Álvaro Cortez Petersen: Saltando por Chile

deportista  

Es el número uno de Chile en salto triple, está a setenta centímetros de clasificar para el Mundial en Qatar 2019 y es una de las cartas chilenas más seguras para las Olimpiadas de Tokio 2020. Este atleta iquiqueño, de 1,89 metros, parece volar cuando con sus zancadas únicas y poderosas le da a nuestro país la oportunidad de estar dentro de lo mejor del mundo.

Texto y fotografías: Soraya Valdivieso Vega

Álvaro no pasa desapercibido en ningún lugar. Más allá de su altura y su personalidad extrovertida, Álvaro no para, siempre está saltando de un lado a otro o en su lugar, mientras espera, incluso en la playa o divirtiéndose con los amigos, quienes cariñosamente lo han apodado “canguro man”. Álvaro Cortez es un deportista de élite que goza de la vida, sobre todo cuando está de visita en su natal Iquique, porque hace once meses que vive en el Centro de Alto Rendimiento en Santiago.

Nació en el barrio patrimonial El Morro y heredó de los Petersen el gen acuático que caracterizó a esta familia, parte del inventario del icónico equipo de waterpolo Unión Morro, que dicho sea de paso, por séptimo año consecutivo obtuvo el Campeonato Nacional. Álvaro, de niño, también se dedicó al waterpolo, pero a los ocho años, gracias a su tía Carla Cobos, conoció el atletismo y comenzó a entrenar con la profesora escolar Patricia Muñoz. Cuando cumplió los catorce años, Augusto Courbis detectó su potencial y lo entrenó en salto largo y triple, categoría que encajó perfecto por la contextura y condición física del entonces pequeño Álvaro.

Si bien siempre fue considerado talentoso, con el salto triple su carrera deportiva despegó hacia el infinito. A los catorce ganó el nacional de salto largo con 6,59 metros. En la actualidad su salto triple es el récord nacional, con 16,74 metros, y en el salto largo es el segundo mejor del ranking chileno.

MENTALIDAD COMPETITIVA

A los diecinueve años, Álvaro batió el récord de Chile en salto triple, hazaña que nadie había logrado en treinta y cinco años. A sus veintiuno, se superó a sí mismo y está a punto de hacerlo nuevamente para clasificar al mundial de Qatar 2019 y mentalizarse para las Olimpiadas en Tokio 2020.

Sobre la competencia, dice que los cubanos y los franceses son muy buenos, por lo que este 2019 hará una gira por Europa junto a su entrenador, para medirse con otros competidores de su nivel, con el objetivo de compartir experiencias y mirar técnicas que le permitan saltar sobre diecisiete metros para llegar a una final olímpica.

 Además del entrenamiento físico, ¿entrenas también tus emociones?
Me mantengo con una mentalidad optimista y soy bien “ni ahí” con cualquier cosa que quizás a otros podría bajonear. Por ejemplo, cuando estoy lesionado me concentro en las instrucciones del médico o el kinesiólogo y sigo adelante no más, me olvido del dolor y me funciona para recuperarme rápido. Mi fórmula es no pensarlo mucho, no dudar.

¿Cómo es la rutina de un atleta de alto rendimiento?
Despertamos a las ocho y a las nueve desayunamos. El entrenamiento comienza a las diez, en mi caso con una sesión de pesas de dos o tres horas; luego almuerzo y descanso hasta las cinco para irme a la pista donde entreno dos a tres horas nuevamente. Vivo en un edificio de siete pisos donde sólo viven atletas, así que el deporte es el principal motor de nuestras vidas.

 ¿Cómo te motivas para conseguir mejores resultados?
En mi categoría no hay quien me supere, por lo que debo competir conmigo mismo. Cuando alguien se impone o te va ganando, es una presión extra y te motiva a esforzarte más, a rendir aunque a veces sientes que no puedes más. Por eso es que debo viajar para medirme con personas que son mejores que yo.

¿Cuáles han sido tus mejores experiencias en este deporte?
Son muchas la verdad. En el 2015 fui al Mundial de Oregón en Estados Unidos donde quedé finalista mundial y también a los Juegos Panamericanos de Toronto. Fue una tremenda experiencia. También haber logrado ser Campeón Sudamericano de Lima 2017.

El haber batido el récord de Chile también fue muy gratificante. Imagínate, pude superar a Francisco Pichot que mantuvo esta marca por más de treinta años.

¿Qué debes mejorar de tu técnica?
La velocidad y la técnica de salto. Además debo fortalecer la actitud en competencia, ya que estuve lesionado casi por un año, con tres esguinces en el tobillo derecho y dos en el pie izquierdo. Me recuperé rápido y seguí entrenando, pero debo profundizar en perder el miedo. De todas maneras pude reafirmarme en el Grand Prix Sudamericano en Argentina, donde logré una marca de 16,06 metros.

¿Cuáles son tus próximos desafíos?
Necesito subir setenta centímetros para alcanzar la medida mínima y entrar al mundial que es en Doja en Qatar 2019. En el 2020 vienen los Juegos Olímpicos de Tokio, donde espero estar presente.

¿Qué opina tu familia de todo esto?
Desde siempre toda mi familia me ha apoyado. Se alegran mucho cuando viajo a competencias y más aún cuando alcanzo mis metas. En ocasiones, cuando no tuve financiamiento, fueron mis padres quienes corrieron con los gastos. Siempre traté de devolverles esa plata, ya sea a través de la Federación o con mis ingresos, pero ellos jamás se han fijado en esos temas. Cada vez que viajo, que no son pocas, me acompañan al aeropuerto. Con ese gesto cariñoso y el abrazo de despedida ya estoy más que pagado y parto feliz.

¿Cómo te sentiste cuando Adidas te hizo parte de su equipo?
No me lo esperaba; ellos me buscaron desde los dieciocho años, porque sabían que yo tenía buenas marcas. Además de entregarme estabilidad económica, es un desafío adicional porque la forma en que me pagan se conoce como estímulo, es decir que si clasifico en un evento importante o logro un buen resultado, recibo cierta cantidad de dinero. Y obviamente me entregan toda mi indumentaria deportiva, incluyendo bolsos y zapatillas. Adidas es mi auspiciador principal pero también me apoyan Pulpo Box, el Centro Kinésico Kimed y Cosemar, empresas a las que agradezco profundamente por su confianza.

¿Cuál es la realidad de otros países en tu deporte?
En Estados Unidos, por ejemplo, con la marca que tengo y los campeonatos ganados tendría un sueldo. En algunos países de Europa hasta me darían dónde vivir e incluso en Perú apoyan más a los atletas de alto rendimiento.

¿Y en Chile? ¿Qué nos falta?
Primero hay que saber que nuestra Federación funciona bien, creo que es la que mejor funciona dentro de los deportes en Chile. Siempre hacen falta recursos, pues no es comparable la plata que entra al fútbol con la que entra a otros deportes. Mientras más apoyo, más deportistas tienen posibilidad de viajar a los campeonatos, realizar campamentos de entrenamientos intensivos en saltos o concentraciones.

¿Cómo has sentido el apoyo de la gente?
Mi deporte es de bajo perfil y tiene poca repercusión mediática, así que no es tanta la gente que me reconoce. Igual muchas veces me he sorprendido porque aparecen algunos conocedores de estas disciplinas y me felicitan. En todo caso, aunque tengo que reconocer que siempre es bueno contar con el apoyo de las personas, yo hago lo que hago porque me emociona. Defiendo a mi país aunque nadie sepa y cada competencia ganada se la dedico con mucho cariño a mi querido Iquique.

 

 

“Necesito subir setenta centímetros para alcanzar la medida mínima y entrar al mundial que es en Doja en Qatar 2019. En el 2020 vienen los Juegos Olímpicos de Tokio, donde espero estar presente”.

“Mi deporte es de bajo perfil y tiene poca repercusión mediática, así que no es tanta la gente que me reconoce. Yo hago lo que hago porque me emociona. Defiendo a mi país aunque nadie sepa y cada competencia ganada se la dedico con mucho cariño a mi querido Iquique”.