Florencia  

“Los Médicis tenían el control absoluto de la ciudad. Si bien un porcentaje importante de sus arcas eran destinadas a fomentar y financiar el arte, esta misma fortuna se destinó a reordenar y diseñar algunos puntos de la ciudad”.

De Florencia, podemos rescatar muchos personajes, edificaciones y acontecimientos, sin embargo, existe una historia que agrupa los tres en un mismo escenario. De personajes, rescatamos a los Médicis y de edificaciones, el Puente Viejo. Dejemos el enunciado en pausa para irnos a la realidad de aquel entonces.

Comercio, griterío y falta de higiene era lo que se podía describir del espacio público en Florencia en los años mil trescientos. Las calles se llenaban de actividades comerciales carentes de preocupación, criterio y respeto a sí mismos. Desperdicios al río, moscas y basura ambientaban la ciudad dando cuenta de no entenderla como algo propio, sino como un soporte que les daba la posibilidad de lucrar o sobrevivir. Si hoy en día vemos ciertas conductas carentes de prudencia, podemos imaginar fácilmente la habitabilidad y sus consecuencias de una sociedad con setecientos años de involución.

Sobre este escenario, se encontraba una acaudalada familia de comerciantes. Los Médicis tenían el control absoluto de la ciudad. Si bien, un porcentaje importante de sus arcas eran destinadas a fomentar y financiar el arte —transformando a Florencia en una de las ciudades más interesantes del viejo continente — esta misma fortuna se destinó a reordenar y diseñar algunos puntos de la ciudad, obviamente, a su gusto y conveniencia.

Cuenta la historia, que el Puente Viejo, exento de impuestos, no daba abasto a la desbordante demanda de locatarios, donde la oferta se focalizaba, principalmente, en carnes, aromatizando el entorno. Frente a esto, la familia mencionada reemplazó las carnicerías por joyerías, tanto para sanitizar como para enaltecer el lugar. Adicionalmente, sobre los nuevos locales comerciales, construyeron un pasadizo privado, que no solo recorre parte importante de la ciudad, sino también, evidencia la comunicación entre su residencia y el comercio e instalaciones gubernamentales.

Reemplazar un local en beneficio de la ciudad, tiene toda lógica. Fomentar el arte con su mecenazgo, es un aporte gratificante, sin embargo, lo anterior, no justifica que la ciudad se adapte a intereses particulares. El tema es que, pese a lo arbitrario, Florencia lo agradece. Son estas intervenciones, en gran parte, las que la catapultan como punto de interés y destino turístico.