Isabel Valenzuela: Sanar desde la acción

Neuropsicóloga, psicóloga clínica y coach transpersonal, Isabel Valenzuela propone un enfoque terapéutico integral que une neurociencia, acción y conciencia. Desde Concón, abre un espacio donde comprender cómo funciona el cerebro se transforma en una herramienta concreta para sanar, avanzar y volver a uno mismo.

Hablar ayuda, nombrar lo que duele alivia, pero no siempre es suficiente. Esa es una de las certezas que han guiado el camino profesional de Isabel Valenzuela, neuropsicóloga, psicóloga clínica y terapeuta en medicina complementaria, cuyo enfoque se basa en una premisa clara y profundamente humana: sanar también implica hacer.

Isabel sabe de lo que habla porque lo ha vivido en carne propia. Tras un accidente que removió profundamente su manera de mirar la vida, tomó una decisión radical: dejar Rancagua y radicarse en Concón, como un acto consciente de acción y sanación. Ese punto de quiebre la llevó a replantearse prioridades y a poner en práctica aquello que hoy transmite en su trabajo terapéutico. “En la acción está la clave. Esta decisión de llegar a la región tiene que ver con sanar y potenciar mi desarrollo como coach. Acá la playa sana y se hace necesario brindar este tipo de atenciones como el coaching y mindfulness”.

El aprendizaje continuo siempre ha marcado su ruta. Con más de quince años de experiencia y estudios en Chile y España, actualmente está cursando un doctorado en Psicología Clínica, enfocado en cómo avanzan las personas desde el hacer. “Mi propuesta de trabajo se basa en que las personas desarrollen procesos conscientes de manera integral”.

La neuropsicología le ha permitido acompañar procesos terapéuticos de forma más asertiva, especialmente en casos donde lo cognitivo, lo emocional y lo conductual se entrelazan. No se trata solo de entender qué le pasa a una persona, sino qué ocurre a nivel cerebral cuando permanece atrapada en los mismos patrones, y qué sucede cuando comienza a generar nuevas acciones.

En la consulta, Isabel observa con frecuencia cómo el ritmo de vida actual mantiene a las personas en un estado de alerta permanente. “Estrés crónico, sobreexigencia, hiperconectividad y relaciones mediadas por pantallas afectan directamente al sistema nervioso. El resultado: ansiedad, angustia, crisis de pánico, agotamiento mental y una desconexión profunda de uno mismo”.

“Vivimos en piloto automático. El sistema parasimpático colapsa y el cerebro entra en un modo de supervivencia constante”. Las señales están ahí: dificultad para concentrarse, problemas de memoria, irritabilidad, fatiga persistente, jaquecas tensionales, alteraciones del sueño. El cuerpo y el cerebro hablan, aunque muchas veces no los escuchemos.

En su trabajo clínico atiende a niños desde los cinco años con trastornos del apego y déficit atencional, adolescentes con depresión, trastornos de la conducta alimentaria o ansiedad, y adultos que enfrentan TOC, TAG, ansiedad social, deterioro cognitivo o procesos de rehabilitación neurológica. A ello se suma su labor como coach, acompañando a profesionales y ejecutivos que buscan potenciar habilidades y redefinir su relación con el éxito.

Pero más allá de los diagnósticos, Isabel insiste en algo esencial: el cambio no ocurre de golpe, sino a través de pequeños actos sostenidos en el tiempo. “El cerebro aprende por repetición, disciplina y hábito”. Por eso, su enfoque terapéutico invita a pasar de la comprensión a la acción: rutinas simples, mindfulness, escritura reflexiva, ejercicio, descanso consciente y una relación más amable con uno mismo.

“SE TÚ, ESO ES TODO”

Uno de los desafíos más frecuentes que observa en consulta es el de personas que “saben” lo que les pasa, pero no logran salir de los mismos ciclos. El miedo a cuestionarse, la normalización del malestar o la falta de amor propio suelen ser parte del bloqueo. “Entender que solo tenemos una vida y que cuidarnos también es una responsabilidad personal es un primer despertar”, afirma.

Instalada hoy en Concón, Isabel abre su consulta como un espacio de acompañamiento integral y cercano, donde la terapia deja de ser solo una conversación para convertirse en un proceso vivo y transformador. “Agradezco a todas las personas que han creído en mi trabajo en distintas ciudades”.

Actualmente se encuentra escribiendo un libro en el que entrelaza sus experiencias laborales y sus años como coach con los hitos más significativos de su propia vida. Más que un relato autobiográfico, el texto busca abrir un espacio de reflexión y entrega de herramientas concretas para quienes lo lean: una invitación a conocerse, a comprender que la clave está en ser uno mismo, incluso en los momentos difíciles, y a recordar que no existen límites cuando se trata de hacer realidad los sueños que cada persona se propone.

Su propósito es que cada persona que trabaje con ella pueda volver a sentirse ella o él mismo. No alguien corregido o ideal, sino auténtico. Como dice su frase favorita —y quizá la más honesta definición de su trabajo—: “Sé tú. Eso es todo”.