Recorrimos dos de las celebraciones más especiales de Italia: Verona en San Valentín y el Carnaval de Venecia, momentos únicos en el año que congregan a una gran cantidad de turistas de todo el mundo. 

Texto y fotografía Javiera Díaz de Valdés C.

LA CIUDAD DE ROMEO Y JULIETA

Medieval e inolvidable, la Verona de Shakespeare alberga castillos y portadas de cuento. La Casa de Julieta, el plato fuerte de la ciudad, es pequeña y acogedora. Provista de un solo balcón, sus muros de ladrillo aprisionan miles de cartas de amor que esperan con paciencia ser leídos por la mismísima Julieta, aunque solo exista en el imaginario colectivo.

Por seis euros se puede recorrer los cinco pisos, decorados con objetos y trajes de época. La antesala al famoso balcón, ese que inmortalizó la tragedia de los amantes del escritor inglés, resulta ser una habitación provista de computadores que los turistas usan para enviar cartas a Julieta.

San Valentín se vive y respira por las calles de Verona. El Arena de Verona, un monumento similar al Coliseo Romano, celebra “Verona In Love”, un festival dedicado al día del amor, que se realiza hace aproximadamente nueve años, y que cada año va tomando más popularidad. Un paseo por globo aerostático puede ser el complemento perfecto para disfrutar de una vista panorámica de la ciudad. Vale diez euros por persona.

Las postales se suceden una tras otra: el Castillo Castelvecchio, con el puente de piedra y el río Adigio; la Piazza dei Signori, con un corazón gigante que agrupa stands que ofrecen recuerdos, globos, flores y comida y una pantalla gigante que proyecta películas de San Valentín; la famosa Porta Nuova, más allá, la Porta Cosovo.

Desde la Torre Di Lamberti, construida en 1172, por la entrada del Palazzo della Ragione, se puede ver otra vista que abarca Verona completa, sus castillos y portadas. Dicen que un rayo destruyó la cúspide y que tras su reconstrucción es el edificio más alto de la ciudad. Subir los 368 escalones en forma de caracol tiene como recompensa una vista que de noche resulta insuperable y mágica. En la Piazza Erbe, cientos de luces colgadas, al igual que en la Torre di Lamberti. Aunque era tarde, las calles hervían. Risas, cantos, algarabía, la gente caminaba como si fuera de día. Al día siguiente, mi camino seguía hacia la inauguración del Carnevale di Venezia.

Las postales se suceden una tras otra: el Castillo Castelvecchio, con el puente de piedra y el río Adigio; la Piazza dei Signori, con un corazón gigante que agrupa stands que ofrecen recuerdos, globos, flores y comida y una pantalla gigante que proyecta películas de San Valentín; la famosa Porta Nuova, la Porta Cosovo.

LA VENECIA DE CASANOVA

Cada año, la ciudad inmortalizada por Canaletto, se viste de fiesta y elegancia, trajes de época, máscaras y antifaces. Durante dos semanas las celebraciones se suceden sin respiro, para alegría de miles de turistas que se agolpan en las calles para no perder detalle. El tema de este año: la llegada del hombre a la luna.

El Carnaval comienza con el Vuelo del Ángel, una tradición centenaria convertida en parte del folclore veneciano que tiene lugar en la plaza San Marco. Ahí, en medio de la multitud, una María, encarnada por la ganadora del festival anterior, atraviesa la plaza sostenida por un cable de acero desde lo alto del campanario de San Marcos hasta el centro de la plaza.

Cuenta la historia que en el siglo IX, durante febrero, doce novias, elegidas entre las más bellas y pobres de Venecia, eran bendecidas por la ciudad con dotes y joyas. Un día, son raptadas por un grupo de piratas, pero son rescatadas sanas y salvas por el pueblo. Desde ese día y en los años venideros, como una manera de agradecer a la Virgen, la ciudad incorpora la llamada Fiesta de las Marías, donde doce jóvenes son elegidas para competir por el título “María del Año”.

El ambiente que se vive para esta fecha es increíble. Desde temprano la gente se prepara con sus disfraces para disfrutar de los diferentes shows. Un free walking tour es ideal para conocer no solo la historia de Venecia, sino algunos datos interesantes de la misma: dónde reparan las góndolas, distintas iglesias con reconocidas obras de arte, buenos restaurantes y trattorias. Un buen dato es comer en los locales del Campo Margarita.

Para la obertura del carnaval, decenas de góndolas convertidas en carros alegóricos acuáticos desfilan por los canales venecianos. Para la competencia, los participantes caminan por una pasarela, premunidos de unos disfraces increíblemente elaborados, y otros más simples, con materiales reutilizados de bajo presupuesto, pero sin embargo confeccionados de manera impecable.

Mientras se suceden diversas ferias con exhibiciones de trajes típicos, fiestas de máscaras, bailes de épocas y shows en la plaza San Marco, las islas de Burano y Murano, también hacen lo propio con carros alegóricos y gente disfrazada caminando por sus calles.

El cierre está dado por el Vuelo del León. Consiste en que las doce Marías suben por medio de un cable una gigantesca bandera de Venecia, con la imagen del león en ella –el símbolo máximo de la ciudad– hasta el campanario mientras cantaban el himno de la ciudad de los canales. En esta ceremonia desfilaron las doce Marías postulantes y el Doge di Venezia, máxima autoridad del carnaval, y quien presentaba a la María elegida por una comisión encargada.

Dentro del carnaval se promovió el hastag #EnjoyandRespectVenezia, relacionado con la saturación de turismo, sobre todo en esas fechas. Venecia sigue siendo una ciudad linda para visitar, pero promoviendo y realizando un turismo responsable.