Biopiscinas, minihumedales, paisajismo y espacios de bienestar son parte de BioIrregular, una propuesta que busca devolver la naturaleza a nuestros hogares y aprender a disfrutar sus procesos a través de la reflexión.
Por María Inés Manzo C. / Fotografía Javiera Díaz de Valdés
Para Valentina Valdés, el paisajismo no consiste simplemente en embellecer un espacio. Diseñadora de ambientes de profesión, comenzó remodelando, decorando y trabajando en construcción, hasta que una necesidad personal la llevó a descubrir las biopiscinas. Lo que partió como un desafío terminó convirtiéndose en una verdadera vocación, crear espacios vivos donde agua, vegetación, materialidades y bienestar convivan en equilibrio.
Desde BioIrregular, desarrolla proyectos en la Región de Valparaíso y sus alrededores, adaptándose a cada territorio y a quienes lo habitan. Su propuesta incorpora además una mirada inspirada en el Feng Shui y la filosofía de los elementos, entendiendo cada intervención como un ecosistema que debe dialogar con su entorno.
“Dentro de mis proyectos tenía que construir una piscina en una parcela de mi familia, pero no me hacía sentido una piscina llena de cloro, celeste, en un lugar que estaba lleno de árboles nativos y pájaros. Entonces empecé a investigar opciones más naturales y llegué a las biopiscinas. En ese tiempo, hace unos siete años atrás, no era un concepto muy conocido en Chile. Entonces, me “lancé a la piscina”, literalmente. Pasé por equivocarme, probar materiales, hasta que llegué a un maestro que llevaba veinte años haciendo biopiscinas y me enseñó todo lo que sabía. Fue muy generoso y hasta el día de hoy seguimos compartiendo información. Así también he conocido profesionales del rubro que me han apoyado en mis proyectos.
¿Quiénes son estos maestros?
He tenido mucha suerte de rodearme de personas mayores que me han entregado todo lo que saben. Está Alonso Alegría, que es de la Región de Valparaíso y me ha enseñado mucho sobre paisajismo y recorridos de agua; María José Morel, paisajista, con quien también he trabajado y aprendido muchísimo; y Rodrigo Rogaler, arquitecto que me enseñó todo lo relacionado con las biopiscinas. También he hecho cursos de paisajismo y de biopiscinas y, cada vez que viajo al extranjero, visito personas y lugares para conocer cómo están trabajando.
¿Cómo es trabajar junto a Alfonso Carrillo, tu socio y pareja?
Él es mi apoyo, ve la parte administrativa, comercial, conversa con los clientes, los números y el marketing. Yo soy mucho más de terreno, de diseñar, de estar mirando y observando. Nos complementamos súper bien, porque puedo estar completamente concentrada en el proyecto y él se encarga de esa otra parte que también es necesaria.
EL ARTE DE HABITAR EL AGUA
“En el extranjero están muy avanzados en biopiscinas. Por eso, he traído equipos tecnológicos que ya se están implementando afuera, como bombas y filtros, que utilizo en mis proyectos. Pero tampoco me gusta llenarlo de tecnología, porque esto es algo natural. La tecnología tiene que ayudar a que la mantención sea más grata, no quitarle su esencia”.
En tus proyectos hay una idea que parece ir mucho más allá de lo estético, ¿qué quieres transmitir?
Quiero que la gente se vuelva a conectar con la naturaleza, con el agua, con observar y con interesarse en el proceso de su jardín. No quiero que solo lo miren desde lejos y digan “qué lindo”, sino que entiendan cómo funciona. Estos espacios están vivos, aparecen pájaros, libélulas, ranas y se genera biodiversidad. Hay un impacto ambiental detrás de algo que también puede ser hermoso.
¿Ahí aparecen los minihumedales como una de tus grandes preocupaciones?
Sí. Siempre me ha hecho mucho sentido generar pequeños humedales. Si todos tuviéramos uno en nuestra casa o departamento, estaríamos aportando a generar ecosistemas y humedad. No necesitamos pensar que todo tiene que ser un jardín seco para no desperdiciar agua. Para mí es importante volver al origen. Nos hemos llenado de cemento y de texturas que no son propias de nuestros bosques. La idea es generar humedad y biodiversidad.
Y eso también permite llevar esta filosofía a espacios pequeños…
Totalmente. Las biopiscinas pueden hacerse grandes, pero también pequeñas y en casas urbanas. Los minihumedales pueden adaptarse a espacios reducidos. Mi sueño es que todos tuvieran la posibilidad de tener uno, incluso en un departamento. No se trata solamente de tener un lugar bonito, sino de incorporar un pequeño ecosistema a nuestra vida cotidiana.
FENG SHUI
“Me gusta primero observar. Llegar a un lugar, conversar con el cliente, saber qué quiere, qué necesita y cuál es su conexión con ese espacio. En este paisajismo hay muchas cosas integradas con el Feng Shui, desde dónde tiene que nacer el agua hasta dónde termina, y las materialidades que incorporamos. Están la piedra, el metal, el agua, la vegetación y la madera; incluso la piedra volcánica que viene del fuego. Todos los elementos tienen un sentido”.
¿Cómo se traduce esa filosofía en la forma de diseñar?
Me gusta trabajar con materialidades lo más naturales posible y observar la casa, sus colores, cómo está habitada y cómo puedo integrar la piscina. Puede ser más redonda, irregular o cuadrada, dependiendo del lugar. No me gusta que parezca que simplemente “pusieron una piscina ahí”. Quiero que sea parte del espacio y que dialogue con la arquitectura y la naturaleza.
¿Qué diferencia una biopiscina de una piscina tradicional?
La biopiscina es agua viva. La planta funciona como filtradora y existe todo un sistema detrás: oxígeno, bacterias buenas, gravilla porosa y un ciclo biológico que permite limpiar el agua. No es llegar y poner plantas. Hay que diseñar y construir el espacio correctamente. También incorporamos equipos de bajo consumo eléctrico, porque no tendría sentido hacer una piscina sustentable y tener una bomba que gaste una cantidad enorme de energía.
¿Qué sensación buscas generar en quien se sumerge en ella?
La sensación es totalmente distinta. Es como bañarse en un lago o en un río. Hay una conexión con los árboles, con el viento, con el agua. La gente me dice que siente paz. Además, la piel queda distinta, humectada, y es una experiencia mucho más cercana a la naturaleza.
UNA NUEVA VIDA
“Podemos transformar una piscina clorada incorporando una zona de regeneración con plantas y cambiando los equipos. Dependiendo del espacio, podemos mantener la zona de nado o achicarla para incorporar la zona de regeneración. Es una manera de darle una nueva vida a una piscina que quizás ya no se utiliza como antes”.
¿Qué otros servicios ofrecen?
Además de las biopiscinas y el paisajismo, trabajamos en pozones ornamentales, saunas, hot tubs e impermeabilización. También hacemos asesorías y acompañamos proyectos que ya existen y necesitan ser intervenidos o mejorados. La idea es que todo sea armónico para el cliente y para la naturaleza.
¿Qué significa para ti acompañar un proyecto después de entregarlo?
Para mí la posventa es muy importante. No es hacer la piscina y chao. Siempre estoy preguntando cómo están, pidiendo fotos, viendo qué plantas sobrevivieron, cuáles no y qué podemos incorporar. Puede durar un año o dos. Quiero que el proyecto funcione realmente y estar feliz con el resultado. A veces siento que me entusiasmo demasiado y dejo de verlo como un negocio. Obviamente tiene que serlo porque vivo de esto, pero mi pasión va mucho más allá.
¿Qué proyectos estás desarrollando actualmente y cómo cambia el diseño según el territorio?
Estoy trabajando en un proyecto en Los Andes y San Felipe, donde hay temperaturas extremas, y también voy a comenzar otro en Matanzas, donde hay viento fuerte y condiciones distintas. Analizamos de dónde viene el agua, la exposición al sol, el viento y los alrededores. Cada proyecto es totalmente personalizado. No creo que exista un catálogo que funcione para todos, porque cada lugar y cada persona necesitan algo distinto.
¿Y cuáles son tus sueños para BioIrregular?
Me encantaría que todo el mundo entendiera el impacto que tienen los minihumedales y las biopiscinas. Ojalá todos pudieran tener uno en su casa. También estoy trabajando para bajar el costo de las biopiscinas y hacerlas más accesibles. No quiero que alguien piense que tiene que conformarse con una piscina con cloro porque no puede acceder a una alternativa natural.
Mi invitación es a que las personas se den la oportunidad de tener un ecosistema en sus casas. Que entiendan que una piscina no tiene que ser solamente para refrescarse, puede ser un espacio de bienestar, de contemplación, de aprendizaje y, al mismo tiempo, un aporte concreto a la naturaleza.
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