MUG-UPLA: Una joya para Valparaíso

Único de su tipo en Chile y América Latina, el Museo Universitario del Grabado de la Universidad de Playa Ancha cuenta con una increíble colección que supera los nueve mil quinientos grabados de artistas nacionales e internacionales. Un proyecto que contempla salas de exposiciones, depósitos de obras, talleres de grabado, un auditorio, tienda, cafetería, entre otros, y que espera abrir sus puertas en abril de este año.

Por María Inés Manzo C. / Fotografía Javiera Díaz de Valdés y gentileza MUG-UPLA

Tras doce años de trabajo y en una preciosa casona patrimonial de 1880 de Cerro Alegre, Valparaíso, hoy se encuentra instalado el Museo Universitario del Grabado de la Universidad de Playa Ancha (MUG-UPLA). Un espacio cultural que promete estar a la altura de los mejores museos internacionales y que, a su vez, recupera parte del trabajo de más de nueve mil quinientos grabadores chilenos y extranjeros.

Originalmente conocido como Casona Lautaro Rosas (por su ubicación en Lautaro Rosas 485), este inmueble fue adquirido, primero, por Julio Martín Grisard. Luego, en 1889, fue comprado por la familia Walbaum, quienes la habitaron hasta el año 1948. Hasta que, con el paso de los años, pasó a ser parte de las casas conservadas por la UPLA.

“La primera escuela de grabado del país nació en Viña del Mar, en el año 1939, bajo la dirección del ‘maestro de maestros’, Carlos Hermosilla Álvarez. Fue así que este proyecto se gesta a partir de la donación de sus obras, que recibe la universidad antes de su muerte, pues él decide que sean aprovechadas por las nuevas generaciones. Así muchos otros artistas se motivaron a hacer lo mismo y a través del Archivo de Artes Visuales (AVI) se empezaron a guardar. Pero en el 2007 —con más de siete mil grabados y sólo seiscientas piezas enmarcadas para exhibición—, nació la necesidad de tener un espacio propio”, señala María Teresa Devia Lubet, directora MUG-UPLA.

“En el 2008, luego del terrible incendio de Calle Serrano, la Municipalidad de Valparaíso dictaminó que todas las casas antiguas de uso público debían cambiar su estructura de agua, gas y electricidad o serían desalojadas. En ese tiempo, nuestra Facultad de Arte funcionaba en dos casonas de Cerro Alegre, una de las cuales se acondicionó para hacer clases, pero los talleres se trasladaron a Playa Ancha. Entonces, le propuse al rector que la propiedad que no se iba a usar la dejáramos como una posibilidad para nuestro Museo del Grabado”, agrega.

PATRIMONIAL

La remodelación de esta casona fue un tremendo trabajo, no sólo por la restauración, sino por la zona donde se ubica. A la fecha existen tres ascensores declarados Monumento Histórico de Valor Patrimonial: El Peral, Reina Victoria y Concepción, además de otros dos edificios en la misma categoría: la Iglesia Anglicana de San Pablo (1858) y el Palacio Baburizza (1916), actual Museo de Bellas Artes de Valparaíso.

“La intervención tuvo que ser bajo la norma de monumentos nacionales. El 2011, gracias al Gobierno Regional de Valparaíso, recibimos, noventa y dos millones de pesos para el diseño; y el 2016, 1.730 millones de pesos para la rehabilitación de este inmueble. Además, la UPLA aportó doscientos millones, ya que este es un proyecto bajo estándares internacionales en cuanto a conservación de las obras y exhibición. Sumado al compromiso de rescatar una casa patrimonial histórica de tres plantas y 1.079 metros cuadrados. En Valparaíso no es sencillo trabajar en este tipo de viviendas, ya que en su mayoría se demuelen o se transforman en hoteles boutique”.

En cuanto a la materialidad predominante, la albañilería es de adobillo y madera, (mayoritariamente pino Oregón y roble en los elementos estructurales). “Se recuperaron todas las maderas originales de la casa, las puertas, las ventanas y el parqué que es una maravilla. Pero uno de los trabajos más destacables fue que se recuperó la técnica constructiva de adobillo y volvimos a generar este oficio en barro que ya estaba medio perdido”.

La obra estuvo a cargo del arquitecto Hernán Bugueño, quien supo interpretar muy bien los requerimientos de la universidad; y la restauración de la mano de KALAM S.A., los mismos que renovaron el Palacio Rioja y están terminando el Palacio Vergara en Viña del Mar.

ESPACIO DE CONOCIMIENTO

“Este no es sólo un espacio de recuperación histórico patrimonial, pues responde muy bien a las necesidades de un museo de grabado, que es muy distinto a un lugar donde se exhiben óleos. Al recorrer la casona, hay un ‘intimismo’ a través de sus paredes. Creemos que es un lujo para Valparaíso, una verdadera joya, tanto para los grabadores que encontraron un espacio idóneo para exhibir sus trabajos —sus obras las vamos a difundir, investigar y conservar—, como para todos quienes quieran conocer su historia y legado. El museo es un espacio de crítica artística, social y política, porque el grabado es eso, un correlato que va narrando una parte de la historia desde la imagen. Hoy estamos aportando a la infraestructura cultural de Valparaíso, del país y de América Latina”.

Además de sus salas de exposiciones, el MUG tiene espacios de conservación y depósitos de obras, talleres de grabado, una Plaza de las Artes, auditorio para setenta personas, tienda de merchandising, cafetería, oficinas administrativas y archivo. “Contamos con un centro documental con más de cuatro mil quinientos documentos sobre el grabado (para investigadores e interesados). Este también es un espacio para generar conocimiento, sobre este arte que por mucho tiempo fue mirado como el hermano menor de las artes visuales y que ahora está adquiriendo una importancia a nivel mundial”.

Pero eso no es todo, pues la visión del museo es bastante contemporánea y una de sus apuestas más grandes es que contempla un importante proyecto de inclusión con una galería especial para no videntes. “Pensamos la inclusividad no sólo como una palabra de moda, sino que la estamos llevando a un plano concreto, con grabados en matrices de aluminio que se pueden leer al tacto. Actualmente tenemos veinticinco obras traducidas en estas placas. También a través de nuestros talleres queremos abrir el museo a la neurodiversidad y a todos quienes tengan una condición distinta y que no poseen espacios en otros museos. La cultura no puede ser un elemento diferenciador, pues el arte es un derecho humano”.

Asimismo, tienen un convenio con once colegios vulnerables de la zona, para que puedan participar de manera gratuita. Los talleres funcionarán como coworking para todos los grabadores que no tengan un espacio de trabajo idóneo en sus casas; y los estudiantes de arte, además de ingresar gratis, podrán realizar sus prácticas profesionales.

GRABADORES

“Contamos con las obras de importantes artistas, como Carlos Hermosilla, quien por supuesto tiene una sala nombrada en su honor, y Santos Chávez, ícono del grabado chileno quien representa un imaginario distinto a través de su propio origen mapuche. Al igual que tremendas maestras del grabado como Pilar Domínguez, quien desarrolló la escuela de grabado en la Facultad de Arte de la UPLA y luego emigró a Italia”.

También poseen obras de Nemesio Antúnez, fundador del Taller 99, y todos sus discípulos que están representados en el museo. “Tenemos muchos artistas reconocidos y premios nacionales, pues nos parece muy importante mostrar quiénes comenzaron a transformar el grabado desde el oficio de imprentero hacia la escena artística, como Isabel Cahuas, Rafael Munita, Delia del Carril, Roser Bru, Patricia Israel, Jorge Martínez o Julio Escámez, quién desarrolló el grabado en Concepción, entre tantos otros”.

“Si bien nada se compara a apreciar una obra en vivo, producto de la pandemia los museos tuvimos que explorar la alternativa online. Eso nos ha permitido llegar a nuevos públicos y tenemos digitalizadas muchas obras de valor excepcional. Lo que podemos sacar en positivo es que en este tiempo la humanidad ha vuelto su mirada hacia la creación humana, hacia el arte, y sacarse de encima el consumismo espantoso que los hacía preferir el mall a un museo”.

“Estamos ansiosos por abrir nuestras puertas en abril, en un comienzo con aforo para cuarenta y cinco personas (tenemos capacidad para 247) y bajo todas las normas sanitarias. Como estamos en el eje de calle Templeman con Lautaro Rosas, vamos a tener una cafetería abierta a la comunidad y la salida del museo está contemplada como un espacio público, de encuentro con el barrio para poder visitar los talleres o el área de investigación. Queremos que nos visiten con seguridad, poder usar nuestro auditorio, coworking y que se empapen de este espacio que llama a la cultura, al arte y el turismo. Somos parte de la Red Viva de Museos y estamos trabajando con nuestros colegas para ofrecer interesantes circuitos y que conozcan la historia de Valparaíso”.