill ‘em all (1983) y Ride the lightning (1984). En vez de trabajar apurados en algún estudio de la costa oeste con las tentaciones de la vida diaria a mano —beber cerveza como si estuvieran conectados a un grifo, en su caso—, decidieron encerrarse en un estudio de Copenhague para convertir esas canciones en una prueba de sus avances como compositores e intérpretes. Master of puppets, lanzado el 3 de marzo de 1986, no sólo se convirtió en el mejor trabajo de su discografía, sino que transformó las expectativas del subgénero que estaba relevando al tradicional heavy metal, por aquel entonces víctima de una estética travestida cortesía de Mötley Crüe. La escena de San Francisco, la brutalidad de la guerra, historias de terror, inspiraciones cinematográficas y hasta lesiones deportivas, alimentaron las temáticas de una obra inapelable que, en 2015, fue seleccionada por la biblioteca del congreso estadounidense para ser preservada en el Registro Nacional de Grabaciones por su significación cultural, histórica y estética.
La primera andanada, Battery, hacía referencia al 444 de Battery Street, la dirección del Old Waldorf, local donde Metallica se fogueó en sus inicios. El corte homónimo se descifra como una referencia a los conflictos armados en la tradición de la seminal War pigs de Black Sabbath, pero también tiene una doble lectura en torno a cómo podemos ser presa de adicciones diversas —alcohol, drogas, sexo, apuestas— hasta convertirnos en marionetas. El personaje de Jack Nicholson en Atrapados sin salida (1975) —el único cuerdo en un recinto psiquiátrico— inspiró Welcome home (sanitarium), en tanto Disposable heroes no tiene el perfil bélico que se podría suponer, sino que alude al castigo físico sufrido por los jugadores de fútbol americano.
El sonido macizo y cortante y, sobre todo, la ambición progresiva del material que originalmente iba a ser producido por Geddy Lee de Rush (sociedad que no se concretó por problemas de agenda), grafican que Metallica ya pensaba fuera de su zona de confort. La muerte del bajista Cliff Burton, en septiembre de 1986, golpeó brutalmente al grupo, pero no alteró su magnánimo destino.





















