Movimientos al límite

Por Jessica Luna, arquitecta

JENNIFER McCURDY

De pequeña, la ceramista Jennifer McCurdy nunca quiso ser artista; su relación con la arcilla y el dibujo fue siempre lúdica. Aunque su abuela, acuarelista y coleccionista de jarrones inusuales, la introdujo en estas artes y en el ikebana, lo que finalmente la impresionó fue un móvil de Alexander Calder: esculturas cinéticas caracterizadas por formas abstractas suspendidas en el aire, compuestas por láminas que danzan en respuesta a las corrientes, creando composiciones cambiantes en un equilibrio preciso.

Desde sus inicios fue seducida por la suavidad y crudeza de la porcelana, que le recordaban a las piedras y huesos blanqueados de la playa. McCurdy también la define como un material vivo y plástico cuando se moldea en el torno y flexible mientras se modifica

Su trabajo se ha orientado en la búsqueda de la estructura elemental de la vasija, su esqueleto, dejando que el diseño de la superficie dependa de la luz y las sombras, porque la porcelana no solo es translúcida, sino que también posee la cualidad de reflejar la luz sin llegar a ser brillante. Algunas de sus piezas exploran el equilibrio entre lo convexo y lo cóncavo mediante la absorción y reflexión de la luz, mientras que en otras incorpora pan de oro en el interior para intensificar la luminosidad y revelar nuevas curvas y patrones. Aunque McCurdy se limita a la forma torneada, trabajando básicamente dentro de un volumen esférico, afirma que solo en ese parámetro las posibilidades para crear movimiento y equilibrio en la forma de una vasija son infinitas.

En su trabajo es posible reconocer su gusto por Georgia O’Keefe (1887-1986), una de las artistas más influyentes del siglo XX, y para muchos, la Madre del Modernismo Estadounidense, particularmente conocida por sus pinturas de flores en las que fusiona la observación realista y la abstracción radical. Así mismo, en su trabajo de tallado, se puede atisbar la obra de John Briggs «Fractales: Los patrones del caos», que explora cómo la geometría fractal ha revolucionado nuestra percepción de la realidad, uniendo el rigor científico con la belleza artística, y presentándola como una nueva estética que describe la irregularidad y complejidad del mundo natural.

Y es que la artista se emociona al ver “las formas en la naturaleza, desde la caracola rota en la playa que revela su espiral perfecta, hasta la vaina de algodoncillo que brota en el campo, con sus brillantes semillas en el aire fluyendo hacia la luz del sol.” McCurdy suele explicar parte de su proceso mencionando los dichos de André Gide: “Presta atención solo a la forma. La emoción surgirá espontáneamente. Una morada perfecta siempre encuentra un habitante”.

Entonces, no se trata solo de perseguir mariposas de fugaces sentimientos, sino de construir el jardín perfecto en el que ellas quieran posarse, porque pareciera que la belleza no es un objetivo, sino que el resultado de una estructura perfecta, como en la naturaleza.

McCurdy lleva más de 45 años desarrollando el oficio de ceramista, trabajando de manera conjunta con más de 16 galerías. Tiene colecciones permanentes en más de 20 Museos y su agenda de exposiciones está completa hasta junio 2026. Actualmente reside y trabaja en un estudio junto a su casa en la isla Martha’s Vineyard, Massachusetts, experimentando constantemente con nuevas técnicas de cocción mientras supera los límites de la porcelana y sus habilidades.