Calor de familia

Federico y Antonella Casaccia, El Castillo

Pasan los años, las modas y las formas de hacer negocios, pero ellos no transan lo principal. Sus tradicionales frazadas siguen siendo hechas con lana virgen de ovejas chilenas, fabricadas ciento por ciento en el país y por la misma familia, que fue fundada por un genovés intrépido, trabajador y esforzado, que llegó a Chile siendo apenas un adolescente. Hoy sus hijos y nietos lo honran manteniendo las tradiciones, y la misma calidad de sus tejidos.

Por María Jesús Sáinz N. / Fotografías Andrea Barceló A.

“No existe en Chile mejor máquina para hilar que la que tenemos acá”, dice Federico Casaccia mientras recorre la Fábrica Nacional de Colchas, que es el nombre que está moldeado, desde 1933, en la fachada del edificio, ubicado en la comuna de Recoleta en Santiago.

El sitio, un verdadero espacio con valor patrimonial, cuenta a cada paso la historia de las tradicionales frazadas El Castillo, que comenzara a forjarse hace más de un siglo, cuando su abuelo desembarcó a los quince años de edad en las costas de Valparaíso. Como tantas historias de inmigrantes, el relato está marcado por la guerra, el hambre y las ganas de triunfar.

Cuenta que Federico Casaccia Solari, a fuerza de trabajo e insistencia, logró crear el negocio de abarrotes más grande de Coronel, “El Tropezón”, en la región del Biobío, cuando —a inicios del siglo pasado— la ciudad era parada obligada de los barcos que cruzaban por el Estrecho de Magallanes.

Sin embargo, cuando se abrió el canal de Panamá, su negocio terminó y, ya en Santiago, compró una máquina de hilar. “Aquí, justo en la esquina”, dice hoy su nieto. Así comenzó la historia de El Castillo.

LA REINA DE LAS FIBRAS

El nombre viene del castillo de Rapallo, en la Liguria italiana. La hermana de su abuelo lo pintó y se lo mandó desde Italia, cuando aún era un adolescente, para que no olvidara su ciudad natal. Casi noventa años después, el cuadro sigue colgado en el muro de la oficina que hoy ocupa su nieto —que se llama igual que él— Federico, gerente general de la empresa, y su bisnieta, Antonella, gerente comercial.

El lugar, salvo por computadores, teléfonos móviles y otros artefactos que nos recuerdan que estamos en 2018, ha cambiado poco desde entonces. Es una fábrica con galpones llenos de lana recién llegada del sur, máquinas para hilar y telares, que permite desarrollar el proceso completo de producción.

¿De dónde viene la lana que usan?
De Puerto Montt, Punta Arenas, Chillán. Toda la lana es nacional.

¿No les convendría comprar lana en otros países?
Nos resultaría más conveniente importar de Argentina o Uruguay, por ejemplo, pero hemos tomado la decisión de que las frazadas El Castillo sigan siendo un producto ciento por ciento chileno.

¿Tampoco han caído en la tentación de fabricar en otro país?
No, la frazada clásica se sigue haciendo en Chile.

¿Por qué?
Porque es la clave que nos ha permitido tener la mejor calidad. Una frazada de nosotros dura toda una vida. Nos han traído frazadas que tienen sesenta años y están impecables. Una de las muchas propiedades que tiene la lana es que es más resistente que todas las otras fibras naturales. Es la reina de las fibras.

¿Cuáles son sus ventajas?
Son muchas. Lo primero, es una producción amigable con el medio ambiente, ciento por ciento natural y renovable. Si se cuida, la gente no tiene por qué seguir gastando en nueva ropa de abrigo. Eso de por sí, ya es ecológico. Pero además, es una fibra con atributos que la hacen insuperable.

¿Cómo cuáles?
La lana es una reguladora natural de la temperatura, no hace transpirar, no da mal olor, es bactericida, no se inflama y es muy resistente, pero a la vez flexible y suave. Además es higroscópica, es decir, absorbe la humedad entregando calor seco, por eso otorga un descanso tan efectivo.

¿Y la frazada en particular, qué ventajas tiene?
La frazada tiene muchas más prestaciones de servicios que un plumón. Además, las nuestras son las mejores. No lo digo yo. Lo dice todo el mundo. ¡A nuestras frazadas no les compite nadie a nivel mundial!

TEJIENDO EL FUTURO

Mantenerse en pie después de más de ochenta años no ha sido fácil. “Antes en cada esquina había una fábrica”, dice Federico, recordando a tantos emprendimientos que había en ese mismo barrio y que fueron quedando en el camino.

Ha sido un proceso de mucho trabajo, dice, pero donde nada les ha impedido que en la actualidad estén presentes en todo Chile a través del retail, las ventas de la página www.elcastillo.cl y en la tienda en avenida La Dehesa 1450, en lo Barnechea.

¿Cuál ha sido la clave para sobrevivir?
La clave ha sido el esfuerzo, la dedicación, la perseverancia y la calidad de los productos que entregamos.

Pero si un día fueron las vicisitudes económicas y políticas de la segunda mitad del siglo pasado las que amenazaron la producción o la permanencia de la marca, en la actualidad ha sido la competencia de China y otros países que han incorporado al mercado nacional productos de menor precio, aunque de más baja calidad.

“Mi abuelo y mi padre también se tuvieron que ir adaptando a los tiempos. En un comienzo fabricaban tela casineta, la de los pantalones de huaso, pero cuando salió el bluyín, se cambiaron a las colchas… Y así. Nosotros nos hemos ido también adaptando”, comenta Federico, señalando a Antonella, su hija, ingeniera comercial, que es la encargada de tomar los desafíos de la actualidad.

Bajo su administración, ella ha incorporado la venta de sábanas de la India de calidad premium, plumones de Alemania, toallas, cubrecamas, productos de cuero y madejas de lana natural que sorprendentemente han tenido una excelente venta entre artesanos de todo Chile.

También logró la certificación de Woolmark, la marca de lana más reconocida en el mundo, y que ofrece a los consumidores la seguridad de que es lana virgen y garantía de calidad.

“Nosotros desarrollamos una frazada que es ciento por ciento lana y para certificarlo hubo que mandar muestras a laboratorios en Japón. Fue un proceso largo pasar todas las pruebas, pero valió la pena. En este minuto me atrevo a decir que somos los únicos en Chile que usamos el logo de Woolmark teniendo la certificación oficial”.

¿Cuáles son los desafíos futuros?
El desafío principal que tenemos es exportar. Ya tenemos presencia en el mercado nacional, e-commerce a través de la página web, un producto reconocido y de calidad, y la certificación internacional, así que lo que viene es empezar a salir al mundo.

“Una frazada de nosotros dura toda una vida. Nos han traído frazadas que tienen sesenta años y están impecables. Una de las muchas propiedades que tiene la lana es que es más resistente que todas las otras fibras naturales. Es la reina de las fibras”, asegura Federico Casaccia.

“La lana es una reguladora natural de la temperatura, no hace transpirar, no da mal olor, es bactericida, no se inflama y es muy resistente, pero a la vez flexible y suave. Además es higroscópica, es decir, absorbe humedad entregando calor seco, por eso otorga un descanso tan efectivo”, dice Federico Casaccia

“Nosotros desarrollamos una frazada que es ciento por ciento lana y para certificarlo hubo que mandar muestras a laboratorios en Japón. Fue un proceso largo pasar todas las pruebas, pero valió la pena. En este minuto me atrevo a decir que somos los únicos en Chile que usamos el logo de Woolmark teniendo la certificación oficial”, comenta Antonella Casaccia.