El Parque Natural Gómez Carreño se convierte en el escenario perfecto para los llamados baños de bosque que hace un año organiza la sicóloga Cecilia Espínola, una terapia de origen japonés que ayuda a las personas a reconectar con la naturaleza desde la presencia, la calma y la escucha profunda. “Como guía, sostengo el espacio para que cada persona tenga su propia experiencia, a su propio ritmo. El resto, lo hace el bosque”.
Por Macarena Ríos R./ Fotografías Javiera Díaz de Valdés
Y de pronto, el bosque. La inmensidad, el silencio, el viento susurrando entre las copas de árboles centenarios que abrazan la mente, el cuerpo y el corazón, ese que aprendió a vivir con prisa.
Caminamos despacio, sin rumbo fijo, entre peumos y quillayes, pinos y eucaliptus. Sin hablar, sin celulares, sin tiempo; ese lo guardamos en el bolsillo. Caminamos como si nos diéramos un espacio para sentir distinto. De a poco, nuestros sentidos van despertando. Los árboles —los guardianes del bosque— permanecen quietos mientras una extraña paz nos inunda. “Son las fitoncidas”, dice Cecilia Espínola, nuestra guía en este, mi primer baño de bosque.
“Las fitoncidas son compuestos volátiles que liberan los árboles para protegerse de los hongos, bacterias e insectos. Cuando los inhalamos interactúan directamente con nuestro organismo y pueden disminuir la presión arterial y aumentar las células NK (natural killer), un tipo de glóbulo blanco clave en la defensa del sistema inmune. También se asocian con menor frecuencia cardiaca y reducción del estrés”, explica, mientras seguimos caminando.
Inspiro profundo.
No es casualidad que algunas personas digan que en los bosques respiramos mejor. Algunos actúan como broncodilatadores, otros hacen la función de aromaterapia natural. Las fitoncidas que mejor reconocemos son las de las coníferas, ese aromático olor que se nota, especialmente, en los días de más calor.
“Lleven su atención a las piernas, sientan sus pies”, pide Cecilia, mientras nos pasa un sobre para que vayamos guardando lo que nos llame la atención. Una hoja, una rama, una corteza en el suelo.
Las ramas crujen como huesos viejos bajo mis pisadas, mientras yo solo pienso en La vida secreta de los árboles, escrito por Peter Wohlleben, un guardabosques alemán, que dice que los árboles más antiguos cuidan a los más jóvenes, enviándoles nutrientes y ayudándolos a sobrevivir.
Pero eso da para otro reportaje.
CONECTAR CON NOSOTROS MISMOS
Cecilia es sicóloga clínica de adultos y de pareja. Un día decidió crear este proyecto al notar altos niveles de estrés en sus pacientes y en su propia vida. “Buscaba complementar la terapia tradicional con herramientas más integrales vinculadas al bienestar, como el mindfulness, el yoga y el contacto con la naturaleza”.
Estudió, leyó, se certificó en la Forest Therapy Hub y se dio cuenta de que en la región no existían iniciativas similares. “Vi la oportunidad de impulsar una metodología que promoviera la atención plena, la conexión con uno mismo y la creación de redes de apoyo”.
Hace un año comenzó a promover los baños de bosque en el Parque Natural Gómez Carreño.
“Más allá de los múltiples beneficios que hoy respaldan diversos estudios, existe una sensación profunda de conexión y bienestar que transforma. Como dice Mario Alonso Puig: “Cuando te sumerges en la naturaleza, algo profundo ocurre. Tu cerebro y tu cuerpo empiezan a relajarse y te conectas con tu esencia”. La evidencia científica demuestra que el contacto con entornos naturales reduce los niveles de cortisol —la hormona asociada al estrés crónico— y favorece áreas del cerebro vinculadas a la creatividad, la calma y la paz interior. Para mí, este proyecto representa una forma de complementar mi quehacer profesional y de aportar, desde otro lugar, un granito de arena al bienestar de la comunidad de la Región de Valparaíso”.
¿Cómo se relacionan los baños de bosque con el bienestar?
Los baños de bosque permiten disminuir el estado de alerta constante en el que muchas personas viven. Al entrar en un entorno natural y conectar con los sentidos —escuchar el viento, sentir la textura de los árboles, percibir aromas naturales, caminar lentamente— el sistema nervioso comienza a salir del modo de supervivencia y entra en un estado de mayor calma y restauración.
¿Cuál es la importancia de reconectar y volver a uno mismo?
Desde la sicología, reconectar con uno mismo significa volver a escuchar la propia experiencia interna: emociones, necesidades, límites, deseos, valores y sensaciones corporales. En la vida cotidiana muchas personas funcionan en “piloto automático”, respondiendo a exigencias externas sin detenerse a preguntarse cómo están realmente. Los baños de bosque hablan de la crisis de desconexión que estamos viviendo. Desconexión del cuerpo, del tiempo lento, del silencio, y de nosotros mismos.
SHINRIN-YOKU
“Los baños de bosque —o Shinrin-Yoku— han cobrado gran relevancia porque hoy vivimos en un contexto de sobreestimulación, estrés crónico, desconexión emocional y exceso de tiempo en ambientes urbanos y digitales. Desde la psicología y la evidencia científica, el contacto consciente con la naturaleza no solo genera relajación, sino que también favorece procesos profundos de regulación emocional, autoconocimiento y bienestar integral”.
Existen diversas iniciativas en el país, como los baños de bosque recientemente inaugurados en el Campus San Joaquín de la Universidad Católica o la guía práctica de Shinrin-Yoku editada hace un tiempo por la CONAF, en conjunto con otras instituciones.
Nos detenemos. “Cierren los ojos y escuchen”. El silencio se quiebra apenas con el trinar de los pájaros y el murmullo del arroyo. El viento parece una lluvia de alas sobre nuestras cabezas y el tiempo parece detenerse. Los músculos se relajan, la mente se aquieta. “Hay algo mucho más primitivo en la música que escuchas en el bosque”, me dirá Cecilia más tarde, “cuando las aves cantan no hay peligro y eso lo percibe nuestro cerebro”.
Atrás quedaron las responsabilidades, el trabajo, la casa, los hijos, los pendientes. Solo el verde y yo. Respiro, exhalo, observo la corteza de los árboles, las ondas que forma el agua, los patrones diseñados en cada hoja que toco. Se llaman fractales y el bosque está lleno de ellos. “El hecho de observar muchas figuras de la misma forma relaja nuestro cerebro, igual que el color verde”.
Poso mi mejilla en la corteza de un árbol mientras lo rodeo con mis brazos y me quedo ahí. El bosque tiene esa manera extraña de hacerte sentir pequeño y acompañado a la vez.
¿Qué viene a recordarnos la naturaleza?
Tantas cosas… Somos parte de algo mucho más grande que a veces nos cuesta dimensionar, también el valor de lo simple, del momento, de lo que importa. Nos invita a desconectarnos del mundo del deber y a conectarnos con el mundo del sentir. Nos recuerda la relevancia de detenernos, de escuchar otros ritmos que están presentes en la naturaleza, mucho más lentos y fluidos, y por último nos recuerda conectarnos desde lo esencial y lo relevante.
Sin darnos cuenta, ya pasaron más de dos horas. En un claro del bosque se despliega un mantel a ras de suelo: es el momento de la “ceremonia del té”, una pausa íntima para compartir, agradecer y cerrar la experiencia en comunidad.
Allí aparecen los cuatro elementos, representados a través de objetos y símbolos que evocan cualidades que buscamos integrar en nuestra vida cotidiana. El agua, presente en la infusión, simboliza el fluir, la aceptación de los cambios, la claridad y la intuición. El fuego, representado por mandarinas, habla de la pasión por la vida, la creatividad y la energía vital. El aire, simbolizado por cajitas o plumas, remite al movimiento, la comunicación y el conocimiento. Y la tierra, representada por hojas o ramas, nos conecta con la estabilidad, el sostén y la seguridad.
Es un cierre significativo: una invitación a volver al cuerpo, a los sentidos y a la gratitud por aquello que la naturaleza despierta en nosotros.
Me voy más liviana, más tranquila, más consciente y profundamente conectada conmigo misma.
“En las caminatas de terapia de bosque no se trata de hacer ejercicio ni de llegar a un destino: se trata de estar plenamente presente y experimentar el poder sanador y rejuvenecedor de la naturaleza. Ya sea que busques aliviar el estrés, encontrar equilibrio emocional o simplemente conectar más profundamente con el mundo natural, un baño de bosque es una forma sencilla pero profunda de nutrir el cuerpo y alma”. Ben Page, Association of Nature and Forest Theraphy
Recuadro
LOS BENEFICIOS DE LOS BAÑOS DE BOSQUE
- Estimula los estados de calma y de resiliencia
- Reduce la ansiedad y el estrés
- Incrementa actitudes de cuidado, empatía y de sentido de propósito de la vida
- Aumenta la energía corporal
- Mejora la concentración
- Reduce los problemas de mal dormir
- Disminuye el ritmo cardíaco y la presión sanguínea
- Fortalece la función del sistema inmune
Fuente: Pontificia Universidad Católica de Chile




















