Bárbara Giangrandi: la historia detrás de los grandes personajes

Desde su vereda construyó una manera propia de contar la historia, buscando aquello que los libros muchas veces dejan fuera: las contradicciones, las pasiones, los dolores y las pequeñas historias detrás de los grandes personajes. Su misión es contagiar esa curiosidad para que volvamos a mirar el pasado —y también nuestro presente— con otros ojos.

Por Macarena Ríos R./ fotografías gentileza entrevistada

 Escucharla hablar, con esa mezcla de pasión y desenfado, debe ser lo más parecido a asistir a una de sus singulares Tertulias Históricas, donde el rigor convive con las anécdotas, el humor, las curiosidades y esos episodios de la vida privada de los personajes que los libros de historia suelen dejar fuera.

“Yo estoy fascinada creciendo, cada día, cada año que pasa me sofistico más, encuentro fabuloso ser más grande, más madura. Soy super mega híper disciplinada, soy mi propia jefa. Tengo un horario ordenado, no te voy a mentir que a veces me desordeno, soy brava para tomar pisco sour, me encantan los almuerzos distendidos, salir, conocer. Cada vez que vengo a Santiago me voy al centro a conocer un edificio nuevo”.

Al otro lado de la pantalla —y durante una hora y media— me regala una clase magistral y, también, una lección de humanidad. Gesticula, ríe, se emociona. Mientras habla, va reconstruyendo con pinceladas el camino que la ha traído hasta aquí: la niña que recibió un mapamundi de parte de su abuela cuando nació; la que soñaba con recorrer el mundo mientras pegaba en un cuaderno cientos de recortes de revistas de viajes; la que después de un viaje a Egipto, descubrió que quería ser guía turística; la que trabajó en un restaurante mexicano en Florencia; la que volvió a Chile por amor; la que rompió con la forma tradicional de enseñar y llevó la historia a otro nivel en un colegio capitalino junto a Jorge Babé; la que se juntaba los martes online con unas amigas y que bautizaron como “marketing team”; la que dice que no cree en nada, “pero a San Esteban le creo todo”; la que hace yoga todas las mañanas; la misma a la que en el mundo de la Armada le dicen “turbo paisa”.

Ella es todas esas versiones. Una paleta de experiencias, oficios, viajes, afectos y obsesiones que también aparece en sus clases, cuando pone en escena a los personajes que tanto ama. Cuando desempolva sus historias y pone foco en su dimensión más humana.

LA PALABRA VIVA

La mayor de seis hermanos, dice que tiene un don. “Yo vengo con un regalo que es el interés, el don de asombrarme. Uno no se asombra si no sabe. Nadie ama lo que no conoce. Cuando tu valoras y quieres, cuidas y generas patria, conciencia, ciudadanía. Generas comunidad y empiezas a ver con otros ojos”.

¿Cuáles fueron tus primeros pasos?
Ninguno, no sabía que hacer. ¿Qué haces con esto?, ¿dedicarme a escribir libros? Yo no sé escribir, lo mío iba más por la comunicación, pero en ese tiempo tampoco lo sabía. De chica me leyeron un diario de vida y fue bien macabro. De ahí en adelante nunca más quise escribir. Por eso hablo más que escribo. Siempre he tenido labia para contar cosas.

“Yo encontré mi camino a los 32 años, antes de eso di bote por todos lados. Clases en un preuniversitario, yoga, una estadía en Italia, el trabajo en una empresa de giras de estudio, vuelta a estudiar, esta vez pedagogía, y me cargó, lo odié, lo pasé pésimo, iba con Ravotril a las clases”.

En pandemia empezó con sus clases online. “Ahí comenzaron las tertulias. Sin Instagram, sin videos, sin nada, a puro boca a boca. El primer video que hice en Instagram fue ¿sabes quién es el del billete de luca? Y tuve como veinte mil visualizaciones, no lo podía creer, un viral epopéyico y ahí me empecé a atrever con un teléfono de mierda y sin saber editar”.

¿Qué personaje histórico te ha sorprendido?
El que más me ha marcado, por lejos, es Teresa Willms Montt, una poetisa chilena. La última clase, que la hice presencial, me pasó que la gente decía que lo que ella vivió le podría haber pasado a cualquiera hoy y la historia hubiese sido distinta. El marido le sacaba la cresta, le quitaron a sus hijos. La galla no fue rebelde, fue rebelde para la época, pero no hizo nada malo. Cada vez que hago esa clase lloro, no hay caso. Todas las veces en que mato a Teresa lloro y se me quiebra la voz. Siempre. Ese personaje me permeó por dentro.

Con Marilyn Monroe le pasó lo mismo. “No sé porqué llegué a ella. Me costó mucho enganchar, pero terminé amándola profundamente. De hecho, mis clases las termino diciendo “pucha Marilyn no te vimos, pero ahora te vemos”.

¿Qué hace que una historia del pasado vuelva a estar viva?
Enganchar con cosas que si bien son del pasado las puedes sentir hoy día. Siempre digo que para mí los mejores libros de autoayuda son las biografías, porque es una vida real que habla de una superación real, de un dolor real, pero en otra época. Seguimos siendo humanos, las emociones y sensaciones siguen siendo las mismas. Es cambiar el contexto.

¿Hay alguna época que te llame más la atención?
Para mí todo es interesante, pero he terminado metiéndome en la historia de Chile. La época de los conquistadores españoles me raya.

¿Has sentido alguna conexión inesperada con alguno de ellos?
Magallanes y Elcano; esa vuelta al mundo siento que fue más osada que llegar a Marte. Creo que no se le da el valor de lo que significó recorrer el mundo prácticamente a ciegas. El otro que encuentro maravilloso es a Hernán Cortés, me encantan las adaptaciones que están haciendo de ellos en la serie chilena Héroes.

Hace poco estuvo en Concepción donde dio varias charlas. Una de ellas fue sobre la vida de Javiera Carrera. “A la Javiera Carrera la encuentro demasiado empoderada, demasiado dominante, pero su historia es muy entretenida. Imagínate que ella se autoexilió en Argentina y le mandaba cartas al marido que había dejado en Chile junto a sus seis hijos y le decía lo que tenía que hacer. ¡Patúa! ¿Qué sabes de ella? Que bailó la refalosa y que bordó la bandera chilena, punto. Pero cuando queda la cagá en el Desastre de Rancagua y los hermanos Carrera se tienen que ir a Argentina ella dice chuta yo estuve detrás de todo esto y deja a su familia para acompañarlos. Ella se llamaba Francisca Javiera y Viva la Panchita era el santo y seña para saber quién era patriota y quién no. Así de importante fue”.

¿Qué historia crees que Chile no ha sabido contar?
Lota. Siento que debería ser Patrimonio de la Humanidad. Lota está absolutamente botado y abandonado, debiera ser un lugar obligado antes de las Torres del Paine. ¿De dónde salió el carbón de la guerra del Pacífico? De Lota ¡y nadie tiene idea! En Lota está viva la historia.

“¿Y de qué nos acordamos nosotros? Del Chiflón del Diablo y Baldomero Lillo, pero no hay un Baldomero Lillo sin un Matías Cousiño ni una doña Isidora detrás. ¿Por qué es conocida Isidora Goyenechea? Ahh porque hay una calle llena de restoranes. Ella hizo una fortuna y tiene una calle en Francia. Trajo la primera central hidroeléctrica a Chile, trajo los salmones, fue la que salvó el Carmenere. Y cuando empiezas a ver todo esto dices acá hay un valor importante. El contexto histórico que tiene esta mujer es tremendo”.

¿Qué mujer histórica te hubiera gustado conocer?
Muy cliché, pero de todas maneras a Cleopatra, era cultísima, hablaba idiomas, era socialista para la época, le gustaba estar con la gente, por eso aprendió a hablar egipcio, para poder comunicarse. Me gustaría tomarme un café con Hildegarda de Bingen, una mujer de la Edad Media que no conozco mucho pero que tiene una música maravillosa que recibía por gracia divina. Y a Candelaria Pérez, la primera cantinera de la época de la Confederación de 1836. Se suele pensar que la primera fue Irene Morales, pero ella vino después. Me acaba de llegar un libro novelado de esta última que se llama La costurera de la calle Lamar de Irene Padilla.

Su mayor desafío ha sido abrirse camino en un mundo académico que, según cuenta, todavía privilegia una forma tradicional, solemne y estructurada de enseñar historia. Como mujer y comunicadora, ha debido enfrentar cuestionamientos por acercar los contenidos a un público amplio y por privilegiar la comunicación por sobre la escritura académica. Sin embargo, reivindica el autoaprendizaje como una herramienta fundamental: la curiosidad y las ganas de buscar, dice, son las que finalmente permiten que el conocimiento “se quede en la piel”.

En su velador descansa el libro Javiera Carrera de Soledad Reyes, “fabuloso, lo más entretenido que hay, aunque no es novelado” y Piénsalo otra vez de Adam Grant “que tiene que ver con aprender la capacidad de reconsiderar”.

Aunque dice que no lee novelas que no estén basadas en hechos históricos, se declara fan de la fantasía. “La fantasía te permite usar la imaginación. La valoro por sobre todas las cosas, porque te abre la cabeza, porque, así como me gusta estudiar historia porque son hechos concretos, la fantasía te permite volar. Lo único que leo a veces es Tolkien”.

¿Qué se viene para más adelante?
Además de las Tertulias Históricas y charlas que doy a algunas empresas el próximo año comenzaré a hacer viajes históricos a Marruecos y a Japón con Ruta Nova. Uno de mis pendientes es leer El tiempo entre costuras para que me sitúe en el país marroquí.

¿Qué historia te gustaría que algún día se contara de ti?
La real, con lo bueno, lo malo, las pilladas del diario. Así como a mí me gusta profundizar en los personajes que investigo, siento que ninguna vida puede explicarse desde una sola arista. Para cerrar el círculo hay que entrar hasta el fondo, mirar las contradicciones y aceptar que somos también el resultado de quienes pasaron por nuestra vida. Yo quizá no estaría donde estoy si no fuera por mi ex marido.

Lo de Bárbara es la palabra viva. Esa que vibra en todas y cada una de sus charlas y tertulias.

“A mí el mundo virtual me genera pánico, porque vamos a terminar todos encerrados en nuestras casas llenos de filtros, inventándonos un mundo que no existe. Por eso los invito a salir a la calle, por eso quiero que las tertulias sirvan para que vayamos a conocer una iglesia, para que nos sentemos con el tipo del budismo, mirar, preguntar, descubrir. Que se maravillen para que cuiden y volvamos a lo humano”.

¿Y si no hubieras sido historiadora?
Nunca hubo plan B.