La iglesia de Santa Maria della Visitazione, conocida como La Pietà, se erigió como símbolo de una época donde arte, música, educación y caridad se entrelazaban. Ubicada en la Riva degli Schiavoni, en Venecia, destacaba por su arquitectura barroca —una planta ovoide pensada para la acústica— y por su vínculo con el Ospedale della Pietà, uno de los cuatro hospicios de la ciudad que acogían a niños expósitos.
Allí, las niñas con talento musical recibían una formación rigurosa en canto e interpretación, integrándose como “figlie di coro” (hijas del coro). Las orquestas femeninas de estos hospicios, algo excepcional para la época, alcanzaron gran prestigio en la Venecia del siglo XVIII, convirtiéndose en uno de sus principales atractivos culturales.
Entre sus maestros destacó un joven sacerdote apodado il prete rosso, quien, impedido de oficiar misa por problemas de salud, se volcó en la música, transformándose en un extraordinario violinista. En 1703 asumió como maestro de violín en el Ospedale y, más tarde, como director de conciertos. Allí compuso gran parte de su obra —conciertos, música sacra y óperas—, muchas destinadas a las jóvenes intérpretes del coro. Su estilo, marcado por la energía y el virtuosismo, dio identidad al orfanato.
Tras décadas vinculado a La Pietà, se trasladó a Viena bajo la protección imperial. Sin embargo, la muerte de su mecenas lo dejó sin respaldo, y murió en 1741 en la pobreza, enterrado en una fosa común, sin ceremonia ni música, en la indigencia y más bien en el olvido.
A mediados del siglo XIX, investigadores de la obra de Bach notaron que este había transcrito varios conciertos de un tal Vivaldi. Sin embargo, no fue hasta 1926 que el experto Alberto Gentili descubrió 97 volúmenes de manuscritos originales del compositor. Posteriormente, las gestiones de la Biblioteca Nacional de Turín lograrían completar su producción, reuniendo más de 450 obras, entre ellas, óperas, música sacra y los conciertos de Las Cuatro Estaciones. No obstante, no sería sino hasta 1950 cuando su obra alcanzó una amplia difusión y reconocimiento a nivel mundial, en marcado contraste con el prolongado olvido en que uno de los compositores más expresivos del Barroco permaneció sumido durante casi dos siglos.
A diferencia de Vivaldi, para las “figlie di coro” que tocaban y cantaban tras las rejas del coro en La Pietà, el olvido fue distinto. Aquellas que no lograban casarse, permanecían en la orquesta o se convertían en monjas, envejeciendo entre las paredes del orfanato. Aunque el Ospedale della Pietà formó a diversas virtuosas y compositoras, poco se sabe de ellas, como Anna Bon, Vicenta da Ponte, Santa y Agata della Pietà. No obstante, dado que la mayoría de las niñas eran huérfanas, solo se les reconocía por su nombre de pila seguido de su instrumento, como Chiara dal Violino, una renombrada violinista, contralto y maestra de La Pietà; Anna Maria dal violino (Anna Maria della Pietà), alumna de Vivaldi; Gertruda della viola o Marietta del violino, todas sumamente talentosas.
Actualmente, la Iglesia de la Piedad ofrece conciertos de Vivaldi, pero en su orquesta casi no hay presencia femenina, y como recordatorio de ese olvido prolongado en la memoria, sus coros, tras las rejas de hierro forjado, permanecen silenciosamente vacíos.





















