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Texto: Ana Henríquez Orrego (Investigadora Archivo Histórico Patrimonial) Digitalización de imágenes: Javiera Vargas Mejías (Diseñadora Archivo Histórico Patrimonial)
En el presente artículo, nos referiremos al modo en que el elemento teológico aparece retratado en las epístolas que José Francisco Vergara envió a su hijo Salvador, entre 1876 y 1882, las cuales ascienden a 98 ejemplares. En concordancia con sus concepciones, la idea de Dios se relaciona con un ser supremo, todopoderoso y gran arquitecto de la realidad. En las cartas resguardadas por el Archivo Histórico Patrimonial de Viña del Mar, la palabra Dios se menciona 68 veces, la mayor parte de ellas encomienda el devenir de su hijo a este ser supremo: “Dios ha de darte el buen ánimo que necesitabas para portarte bien y ser un hombre que honre a sus padres y a su país”,(1)“pidiendo a Dios con todo mi corazón para que te proteja y seas virtuoso, honorable e instruido como tan ardientemente lo desea tu amante padre”.(2)
En las líneas expuestas se reflejan los deseos de un padre preocupado por el devenir de su hijo. Las exhortaciones aparecen cuando el propio hijo propone o comenta temáticas de índole religiosa. Ante ello, Vergara señala: “La cuestión es muy ardua para un padre, pero como estoy obligado a decirte la verdad, tal como yo la creo, y hablarte con toda franqueza, no encuentro otro medio de contestar tu pregunta que decirte cuál es mi modo de pensar respecto a religión… Creo deliberada y tiernamente en la existencia de un ser superior que ha dado las leyes a la Naturaleza y que en nuestra limitación de lenguaje y de inteligencia no encuentro otra expresión que traduzca mejor mi creencia que decir que Dios es el Alma del Universo. No por eso pienses que acepto los atributos que casi todas las religiones dan a este ser supremo, porque ellas no son sino la perfección o la elevación a una potencia infinita de la cualidades del hombre. No me empeño tampoco en buscar ni la esencia de este Ser ni su forma, porque estos son absurdos que solo la extrema ignorancia de los hombres puede darles nacimiento. Para mi conciencia es bastante la convicción de que existe y que por consiguiente a Él deben pertenecerle todo lo que somos, ideas y sentimientos. Ese sentimiento no puede ser hijo del extravío de los sentidos, y como nace con la criatura, es entonces una ley natural y por consiguiente, es porque Dios existe y ha dado para el hombre la ley moral que es tan inmutable y eterna como la otra. Pues bien, según esta ley moral las acciones de los hombres son buenas o malas según se aparta o conforme con ellas; si las observamos somos dichosos, si las violamos somos infelices, por más que las apariencias nos engañen a veces… En resumen, mi opinión es que el hombre debe ser profundamente religioso: porque debe cultivar este sentimiento con cariño y respeto y que debe tratar siempre de encaminar sus actos teniendo presente las leyes morales de que hablaremos después. Lo que puedo decirte como mi última palabra es que la verdadera religión consiste para mí en ser bueno, siempre bueno y siempre bueno”.(3)
En el ámbito teológico destaca también la idea de respeto hacia las manifestaciones religiosas y sus palabras rayan el límite del enojo cuando afirma “no le es lícito a ninguna persona y por consiguiente mucho menos a un niño hablar con ligereza e irrespetuosamente de la religión y de sus ministros. Con el derecho que tengo, de padre te prohíbo terminantemente que hables con desdén de estas cosas”.(4) Otro elemento, también predominante en estos documentos, es el énfasis en la idea referida a la libertad de pensamiento, que incluye entre sus primeras manifestaciones la libertad de expresar libremente el credo religioso; en efecto, en una de sus cartas señala que la libertad de pensamiento es la base y la madre de todas las libertades.(5)
Como se aprecia, el interés de Vergara es orientar la formación de su hijo, cuyo principio fundamental en el ámbito religioso se relaciona con el respeto a la diversidad de pensamiento y expresión, entendiendo ambos como producto de la reflexión y la instrucción.
Tales argumentos, Vergara también los manifiesta en el ámbito de su desempeño público, sosteniendo la defensa de libertad de culto y las diversas expresiones religiosas en varios de los discursos parlamentarios proferidos entre 1883 y 1885.
 Salvador Vergara Álvarez, Fondo Vergara-Álvarez del Archivo Histórico Patrimonial.
 José Francisco Vergara, Manuel Antonio Caro, Museo Bellas Artes, Palacio Vergara.
1.Carta de J.F. Vergara a su hijo Salvador. Viña del Mar, 31 de marzo 1877 2.Carta de J.F. Vergara a su hijo Salvador. Viña del Mar, 30 de octubre de 1877 3.Carta de J.F. Vergara a su hijo Salvador. Viña del Mar, a 08 de octubre de 1878 4.Carta de J.F. Vergara a su hijo Salvador. Viña del Mar, a 18 de junio de 1878 5.Carta de J.F. Vergara a su hijo Salvador. Viña del Mar , a 25 de agosto de 1880
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