Desde el viernes 24 al domingo 26 de abril, el reconocido artista chileno, llega a Hotel Isla Seca con un workshop exclusivo de La Cuna del Arte que invita a explorar el proceso creativo desde la cercanía, la experiencia y la sensibilidad. Una instancia donde el arte deja de observarse y comienza a vivirse.
Con más de tres décadas de trayectoria en Chile y el extranjero, Matías Vergara ha construido un lenguaje artístico que cruza pintura, escultura y técnicas mixtas, siempre desde un lugar profundamente ligado a la memoria, lo cotidiano y la experiencia personal. Su trabajo no solo se observa, sino que se piensa, se siente y se atraviesa.
En abril, el artista será parte de la programación 2026 de La Cuna del Arte con el workshop “El hoy subyacente y ahora para siempre”, que se realizará entre el 24 y el 26 de abril en el Hotel Isla Seca de Zapallar. Una instancia íntima que propone explorar el proceso creativo desde la observación, el diálogo y la experiencia colectiva.
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En esta conversación, Vergara profundiza en su método, en la importancia de la honestidad y en la necesidad de volver a mirar hacia adentro para crear.
SU PROPIA VOZ
“Me interesa es que cada uno encuentre su propia voz. Y eso, inevitablemente, implica mostrar también mi forma de pensar, mi sensibilidad, algo que no siempre se puede explicar en palabras”.

En un momento donde el arte muchas veces se observa a distancia, ¿qué significa para ti abrir tu proceso creativo y compartirlo en un formato tan cercano como este workshop?
Para mí no es algo tan ajeno, porque durante 28 años hice clases y trabajé con cientos de alumnos, entonces siempre ha existido esa dimensión de compartir. Pero lo importante aquí no es enseñar a replicar una técnica, sino proponer una metodología de trabajo. Cuando tú enseñas desde ese lugar, lo que haces es escarbar en cada persona para que encuentre su propia manera de expresarse, no que termine haciendo lo mismo que el profesor.
Esto rompe con la lógica más antigua de la enseñanza del arte, donde todos terminaban pintando como el maestro. Aquí lo que me interesa es que cada uno encuentre su propia voz. Y eso, inevitablemente, implica mostrar también mi forma de pensar, mi sensibilidad, algo que no siempre se puede explicar en palabras, sino que ocurre en la práctica misma, en el hacer.
¿Qué aspectos de tu proceso —más allá de la técnica— te interesa revelar a los participantes de este encuentro?
Me interesa principalmente generar inquietudes. Más que entregar respuestas cerradas, lo que busco es abrir preguntas: cómo buscar, desde dónde buscar, cuáles son las alternativas que tiene cada persona para expresarse. Muchas veces la gente cree que necesita técnica, cuando en realidad lo que falta es claridad respecto a qué quiere decir.
En ese sentido, mi trabajo es ayudarlos a conceptualizar, a encontrar un propósito en lo que hacen. Y eso muchas veces está en lo más cotidiano, en cosas que han vivido pero que no han sabido mirar. A partir de ahí se empieza a construir un camino. Es un proceso que mezcla lo técnico, lo conceptual, pero también lo emocional e incluso lo espiritual. Finalmente, se trata de movilizar una energía que todos tienen, aunque muchos no lo sepan.
La propuesta de La Cuna del Arte pone énfasis en la experiencia íntima. ¿Qué valor le das a estas instancias dentro del desarrollo artístico actual?
Les doy muchísimo valor, porque el mundo del arte no siempre es ese espacio colaborativo o sensible que uno podría imaginar. Hay muchas dinámicas que se alejan de esa idea más humana del arte. Por eso, generar instancias donde las personas puedan reunirse, abrirse, compartir sus inquietudes y poner sobre la mesa lo que les pasa, es fundamental.
Cuando ese proceso se hace de manera colectiva, se enriquece aún más. Primero está el ejercicio de escarbar en uno mismo, de entender qué hay ahí, y luego viene la traducción de eso en una obra. Pero lo más importante no es la obra en sí, sino ese primer momento de honestidad. El arte, en ese sentido, se transforma en un lenguaje que permite convertir lo interno en un mensaje hacia afuera.
IDENTIDAD PROPIA
“El arte requiere tiempo, paciencia y una disposición real a atravesar momentos complejos. Pero es justamente ahí donde aparece algo propio, algo verdadero”.

¿Qué esperas encontrar en los participantes que asistirán al workshop?
Principalmente, apertura. Que no lleguen pensando que esto es solo una instancia para aprender a pintar, aunque evidentemente vamos a trabajar en eso. Lo verdaderamente valioso está en lo que se puedan llevar desde el punto de vista conceptual, en la manera de mirar y entender su propio proceso.
Si alguien se queda solo en la idea de producir una obra durante esos días, probablemente se pierde gran parte de la experiencia. En cambio, si se abren a escuchar, a cuestionarse y a incorporar nuevas formas de pensar el arte, entonces el aprendizaje se vuelve mucho más profundo y duradero. Lo importante no es lo que hagan ahí, sino lo que puedan seguir desarrollando después.
En tu experiencia, ¿Cuál es la principal barrera que tienen hoy las personas para acercarse al arte?
Más que una barrera única, creo que hay una diferencia importante entre quien pinta por entretención y quien decide asumir el camino del arte. En este último caso, hay dos aspectos clave: uno es la honestidad absoluta, incluso dolorosa. Ser capaz de mirarse sin filtros y construir desde ahí una identidad propia.
El otro tiene que ver con entender que este es un camino largo, exigente, muchas veces frustrante. Hoy existe una tendencia a buscar resultados rápidos, referencias inmediatas, especialmente a través de redes sociales, y eso va en contra de un proceso más auténtico. El arte requiere tiempo, paciencia y una disposición real a atravesar momentos complejos. Pero es justamente ahí donde aparece algo propio, algo verdadero.
¿Cómo influye el entorno —como Zapallar— en el proceso creativo durante el workshop?
El entorno influye, pero no porque sea Zapallar en sí, sino por la capacidad que tengamos de observarlo. Cada lugar tiene su identidad, y lo importante es aprender a verla, a elegir qué nos llama la atención, qué nos emociona, qué nos moviliza.
Eso podría ocurrir en cualquier lugar, pero aquí vamos a trabajar desde esa sensibilidad: no solo mirar, sino realmente ver. Entender qué elementos del entorno pueden dialogar con nuestro propio proceso interno. El paisaje, la luz, el ritmo, todo puede convertirse en materia prima si uno está dispuesto a percibirlo de manera más consciente.
Finalmente, ¿qué te gustaría que cada participante se lleve al terminar la experiencia?
Más que una obra terminada, que puede ser simplemente un reflejo de esos días, me interesa que se lleven una herramienta real de trabajo. Por eso insisto mucho en la idea de la bitácora o croquera. Ese registro es, en el fondo, el verdadero tesoro de cualquier artista.
Ahí queda todo: ideas, apuntes, reflexiones, imágenes, incluso cosas que uno recoge en el camino. Porque en una experiencia así, uno no retiene todo; tal vez un 15% queda en la memoria. Pero si eso se registra, se puede volver a revisar, a reinterpretar, a seguir trabajando con el tiempo. Esa bitácora es lo que permite que el proceso no termine cuando se acaba el workshop, sino que continúe creciendo mucho después.
- Workshop “El hoy subyacente y ahora para siempre”
Artista: Matías Vergara / www.instagram.com/matiasvergara_art
Fecha: viernes 24 al domingo 26 de abril de 2026
10% de descuento para los lectores de Tell Magazine (indicar el código: Tell2026)
www.instagram.com/lacunadelartechile
www.lacunadelarte.cl





















