Ojo con las ventas

Por Renzo Perocarpi

“Es más importante el margen que las ventas”

En el mundo del emprendimiento hay una obsesión silenciosa pero muy extendida: vender más. Más clientes, más movimiento, más boletas emitidas. Cuando eso ocurre, todo parece indicar que el negocio va por buen camino. Sin embargo, muchas veces esa sensación de éxito es solo una ilusión que se cae cuando llega fin de mes.

Porque un negocio no vive de las ventas, vive de lo que queda después de pagar todo.

He visto emprendimientos que facturan cifras altas y aun así viven con problemas de caja permanentes. Negocios que venden todos los días, pero que no logran pagar sueldos a tiempo, cumplir con impuestos o simplemente darse un respiro. También he visto emprendimientos más pequeños, menos visibles, que avanzan con calma, pero con márgenes sanos y decisiones bien pensadas. La diferencia casi nunca está en cuánto venden, sino en cuánto ganan realmente.

El margen es lo que le da oxígeno al negocio. Es lo que permite enfrentar meses malos, cometer errores sin que todo se venga abajo y pensar en el futuro con un poco más de tranquilidad. Sin margen, cualquier imprevisto se transforma en una crisis. Con margen, los problemas siguen existiendo, pero se vuelven manejables.

Muchos emprendedores caen en la tentación de bajar precios para vender más rápido, creyendo que el volumen compensará. Pero vender barato suele ser una carrera agotadora. Más clientes, más trabajo, más estrés y la misma plata —o incluso menos— al final del mes. A la larga, ese camino desgasta y pone en riesgo la continuidad del negocio.

Antes de pensar en crecer, abrir nuevos canales o invertir más dinero, conviene detenerse y mirar los números con honestidad. Saber cuánto cuesta producir, cuánto cuesta vender y cuánto queda realmente en el bolsillo. No para llenarse de planillas, sino para entender si el negocio está ayudando a construir una mejor calidad de vida o si simplemente se transformó en una fuente permanente de preocupación.

Vender es importante, nadie lo discute. Pero vender bien es lo que realmente marca la diferencia. Porque al final, no gana el que más vende, sino el que logra construir un negocio rentable, ordenado y sostenible en el tiempo.