Belleza moldeable

Jacinta Besa, artista visual

Viene de terminar su primera exposición en solitario y ya está planificando sus próximos viajes, muestras y colaboraciones. Una artista imparable que ha encontrado en la plasticina, la materialidad que necesitaba para comunicar sus ideas.

Por María Jesús Sáinz N. / Fotografías Andrea Barceló A.

El taller que Jacinta Besa comparte en la comuna de Providencia con otros artistas, arquitectos y músicos, es una antigua casona en la calle Pocuro llena de mesones de trabajo, pinturas, cuadros enmarcados, materiales diversos y trozos de plasticina de todos los colores.

En lo que un día fue el living de esta casa, donde hoy se respira creatividad y arte, está su propio espacio de trabajo. “Mira, acá ya tengo siete colores y es apenas una parte muy pequeña de lo que estoy haciendo”, dice, mientras muestra una flor gris, con todos sus matices, que está a medio terminar sobre su mesa.

“Cuando me pongo a trabajar, hago una paleta alrededor con todos los colores que pudiera necesitar y me pongo a mezclar; y pego pedacito por pedacito”, dice para explicar por qué demora tanto en cada cuadro que realiza, más aún si se considera que trabaja grandes formatos. Es una labor meticulosa y paciente. “Esta es mi oficina. Aquí vengo todos los días a trabajar y me encanta”, dice.

Jacinta, que realiza sus obras principalmente con plasticina, cuenta que llegó a este material de una manera un poco infantil. Fue mientras estudiaba Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Católica, cuando en un trabajo para el ramo de taller, decidió usarla. Poco a poco fue descubriendo nuevos usos, hasta hoy, que es una verdadera experta.

“De pasar de trabajar con cuatro colores, hoy hago más de seiscientos, porque la plasticina termina siendo un pigmento volumétrico que puedo ir mezclando igual que la pintura, pero no tengo intermediarios. No tengo pincel. A mí eso me acomoda mucho más. Mi manera de trabajar es directa”

¿Qué expresión te dio esta materialidad que te quedaste con ella?
La plasticina me da muchas posibilidades de trabajo que las sigo descubriendo hasta ahora, diez años después. La plasticidad que tiene; la puedo expandir, la puedo derretir. Derretida, funciona como el chocolate. Además uso pintura, pero también hago instalaciones y trabajo con objetos.

CONTRADICCIONES FEMENINAS

En este taller en Santiago y en la ciudad de Berlín, donde estuvo viviendo un año, creó la exposición Herencia contradictoria que se presentó recientemente en la Sala Gasco Arte Contemporáneo.

La muestra habla de la memoria y del rol de la mujer. Por una parte, quiso recuperar el recuerdo de la casa de su abuelo, es decir, de su propia infancia. De ahí la presencia de tantos objetos antiguos en la exposición que buscan hacer un rescate de la memoria en tono autobiográfico. Por otro lado, quiso recomponer símbolos que encarnan estereotipos de género modelados por lo que significa ser mujer hoy en Chile. “Me interesó indagar en los contrasentidos que hay dentro del rol de la mujer en la actualidad”, explica.

¿Cuáles son esas contradicciones?
En esta serie aparece la mujer que tiene que ser hogareña, femenina, casta y devota. Tiene que ver con la herencia europea, la cultura, los estereotipos y la religión que nos legó esa tradición. Es el contraste entre la imagen de todas estas mujeres en situaciones súper domésticas y pasivas, versus todo lo que está pasando ahora.

¿Quedaste conforme?
Siempre quedan dudas de los trabajos que quedaron afuera, entonces también me dan ganas de hacer otras muestras con eso. Tengo todavía mucho material.

EL FUTURO

Pero si el último tiempo estuvo marcado por su estadía en Berlín, donde realizó la exposición Expanded junto a otras once artistas chilenas, y por su intenso trabajo creativo que devino en Herencia contradictoria, el 2019 se vislumbra para esta artista como un nuevo período lleno de actividades.

Está trabajando en su nueva exposición, pensada para dos años más, cuya temática prefiere no contar todavía mientras afina su contenido. Además, sigue con los workshops de plasticina naturista que ha realizado en Casas de lo Matta, en Vitacura, pero que ahora desarrollará en su propio taller.

“La idea es enseñar a los participantes a hacer paleta de color y armar una imagen que puede ser lo que ellos quieran. Normalmente vegetación o fauna. La idea es aprender algo nuevo que en la casa lo puedan repetir, porque yo no les enseño mi técnica, sino a usar los colores”, explica.

Además está participando en la campaña “Usa tu poder” de Fundaxion y Santiago +B que congrega a diecisiete artistas en torno a frases que eligieron más de mil personas en todo Chile, para generar conciencia sobre diversos temas.

Los trabajos plásticos serán exhibidos en paletas publicitarias, paraderos de micro, tarjeta BIP y otras plataformas de uso público, lo que la entusiasma. Quiere volver a conectar su arte con la ciudad, como acaba de ocurrir con su exposición en la Sala Gasco que, emplazada en pleno centro de Santiago, recibió a más de cuatro mil personas.

“De pasar de trabajar con cuatro colores, hoy hago más de seiscientos, porque la plasticina termina siendo un pigmento volumétrico que yo no puedo ir mezclando igual que la pintura, pero no tengo intermediarios. No tengo pincel. A mí eso me acomoda mucho más. Mi manera de trabajar es directa”.

“La plasticina me da muchas posibilidades de trabajo que las sigo descubriendo hasta ahora, diez años después. La plasticidad que tiene; la puedo expandir, la puedo derretir. Derretida, funciona como el chocolate. Además uso pintura, pero también hago instalaciones y trabajo con objetos”.