Amor por naturaleza

Pamela Pérez

Directora y cocreadora de Ecorayén, el primer parque construido completamente con materiales reciclados, que incluye juegos para niños, quinchos y terrazas decorados con neumáticos, papeles, tapas de botellas y todos los materiales que uno pueda imaginar. Sus tres hijos, su marido y su amor por el medio ambiente son su motor de cada día para intentar dejar un mundo mejor. Pamela Pérez quiere ser recordada como la mujer que impulsó una manera verde de mirar y de pensar.

Por Fernanda Mattatall / Fotografías Rodrigo Herrera

Pamela Pérez, es una mujer que jamás pasa desapercibida. Pertenecía al mundo de las ventas, donde a pesar de no tener ningún título profesional, desarrolló una brillante carrera dentro de una compañía de seguros en Copiapó. Sus capacidades y habilidades no pasaron inadvertidas y llegó a ser la gerente general en otra compañía de Antofagasta. Sin embargo, Pamela decidió dar un vuelco a su vida y dejar su zona de confort para dedicarse por completo a cumplir su sueño: crear el Parque Reciclado Ecorayén.

Sentada en una silla confeccionada con materiales reciclados frente a un escritorio de madera reutilizada, donde tiene muchos cuadros de fotos familiares, se presenta como la directora y cocreadora del parque. Siempre resalta el trabajo en conjunto son su marido, Leonardo Pazmiño, ya que la idea nació en un paseo en el que ambos fueron a la playa La Rinconada, cuando se encontraban mirando las estrellas y conversando de la vida. Hablando de futuro y sueños, vieron un lugar abandonado y pensaron que se podría transformar en algo entretenido y útil para educar a niños y niñas.

Su amor por la naturaleza no nació aquí, sino que se remonta a su infancia. Cuando era pequeña, recorrió casi todo Chile acampando con sus padres, y aprendió a apreciar la diversidad paisajística de nuestro país. Su papá era bombero de toda la vida en Santiago, por lo que siempre les inculcó a ella y sus hermanas, la mirada de ayudar a los demás. Por otra parte, su grupo de scout, al cual perteneció la mayor parte de su vida, le incentivó a luchar por dejar un mundo mejor. Actualmente, se siente una antofagastina de corazón y le encanta “su borde costero y la variedad de cosas que puedes ver”.

¿Cómo surge para ti personalmente la idea de crear este Parque Reciclado Ecorayén?
Con mi esposo somos súper amigos, llevamos veintidós años de matrimonio y tenemos una relación bastante entretenida. Nos gusta salir y disfrutar entre nosotros. Un día estábamos en La Rinconada, ahí vimos un lugar abandonado y nació nuestra idea de hacer algo entretenido para educar a los niños, así como nosotros les enseñamos a nuestros hijos sobre lo ambiental. La pregunta era cómo podíamos compartir con todo el mundo lo que nosotros hacíamos en nuestra casa. Por eso fue una cocreación, porque se nos ocurrió a los dos y siempre estamos inventando cosas para el parque.

¿Has notado avances en la comunidad antofagastina en estos aspectos desde que llegaste hasta ahora?
Cuando llegamos no existía ningún punto limpio, lo único era el Recihuerta, un espacio pequeño de una comunidad que reciclaba y mandaba productos a Santiago. Se expandió esta moda, y aparecieron puntos limpios, jaulas de botellas plásticas, etc. Percibimos que lo que hacíamos tenía un enfoque distinto y ayudábamos a la comuna. Si bien todavía no está arraigada una cultura de reducir la basura, hay muchos grupos ambientalistas que están haciendo operativos de limpieza. Estamos tratando de hacer educación ambiental en todos lados.

¿Qué es lo que más te ha marcado en este proceso?
Cuando hice talleres en la cárcel de hombres. Al principio tuve miedo pero me di cuenta de que había gente que estaba dispuesta a escuchar lo que estaba pasando afuera. Cuatro meses después de la primera charla, nos buscó uno de esos chicos porque quería hacer algo con el medio ambiente y lo apadrinamos. Fue una sola semilla entre sesenta personas que escucharon mi mensaje, con eso me di por pagada. Con los colegios también, vienen los niños a hacerme entrevistas. Nos ven como alguien que hace algo por el planeta.

 ¿De qué otras maneras podríamos ayudar a cuidar el medio ambiente?
Lo más importante es reducir nuestra basura, evitar que la bombilla sea de plástico y ocupar una de acero, por ejemplo. Es mejor comprar a un emprendedor sus productos, en vez de ir a una gran tienda que ocupa millones de plásticos. Es una forma súper importante de ayudar. Después viene el reciclar, que llevemos todo a los puntos limpios. Y si no podemos reciclar, tratemos de reutilizar. Tal como aprendimos del capitán Charles Moore, no basta con no tirar cosas a la calle, botarlo a la basura también es contaminar. Cuando empezamos a reciclar, la basura que sacábamos era mínima.

Tenían en mente un museo interactivo, ¿cómo va el avance de eso?
Bien encaminados. No es como el MIM de Santiago, sino que con materiales reciclados, con diferentes puntos. Está la escuelita donde hacemos los talleres, el ecoplanetario, etc. De hecho, vino el director de ALMA, Pierre Cox, a inaugurarlo. Había muchos interesados en este proyecto y buscamos socios estratégicos. Ahora estamos a punto de recibir una donación de un par de juegos que no son de acá. Hemos tenido más apoyo exterior que de Chile. Fuimos nominados a un premio en España, también estamos en contacto con gente de Brasil. Nos falta apoyo de la municipalidad acá.

¿Cómo va el proceso de extender todo esto hacia otras regiones o al extranjero?
Nos gustaría mucho externalizar Ecorayén, primero por Chile y después al exterior. La idea es armar el proyecto y cuando esté listo con todo, ofrecerlo a fundaciones que estén preocupadas del medio ambiente en otras regiones y que se apropien del proyecto en su región. Pero sin fines de lucro. Mucha gente nos ha preguntado por qué cobramos, y es porque tenemos que mantener el parque, pagar los sueldos, etc. Pero en una fundación se trabaja de otra manera muy distinta, trabajas ayudando a otros sin beneficios para ti.

VIVIENDO EN LAS NUBES

 Todos decían que Pamela vivía en las nubes, y efectivamente así era, porque perseguía sus sueños. Muchos que ya se han cumplido y algunos que quedan por alcanzar. Pero no todo ha sido tan fácil, ya que a los catorce años debió enfrentar un tumor en el ovario y tiempo después un cáncer al útero que le hizo luchar contra la muerte. Pero ella es una mujer guerrera, y aunque siempre le dijeron que no podría tener hijos, hoy agradece su vida junto a sus tres herederos.

¿Cómo nace tu historia de amor con Leonardo?
Lo conocí a través de su hermano que era mi amigo. Yo a él lo miraba enamorada, lo encontraba el hombre más mino del mundo, pero él estaba pololeando entonces y no me pescaba. Además yo era súper chica, tenía catorce años y él es ocho años mayor. Un día me lo encontré carreteando y él ya estaba soltero. Nos miramos y fue como si tuviéramos tantas cosas que contarnos. Desde ahí nunca más nos separamos. Después de tantos años sigo enamorada y todavía me dan mariposas en la guata. Que él me haya apoyado en esta locura, no cualquiera lo hace.

 ¿Cómo fue formar una familia?
Quedé embarazada súper joven y después de que llegué a Antofagasta, me dio cáncer al útero. Me sacaron todo lo que quedaba. Ahí ya tenía a mis dos hijos mayores y después llegó Sofi, la tercera bendición, la hija de mi corazón. El amor de madre no para y no necesariamente tiene que salir de ti, para que tú sientas lo mismo. Como yo estuve a punto de morir después de mi operación, ella vino a llenarme de vida nuevamente.

¿Cómo fue la crianza de tus hijos?
El mayor tiene veinte años, el siguiente catorce y la menor ocho. La crianza de la última comparada con la del primero fue totalmente diferente. Mi hija chica se sabe de memoria los videos de Ecorayén, en cambio con los más grandes fue más difícil. Por eso creo que es súper importante partir de la etapa más temprana que se pueda. Nadie te enseña a ser papá, uno aprende equivocándose.

EL MOMENTO DEL CAMBIO

Aunque su vocación social siempre estuvo presente, hubo un momento que marcó su vida: su hija estuvo al borde de la muerte por un virus sincicial que hizo colapsar una parte de su pulmón.

¿Qué pasó por tu cabeza en esos momentos?
Me di cuenta de que nada es más importante que la voluntad y el amor. Puede sonar cliché, pero yo tenía los recursos, los contactos y todo lo que parece necesario para enfrentar la enfermedad de mi hija, sin embargo nada de eso sirvió. Debí internarla en el Hospital Regional y mantener la fe, aunque todo parecía adverso.

¿Eso causó un quiebre en tu vida?
Fue como un terremoto. El trabajo, el auto, la casa… todo pasó a un segundo plano. Entendí que el bienestar de mi hija era lo único por lo que valía la pena luchar.

¿Cómo enfrentaste ese periodo?
Traté de lograr la mejor calidad de vida para todos los pequeños pacientes del área. Conseguí que me permitieran pintar con colores las salas y fue como un milagro. Al día siguiente que terminamos de pintar, a mi hija la dieron de alta. En ese momento sentí que todo fue mágico y algo de eso hubo, porque cuando vino Patch Adams a conocer el hospital, me invitaron a recorrer con él todas las dependencias y ni te imaginas lo inspirador que fue. Fue como un premio extra a todo lo que ya había recibido: mi hija, recuperada y en casa. Eso, no lo cambio por nada.

 

“Me dieron ganas de hacer algo como familia y dejar una huella que recuerde siempre que tenemos que ayudar al medio ambiente”.

“Entonces no porque yo ya no tuviera útero no iba a poder ser mamá. El amor de madre no para y no necesariamente tiene que salir de ti, para que tu sientas lo mismo”.