Instalada en Sevilla y en el mejor momento de su carrera deportiva, la campeona paralímpica chilena acaba de conquistar su tercera medalla de oro de la temporada, tras imponerse en Alemania y Canadá. Hoy, con la mirada puesta en Polonia, sueña con alcanzar un histórico tricampeonato mundial. Con la sencillez y cercanía que la caracterizan, habla sobre resiliencia, independencia y el incondicional apoyo de su familia, en un recorrido que la convirtió en una de los principales referentes del paracanotaje mundial.
Por María Inés Manzo C. Fotografía gentileza entrevistada (Hugo Galaz y Felipe González)
Hay personas que inspiran por lo que ganan y otras por la manera en que enfrentan la vida. Katherinne Wollermann, de treinta y tres años, pertenece a ambos grupos. Nacida en Chiguayante, Región del Biobío, una lesión medular sufrida durante su juventud cambió radicalmente el rumbo de su historia y la llevó a movilizarse en silla de ruedas. Sin embargo, lejos de detenerla, ese episodio marcó el comienzo de una nueva etapa. Gracias a su paso por la Teletón descubrió el deporte paralímpico, encontró en el agua un espacio de libertad y comenzó un camino de transformación.
Hoy, la campeona paralímpica de París 2024, medallista de bronce en Tokio 2020 y bicampeona mundial tras coronarse en Hungría (2024) e Italia (2025), vive en Sevilla, España, donde entrena junto a un equipo multidisciplinario preparando una exigente temporada internacional.
Este 2026 ha confirmado que atraviesa el mejor momento de su carrera. En mayo conquistó la Copa del Mundo de Paracanotaje en Brandenburgo, Alemania, y en julio volvió a subir a lo más alto del podio al obtener dos nuevos títulos en Canadá: la Copa del Mundo y el Campeonato Panamericano, ambos en la categoría KL1 200 metros. Tres medallas de oro que la consolidan entre las mejores del planeta y la impulsan a enfrentar su próximo gran desafío: buscar un histórico tercer título mundial consecutivo en Polonia.
Pero detrás de las medallas existe una mujer cercana, de enorme sentido del humor, profundamente agradecida de su familia y convencida de que las dificultades pueden convertirse en oportunidades. Terapeuta ocupacional de profesión, conferencista y una activa promotora de la inclusión, Wollermann entiende que su misión va mucho más allá del alto rendimiento.
ENERGÍA POSITIVA
«Vivir en Sevilla ha sido un proceso muy enriquecedor. Después de una temporada en Francia, este año decidí instalarme en España para entrenar con una técnica española. A lo largo de mi carrera he trabajado con entrenadores chilenos, húngaros y franceses, y cada experiencia me ha permitido crecer, incorporar nuevas herramientas y seguir evolucionando como deportista.
Con el tiempo entendí que los cambios, aunque den miedo, son necesarios. Hoy soy una mujer mucho más madura que la joven que llegó a Río 2016, con nuevos aprendizajes y objetivos muy claros de cara a Los Ángeles 2028. No todos los cambios fueron fáciles, pero hoy estoy en un lugar donde me siento tranquila, respetada y feliz. Ese equilibrio, tanto dentro como fuera del deporte, ha sido clave para enfocarme plenamente en mi preparación y seguir rindiendo al máximo”.
¿De dónde nace esa capacidad para enfrentar la adversidad con tanto optimismo?
El positivismo ha sido una de las herramientas más importantes de mi vida. He aprendido que la resiliencia no significa no sufrir, sino levantarse una y otra vez. Me permito sentirme mal cuando es necesario, pero también volver a creer en mí y transformar las dificultades en oportunidades. Mirando hacia atrás, entiendo que los momentos más difíciles terminaron siendo los que más me hicieron crecer y me enseñaron que la vida siempre ofrece una nueva oportunidad; lo importante es decidir aprovecharla.
¿Qué significa Teletón en tu vida?
La Teletón marcó un antes y un después en mi vida. Cuando adquirí mi discapacidad, a los diecinueve años, fue el lugar donde encontré respuestas, descubrí el deporte paralímpico y comprendí que mi vida no terminaba ahí. Siempre digo que fue el trampolín de mi carrera deportiva, porque me abrió una nueva oportunidad y decidí aprovecharla al máximo.
Hasta hoy mantengo un vínculo muy cercano con la institución, participando en campañas y actividades junto a niños, jóvenes y sus familias. Si mi historia logra inspirar a alguien a creer en sí mismo y atreverse a seguir adelante, siento que todo el camino recorrido ha valido la pena.
Eres conferencista y referente para muchas niñas y jóvenes, ¿cómo enfrentas esa responsabilidad?
Es una responsabilidad muy bonita, aunque nunca olvido que antes que deportista soy una persona. Me permito estar feliz, cansarme, equivocarme, reírme y también disfrutar de cosas simples. Creo mucho en el equilibrio. Cuando participo en charlas o encuentros intento mostrar precisamente eso, que detrás de una medalla hay una mujer normal, con días buenos y malos. No me interesa construir una imagen de perfección porque simplemente no existe.
Sí me motiva inspirar, especialmente a otras mujeres. Todavía la participación femenina en el deporte paralímpico es baja y creo que necesitamos más niñas que se atrevan a desafiar esos límites que muchas veces otros les imponen. Si una niña escucha mi historia y piensa «yo también puedo», siento que ya gané mucho más que una competencia.
UNA FORMA DE VIDA
“He visto un cambio enorme desde que comencé. Antes el apoyo era mucho más limitado, mientras que hoy el Team ParaChile cuenta con una estructura mucho más sólida que no solo respalda a los deportistas de alto rendimiento, sino también a las nuevas generaciones y a programas que fomentan la inclusión. Eso demuestra que el desarrollo del deporte paralímpico está siendo cada vez más integral.
También valoro los avances en materia de equidad entre deportistas olímpicos y paralímpicos. Aunque todavía quedan desafíos importantes, especialmente en infraestructura y accesibilidad, el crecimiento es evidente. Los resultados que hoy obtiene Chile son fruto de años de trabajo, planificación y del compromiso de muchas personas que han impulsado este desarrollo”.
Aun así, sostienes que Chile todavía tiene tareas pendientes en materia de inclusión…
Hemos avanzado, pero todavía falta mucho. Cuando hablamos de inclusión no basta con construir una rampa. Hay que pensar en todas las discapacidades y en cómo las ciudades pueden transformarse realmente en espacios accesibles para todos. La inclusión no beneficia solamente a quienes vivimos con una discapacidad. Cualquier persona puede necesitar accesibilidad en algún momento de su vida. Por eso creo que es un tema que nos involucra como sociedad completa.
Me gusta que hoy existan programas como los sellos de municipalidades inclusivas, porque son señales de que el tema está avanzando. Pero todavía queda un camino largo y es importante seguir impulsándolo. Al final, el deporte también cumple ese rol, de demostrar que todos podemos participar cuando existen las oportunidades adecuadas.
Hace varios años decidiste vivir fuera de Chile para privilegiar tu carrera deportiva, ¿qué ha significado ese sacrificio en lo personal?
Vivir lejos ha significado grandes aprendizajes, pero también muchas renuncias. He tenido que estar lejos de mi mamá, de mi familia y de mis amigos en fechas importantes, y eso es lo que más cuesta. Mi mamá ha sido mi mayor apoyo desde siempre, por eso la distancia muchas veces pesa. También he dejado relaciones personales en el camino por el ritmo que exige el alto rendimiento. Sin embargo, cada vez que represento a Chile y escucho el himno nacional, siento que todo ese esfuerzo cobra sentido. Llevar la bandera de mi país es un orgullo inmenso y hace que cada sacrificio haya valido la pena.
Detrás de cada medalla existe un trabajo silencioso, ¿cómo es tu preparación física y mental?
El alto rendimiento es una forma de vida. Cada día está planificado entre entrenamientos, preparación física, alimentación, descanso y el trabajo de un equipo multidisciplinario compuesto por mi entrenadora, psicólogo deportivo, nutricionista, médico y otros especialistas. En Sevilla adapto las rutinas al intenso calor, entrenando muy temprano en el agua. Además del trabajo físico, la preparación mental ha sido clave para aprender a manejar la presión y las emociones. Detrás de cada medalla hay muchas personas que hacen posible ese resultado.
TRICAMPEONATO MUNDIAL
Con tres medallas de oro internacionales en lo que va de la temporada, Kathy ya tiene la mirada puesta en su próximo gran desafío. Tras su exitoso paso por Canadá, regresó a Sevilla para continuar su preparación y realizar un período de concentración en Galicia antes de viajar al Mundial de Polonia, donde en agosto buscará conquistar un histórico tricampeonato mundial.
Aunque muchos ya la sitúan como una de las grandes favoritas, dice que prefiere “mantener los pies sobre la tierra” y concentrarse en el proceso más que en el resultado. Sabe que cada competencia suma puntos importantes para el ranking internacional y para el camino hacia los próximos Juegos Paralímpicos, pero evita dejarse llevar por las expectativas externas. «Nunca compito contra las demás; compito conmigo misma, con mis propios límites y con la persona que fui ayer”.
Después de todo lo vivido, ¿cómo te definirías hoy?
Soy una mujer muy autoexigente. Eso me ha permitido crecer y alcanzar muchas metas, aunque también me obliga a recordarme que debo detenerme de vez en cuando. Mi mamá dice que soy tremendamente porfiada (ríe). Y probablemente tenga razón. Cuando quiero algo hago todo lo posible por conseguirlo. Esa perseverancia ha sido una gran aliada, aunque también estoy aprendiendo que descansar es parte del entrenamiento.
Hoy puedo decir que soy feliz. Entiendo que la felicidad no es un estado permanente, sino momentos que uno aprende a disfrutar. Y este, justamente este momento de mi vida, es uno de ellos. El deporte me devolvió las ganas de vivir. Sobre el agua me siento libre; ahí no existen límites, solo mi embarcación, la naturaleza y la posibilidad de seguir soñando.






