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Texto: Ana Henríquez Orrego (Investigadora Archivo Histórico Patrimonial)
Es sabido que de las derrotas nadie se hace cargo y que si es posible encontrar factores externos, se recurrirá a ellos para explicar las tragedias. En los triunfos ocurre lo contrario, pues todos reclaman su “merecida” porción de honores y glorias. Lo vemos reflejado en nuestro país en la última etapa de la Guerra del Pacífico, producto de las rencillas suscitadas entre civiles y militares, situación que se cristalizó en las figuras de don José Francisco Vergara y don Manuel Baquedano.
Una de las acciones en que más destacó José Francisco Vergara, a nivel nacional, fue su participación en la Guerra del Pacífico. Si bien, en el ámbito local le recordamos por su visionaria misión fundadora de Viña del Mar, conmemorando este acto con la estatua que se yergue en medio de la plaza de nuestra ciudad. Pero, durante su vida, una de las razones por las que su nombre resonó ampliamente, se debió a las controversias surgidas en el seno de la elite política y militar producidas por los análisis expuestos por José Francisco Vergara en sus “Memorias de la Guerra”.
Contrincantes y adherentes se dieron la tarea de exponer apreciaciones sobre las palabras proferidas por Vergara ante el Congreso en 1881, conservadas en los anales del Ministerio de Guerra como memorias de quien desempeñara el cargo de Ministro de Guerra en Campaña entre el 15 de julio de 1880 y 18 de septiembre de 1881.
El documento que causó el debate tenía por objetivo declarado, dar a conocer las vicisitudes acaecidas durante el período en que Vergara dirigió las tropas desde su puesto de Ministro y, por sobre todo, dar a conocer detalles respecto de las decisiones tomadas para emprender la arremetida sobre Lima y poner fin al conflicto. Por supuesto, Vergara destaca sus propias labores para convencer al gobierno de tomar tal decisión. Pone de relieve y da varios ejemplos de inoperancia e ineptitud militar, desperfilando en varias oportunidades la figura del General Baquedano y otros militares.
Uno de los documentos en que más se evidenció el malestar y el deseo de resarcir las ofensas, fue la publicación de Máximo Lira “Para la historia: observaciones a la memoria del ex-ministro de la guerra, don José Francisco Vergara: escritas por encargo y publicadas con autorización del general don Manuel Baquedano” (1882). Aquí se afirma que más que una memoria ministerial, el texto de Vergara parecía una autobiografía, o peor aún, una apoteosis, “hay allí la base de un nuevo culto. Y como todas las religiones, especialmente las nuevas, necesitan para cimentarse, milagros y sacrificios, la memoria nos cuenta los prodigios realizados por el Ministro que asistió a la campaña de Lima, e inmola sin misericordia el decoro, los servicios y hasta el honor de los jefes superiores del Ejército de Chile”. El texto del señor Lira propone ir desmintiendo paso a paso cada palabra de Vergara y sobre todo aquellas en que los jefes militares hubiesen sido agraviados.
Ahora bien, la controversia no pudo acabar allí y, enseguida, defensores de Vergara y también de los demás civiles que participaron en el conflicto, se propusieron rebatir los ataques expuestos por Máximo Lira y defender la veracidad de las palabras del ex Ministro de Guerra. Es así como Isidoro Errázuriz asumió la tarea de la defensa, llegando a expresar en su publicación “Hombres y cosas durante la guerra” que “el ministro de Guerra cedió la mano con el Congreso en 1880 para hacer inclinar la balanza en sentido de la marcha a Lima. El ministro que dirigió el llamamiento del país en masa a las armas, que trabajó en Arica y acompañó al ejército hasta la capital peruana, habría fácilmente encontrado en los archivos ministeriales materiales a propósito, para una apoteosis y la construcción de un monumento de vanidad personal que contiene su pálida Memoria”.
En la publicación de Isidoro Errázuriz también se recogen las palabras que Vergara expresó en reflexión de las acres críticas recibidas por parte de los militares, poniendo énfasis principalmente en que la mayor molestia manifestada por los círculos castrenses era el haber soslayado la relevancia que, según ellos, habría desempeñado el General Baquedano. “Dicen que he defraudado los méritos del General Baquedano porque digo que el glorioso éxito de la guerra no se debe a un sólo hombre, ni al aislado esfuerzo de unos pocos, sino que se debe al pueblo chileno, que ha creado un invencible ejército para concluir con sus enemigos y dado cuanto se necesitaba, para hacer una guerra vigorosa, tenaz y triunfante”. Con estas líneas no tenemos más propósito que extender una invitación a conocer los interesantes debates y disputas desarrolladas en Chile en periodos en que el triunfo de la Guerra del Pacífico se hacía evidente.
 ministro jose francisco vergara en campaña
 josé francisco vergara 1881
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